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La comunicación: una apuesta por la construcción de una escuela reflexiva capaz de criticarse a sí misma

Octubre 14, 2019

 

“Soy vergüenza, soy orgullo, soy oscuridad y soy alegría, soy divertido y estúpido, soy mente y soy alma, soy silencio y paz, soy ausencia de ser, soy ruido y desorden, soy botas, barba, cejas, colmillos, soy un condenado y soy juez y jurado, soy un verdugo y soy víctima, soy claro y soy mezquino, soy amigo y molestia, soy ansioso y celoso, soy caricias y besos, soy patadas y puños. soyyo.Sólo son letras juntas al azar, esas no soy yo, pero a la vez, son tan mías”.

Juan Herrera1 

Me he preguntado muchas veces si la escuela está en capacidad de hablar con seguridad sobre quiénes son sus estudiantes, niños y niñas, jóvenes y muchachas a quienes “acoge” día a día en la experiencia pedagógica. La televisión, el internet y sobre todo las redes virtuales han hecho que la brecha generacional que caracteriza a la educación se esté ampliando aceleradamente, ganando espacios en la construcción de sentido de la infancia y la juventud que han sembrado un abandono de los discursos académicos, a tal punto que la escuela ya empieza a cuestionarse acerca de la aplicación real y práctica de los contenidos. De ahí que hoy escuchemos palabras como innovación pedagógica, renovación epistemológica y resignificación del rol del docente.

 

Como profesora de ciencias sociales he intentado enfocar mi quehacer en la transformación de las relaciones verticales con quienes comparto mi vida; esa tarea de reflexionar sobre las pequeñas cosas que influyen en la cultura a fin de fortalecer, desde el aula, los lazos comunicantes entre la tradición académica, la intencionalidad del maestro y el mundo de los estudiantes. Hoy más que nunca la escuela necesita competir con aquello que lleva la mirada de los estudiantes hacia otros horizontes, que en muchas ocasiones, acaban con la reflexividad que otorga el conocimiento “científico” y generan prácticas que escandalizan a más de medio magisterio. 

Esas prácticas vandálicas que desestructuran la linealidad de los discursos convirtiendo a los jóvenes en esos nuevos bárbaros de los que habla el maestro Barrico en su ensayo sobre la mutación, que desde el grafiti, la música, los mensajes escritos en las paredes, los periódicos locales de aficionados (fanzines), el video, canales privados, el Facebook, las modificaciones corporales, sexualidades disidentes, etcétera, surgen sin ayuda o guía de un autoproclamado maestro/adulto y espontáneamente le dan otros sentidos a la vida de los jóvenes, desvirtuando el moralismo que se ha venido encarnando en la escuela, yendo en búsqueda de otras alternativas al modelo prediseñado e impuesto por la institucionalidad, que a toda costa intenta uniformar prácticas y se centra en el discurso de la conducta, banalizando todo lenguaje o expresión libre hacia la satanización de la creatividad y el maniqueísmo destructor que señala lo bueno antes de comprender las justificaciones del ser. Al final lo que tenemos son dos generaciones contrapuestas tratando de hacer cotidianidades llenas de resistencia al cambio, minando así las posibilidades de generar procesos de comunicación horizontales, a tal punto que la juventud ya prefiere asentir con la cabeza a modo de estrategia de alejamiento.

Si algo me han dejado las lecturas de sociología y antropología acerca del concepto de juventud, es que hoy ya podemos estar conscientes de que este no es más que otra de las categorías que ha usado la sociedad de consumo para ordenar y generar roles en torno al control del comportamiento para mantener su poder, gobernando, con más potencia, los deseos de las personas.

Como nunca, hoy la sociedad está hiperorganizada etariamente a fin de ir modelando estándares de comportamiento y consumo. Una especialización tan extrema del comportamiento, que los grupos se educan entre ellos mismos. Miremos pues cómo en cada grado los estudiantes poco o nada se relacionan con personas de otras edades. Comparten entre sí gustos, saberes y cuestionamientos, y en muchas ocasiones son ellos mismos los que se aconsejan en temas como las relaciones sexuales y el uso de psicoactivos. No hay actividades o lugares de encuentro intergeneracionales para ir componiendo dicha hiperseparación, lo que ahonda los mitos urbanos y deja de lado la opinión de los expertos.

1 Joven escritor asociado a la Revista Juvenil Otro Visaje 2014-2015.

(…)

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Obra publicada por la Universidad Pedagógica Nacional bajo licencia Creative Commons.

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