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Aulas hospitalarias, apoyo académico para estudiantes hospitalizados

Estas aulas hacen parte de las modalidades de apoyo académico especial dirigidas a menores de 18 años que están en condición de enfermedad y no pueden asistir a su aula regular.

Diciembre 3, 2018

Los problemas de salud que presentó Sara Sofía Navarrete, de 10 años de edad, impidieron que continuara sus estudios en el colegio, como lo había hecho hasta finalizar cuarto de primaria. Su difícil situación hizo que estuviera hospitalizada por cerca de ocho meses; sin embargo, esto no fue impedimento para que el pasado 16 de noviembre participara en su grado y recibiera el diploma de primaria. 

Gracias  a las aulas hospitalarias, modalidad de apoyo académico para menores de edad en condición de enfermedad, durante su larga estancia en el Hospital de la Misericordia HOMI, en Bogotá, y en algunos momentos en su casa, la niña pudo cursar quinto grado.

Esta alternativa la buscó su mamá, Jenny Pico, cuando Sara Sofía le dijo que quería estudiar. El licenciado en Educación Básica con Énfasis en Matemáticas y docente de aulas hospitalarias, Camilo Salgado, fue quien acompañó a la pequeña en el proceso.

“Estar en un hospital es muy difícil y el hecho de estar estudiando la ayudó a cambiar el pensamiento. Sara Sofía estaba aislada y solo me veía a mí, entonces compartir con el profesor le hacía bien. Que la mente la tuviera ocupada fue otra ayuda porque olvidaba la situación en la que está, y como a ella le gusta tanto el estudio fue de mucha ayuda. El profesor le tuvo mucha paciencia”, dice la mamá.

La modalidad de aula hospitalaria, junto con la atención domiciliaria, la atención en instituciones de apoyo y la atención en el establecimiento educativo, está contemplada en el documento presentado por el Ministerio de Educación Nacional ‘Orientaciones para la implementación del apoyo académico especial y apoyo emocional a niñas, niños y jóvenes en condición de enfermedad’.

Estas orientaciones guían a las secretarías de Educación para construir estrategias de atención que permitan garantizar a los estudiantes en condición de enfermedad el apoyo académico especial y el apoyo emocional, a través de los establecimientos educativos  de su jurisdicción.

El profesor Salgado trabaja con las aulas hospitalarias desde 2014. Primero estuvo en la Clínica Infantil Colsubsidio, después en el Hospital de la Misericordia HOMI y actualmente está en la Clínica del Country, todas en la capital del país. Mientras ha trabajado en las aulas hospitalarias ha corroborado que está es su vocación.

“Hemos evidenciado que durante el proceso pedagógico bajan los niveles de ansiedad. Lo dicen los profesionales de salud que nos acompañan y lo evidenciamos. Ocupan su tiempo libre hospitalario, cuando no están en intervención quirúrgica, en alguna terapia o tratamiento específico, para desarrollar sus actividades académicas y eso contribuye a que se sientan como un estudiante y no como un paciente, que puede socializar, que está con el papá, la mamá o el cuidador. Hay una parte socioemocional que permite hacer vínculos cercanos entre papá, mamá o cuidador, docente y profesionales de la salud. Eso es un factor importante”, dice el docente.

 

Con música todo es mejor

En Medellín, el licenciado en Educación Especial y magister en Musicoterapia, Leandro Ceballos, implementa ‘Musicoterapia y desarrollo integral en niños’ en la Clínica Las Américas, una propuesta que hace parte de las aulas hospitalarias.

Surgió como una idea para sus tesis de grado de la maestría. Se interesó por este tema en busca del cumplimiento del derecho a la educación, que en algunos casos se niega cuando algún menor de edad se enferma y debe pasar largas estancias en un hospital.

Con su tesis logró identificar que la musicoterapia es una propuesta especial que garantiza el desarrollo integral de los niños, mientras están en su tratamiento.  

La propuesta arrancó en Bogotá en el Hospital de la Misericordia. Allí se hizo como propuesta piloto y se convirtió en un centro de práctica. Luego se realizó en la Clínica Las Américas, en Medellín, como propuesta estable.

Esta experiencia de aula hospitalaria, así como la del profesor Salgado, fue seleccionada por el Ministerio de Educación Nacional y la Fundación Saldarriaga Concha como experiencias significativas a nivel de educación inclusiva.

“En este momento, después de que el Ministerio de Educación Nacional hizo este reconocimiento a mi trabajo, hay varios hospitales interesados en replicarlo. Lo interesante es que se convierta en una prueba piloto a nivel nacional”, explica el licenciado Ceballos.

El proceso de musicoterapia que se lleva a cabo depende de la condición de salud que tiene cada menor de edad en el momento de hacerlo. Si, por ejemplo, el niño tiene dolor de cabeza y no se puede mover, entonces ese día no se puede tocar instrumentos, pero se puede acudir a un método receptivo que permite que el niño esté quieto escuchando música grabada o interpretada en la habitación.

Para que el proceso sea el indicado, previamente se conoce el proceso musical del niño, sus gustos, se identifican los protocolos de higiene y se enfoca de acuerdo con el objetivo terapéutico específico. “Se utiliza la música como medio para garantizar que el chico se desarrolle integralmente”, afirma Ceballos.

“Sin música este lugar hubiera sido muy aburrido”, dijo un niño hospitalizado al profesor. “Decía que cuando llegaba la musicoterapia todo ese silencio se convertía en sonido, que se podía comunicar, podía interactuar, expresar emociones y por un momento se olvidaba que estaba hospitalizado. Logramos movilizar en él emociones y comunicación. Le podía decía a la mamá qué le dolía, pero que iba a salir bien, que estuviera tranquila, que iba a estar mejor”, recuerda el licenciado.

Otros niños hacen interacción, intercambian ideas musicales y puntos de vista. En algunos casos cuando los canalizan o les ponen una inyección con música no se dan cuenta. A veces llegan las enfermeras, los oncólogos y los pediatras cantando también.

“Mejoró el estado de ánimo. La hace expresar alegría y cambiar la monotonía”, dice la mamá de una niña hospitalizada al referirse a la musicoterapia. “Está más alegre y animado”, dice la mamá de un niño.

“Es ver cómo todo el personal se trasforma. El personal médico se humaniza y empieza a ver al niño como un niño, no como un paciente con cáncer. Primero hay que verlo como un niño, como persona, y luego hay que ver que tiene una patología que debe ser tratada.  Entonces también logramos cambiar el servicio y ver que el niño necesita seguir sonriendo, cantar, jugar, conversar con otros, no solo recibir el tratamiento para darle de alta”, concluye Ceballos.

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