Creado el: Dom, 24/05/2015 - 12:00 por Palabra Maestra

Maestros del color, la forma, el arte y la amistad

Color y vida a una rebeldía que gracias a su maestro Antonio Roda floreció en talento e inspiración.

Mi infancia fue una historia de problemas con los maestros, lo que me convirtió en una trashumante de colegios y engendró  una rebeldía que más tarde me serviría para abordar la  academia y el arte  con una mirada diferente.  A esos maestros les agradezco mi fuerza  inicial. Sin embargo, con los profesores de la época universitaria me sentí  como en mi propia casa, y encontré personas especiales que me entendieron e impulsaron  mi carrera.

Tuve la oportunidad de estudiar en Inglaterra  y en Francia, donde  descubrí  una forma diferente  de relación entre profesor y alumno. Ellos me enseñaron el respeto por la persona  y la profesión.  Ellos no se imponían, eran guías suspicaces que iban abriendo caminos para seguir libremente adelante.

Pero fue al llegar a la Universidad de los Andes donde finalmente encontré a los verdaderos maestros en un espacio lleno de experimentación y encuentro.

Luis Caballero fue quien me inició en el arte, cuando pintaba con mi hermano Juan Manuel. Yo era su asistente, limpiando pinceles y escogiendo colores. Más tarde, él me impulsó a estudiar bellas artes.

Recuerdo también de modo especial a Carlos Rojas, quien me  enseñó con su sarcasmo la sutileza  de la forma. A Antonio Roda, mi mejor  maestro del color y de la vida.  Y, finalmente, a Umberto Giangrandi, maestro del grabado, maestro de la amistad, mi gran amigo.

Gracias, maestros.  Lo que soy se lo debo a todos ustedes, y gracias por mirar más allá y descubrir en un alma rebelde el camino de las realizaciones.   

María De La Paz Jaramillo

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