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Desigualdad, rendimiento escolar y movilidad social

La desigualdad social y económica afecta de diferentes modos la manera como vivimos y valoramos la educación.

Febrero 19, 2017

Autor: Jaime Parra

América Latina, así como nuestro país, ha venido creciendo económica- mente de manera sostenida en los últimos años, sin embargo, este crecimiento no ha alcanzado a toda la población de igual manera. La nuestra, es la región más desigual del mundo. Honduras, Bolivia, Colombia, Brasil y Chile, son los países donde ésta brecha es más profunda. Según información del BID (datos 2012), en Colombia el coeficiente GINI1[1] es aproximadamente de 0.535, mientras que en Finlandia era de 0.287 (datos 2010).

Los índices internacionales de rendimiento educativo tales como los que miden las pruebas PISA señalan que el rendimiento educativo se relaciona con la rentabilidad promedio de un país, pero también se asocia estrechamente con  la desigualdad de la renta. Los países más desiguales en el ingreso tienen peores resultados educativos. Finlandia y Bélgica, países más igualitarios, tienen mejores resultados que el Reino Unido y Estados Unidos, países considerados ricos pero con alta desigualdad. Algunas investigaciones como las de Siddiqi (citado por Wilkinson y Pickett, 2009) encuentran asociaciones interesantes entre altos niveles de competencia lectora y niveles bajos de desigualdad en el ingreso.

La desigualdad social y económica afecta de diferentes modos la manera como vivimos y valoramos la educación. Los procesos de aprendizaje pueden verse profundamente afectados por cómo sentimos, cómo nos ven y juzgan  los demás. Cuando nos sentimos inferiores socialmente nuestras capacidades parecen disminuir. Los estereotipos que recaen sobre los estudiantes pobres generalmente hacen que se dispare una especie de profecía del fracaso. De la misma manera las presiones sociales por los altos rendimientos en las evaluaciones generan ansiedad, miedo al error e intolerancia a la dificultad, que pueden ocasionar deserciones educativas prematuras.

Otra manera en que la desigualdad social y económica afecta el rendimiento escolar es el impacto que causan las normas de conducta y los valores en las aspiraciones de las personas pobres (Wilkinson y Pickett, 2009). Muchas veces para las personas de escasos recursos económicos las posibilidades de obtener grados y credenciales educativas están relacionadas con sus esperanzas de éxito financiero y ascenso social más que con expectativas de desarrollo vocacional e intelectual. En los países más igualitarios hay menos estigmatización hacía las labores que no exigen altas cualificaciones educativas, mientras que en los países con alta desigualdad la elección de la profesión está ligada al estatus social y al éxito personal.

En Colombia, en 2010, el 42% de las mujeres que contaban con educación primaria habían sido víctimas de algún tipo de violencia; el 38,1% de aquellas que habían accedido a la educación secundaria también habían sido maltratadas física o psicológicamente, y el 30% de las que accedieron a la educación superior. Pareciera que hay algún tipo de relación entre los niveles de escolaridad y las maneras cómo se evita el maltrato. La educación no sólo contribuye al mejoramiento de los logros académicos de los niños y jóvenes sino también a romper ciertos patrones de desigualdad social y cultural. Sin embargo, los modos de educar también podrían reproducir patrones de desigualdad social: los resultados de las pruebas PISA sugieren que hay diferencias de oportunidades de aprendizaje en matemáticas para niños y niñas de zonas rurales y urbanas. Ser niña en una zona rural y pertenecer a una familia de bajos ingresos significa que sus resultados en las pruebas de matemáticas serán mucho menores que los de un niño de un colegio privado de élite en la ciudad de Bogotá (Parra, 2014).

En Colombia, la desigualdad social y económica está fuertemente asocia-  da con la inequidad educativa (diferencia de calidad educativa según estatus económico). Se encuentra una alta asociación entre los resultados de las pruebas Saber 11 y el nivel de ingreso familiar del estudiante. A los estudiantes de familias pobres les va peor que a los estudiantes de familias ricas. Pareciera que los resultados de las pruebas Saber 11 reflejan las jerarquías socio económicas en Colombia. En 2002 un estudiante con un ingreso familiar de 1 smlv (salario mínimo legal vigente) tuvo un promedio de 44 puntos, mientras que un estudiante con un ingreso familiar mayor a 10 smlvs tuvo 52 puntos; una diferencia de 8 puntos. En 2011, un estudiante con un ingreso familiar de 1 smlv tuvo un promedio de 43 puntos, mientras que un estudiante con un ingreso familiar mayor a 10 smlvs tuvo 60 puntos; una diferencia de 17 puntos. No sólo los resultados se asocian con el ingreso familiar, sino que en los últimos años las diferencias de desempeños en las pruebas entre estudiantes de menor y mayor ingreso familiar han aumentado (García, Espinoza, otros, 2013). Si se incluyen en el análisis otras variables socio económicas se encuentra que los datos se siguen comportando de manera parecida: los puntajes en las pruebas se asocian con el valor de la matricula que paga un niño en el colegio, el nivel de escolaridad de los padres, la zona de residencia rural o urbana, el ser mujer u hombre y los tipos de municipios. El sistema educativo en Colombia se muestra altamente inequitativo al existir asociaciones fuertes entre variables sociales, culturales y económicas con los desempeños estudiantiles. A los hombres, de zonas urbanas, que estudian en colegios de elite les va mucho mejor en la vida escolar que a las mujeres pobres de  zonas rurales, se contribuye a esa desigualdad.

La igualdad de oportunidades educativas para niños y jóvenes de diferentes condiciones económicas posibilita la movilidad social: cualquier individuo tiene la posibilidad de conseguir una posición social mejor para sí mismo y para su familia dependiendo de sus méritos personales. Esto significa que independientemente de la situación económica o nivel educativo de los padres es posible que con una excelente educación se puedan conseguir ascensos en el nivel social. La educación en las sociedades democráticas se considera el motor fundamental de la movilidad social, por ello la necesidad de aumentar constantemente el gasto público en educación: las personas ganan más por su actividad productiva y tienen un estatus social más alto cuando mayor es su nivel educativo y su formación permanente.

La relación entre desigualdad social y oportunidades educativas se puede considerar desde dos perspectivas: una centrada en las condiciones de desarrollo de los niños y los jóvenes, por ejemplo, se enfatiza en la alta calidad de la educación infantil y en la garantía de los derechos de los niños, independientemente del status socioeconómico de los padres y de las características particulares de las personas; y otra centrada en los resultados académicos de los individuos, por ejemplo, se promueven los beneficios para aquellos estudiantes que han obtenidos altos logros educativos. En el primer caso, la preocupación se centra en la calidad del proceso educativo (condiciones iniciales, desarrollo y permanencia de todos los niños en el sistema escolar), en el segundo caso en el apoyo a los individuos dependiendo de sus logros (becas, incentivos, etc.). La primera situación, centrada en el desarrollo, es incluyente y valora la calidad de los procesos educativos a lo largo de la vida una mirada a largo plazo-; en la segunda situación, centrada en los resulta- dos, puede ocasionar que el sistema educativo se organice para mejorar los desempeños de los niños y jóvenes en las pruebas - una mirada a corto plazo – lo que no contribuye mayormente a la democratización de las oportunidades educativas, y privilegia las cualidades intelectuales individuales más que los logros colectivos.

El sistema educativo en Colombia es altamente inequitativo en oportunidades, se centra mayormente en los resultados y no en las condiciones de desarrollo, además, contribuye poco a la disminución de la desigualdad social. Una familia pobre que quiere que su hija “salga adelante” luchará económicamente para que ingrese a un colegio privado con buenos resultados en las pruebas Saber 11, no depositaría sus esperanzas en el colegio público de la vereda.

 

[1] La medición de desigualdad se hace usando el coeficiente Gini de ingresos que va de 0 a 1. En tanto el indicador se acerca más a 1, la desigualdad es mayor. 

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