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¿Cómo desarrollar sentido de pertenencia en la escuela?

Además de recibir una buena calidad educativa, los alumnos necesitan sentirse parte de sus escuelas.

Febrero 28, 2020

Las escuelas no son solamente espacios de aprendizaje y adquisición de conocimientos. Al hacer parte del día a día de niños, niñas y jóvenes, constituyen un elemento fundamental de su vida y su desarrollo. En el colegio se gestan relaciones interpersonales, se desarrollan emociones y se crean memorias cada día.

Sin embargo, si los estudiantes no se sienten identificados, integrados e interesados por su institución educativa, se vería afectado no solamente el ambiente escolar, sino también su desarrollo personal y la concepción que poseen sobre esta etapa de su vida.

El sentido de pertenencia es un factor clave para garantizar un buen ambiente escolar y para cumplir metas y objetivos del desarrollo institucional. Cuando se logra un buen nivel de sentido de pertenencia, los alumnos se sienten en confianza para compartir sus ideas, mejoran y evalúan su comportamiento, trabajan en equipo para garantizar el bien común y contribuyen al cuidado de las instalaciones y a la buena convivencia.

Según los resultados de un cuestionario realizado durante las pruebas PISA de 2015, América Latina tiene un índice de promedio de -0,19 en sentido de pertenencia escolar. Dentro de los países latinoamericanos, Colombia tiene el resultado más bajo, seguido de México y Costa Rica (INEE, 2019).

Este resultado se obtuvo a través de un cuestionario que indagó en los estudiantes sobre cómo se sentían en sus escuelas, si tenían facilidad para hacer amigos y si se sentían que eran tenidos en cuenta por sus instituciones educativas (Eligeeducar, 2017). Ante estas interrogantes, en el caso colombiano, la mayoría de respuestas fueron negativas. Nos encontramos, entonces, ante un llamado de emergencia para mejorar el sentido de pertenencia escolar en Colombia.

¿Qué causa la falta de sentido de pertenencia?

Según el estudio titulado ‘Factores que Impactan en el Sentido de Pertenencia en la Escuela’, las principales causas de la poca identificación con la institución educativa se deben principalmente a las relaciones sociales e interpersonales.

Por un lado, los niños aislados o con pocos amigos tienen menos probabilidades de desarrollar un alto sentido de pertenencia con sus escuelas. Lo mismo ocurre con los niños que tienen conflictos con los maestros y que se sienten rechazados y poco valorados por ellos. Si los niños no sienten cercanía con sus docentes, probablemente no sientan cercanía con la institución. La prohibición, la exigencia injustificada y las dificultades académicas también pueden aislar a los niños de sus colegios. Otros elementos menos comunes pero también relevantes tienen que ver con los espacios y comodidad que estos brindan.

¿Cómo desarrollar el sentido de pertenencia?

El éxito de una buena estrategia de sentido de pertenencia radica en la sensación de acogida y valoración por parte de los estudiantes. Para lograr esto, según la educadora Cristina Barahona, se necesita que la comunicación entre maestros y estudiantes sea asertiva, individualizada y efectiva. Los estudiantes necesitan sentir que son escuchados y que sus sugerencias son tenidas en cuenta.

Por tanto, acciones tan simples como aprenderse los nombres de cada uno de los niños son vitales para este proceso. Según el blog Abc-The Shared Learning, “conocer y utilizar los nombres de nuestros estudiantes ayuda a establecer una mejor comunicación y un ambiente menos formal en la clase. Los estudiantes se sienten inmediatamente como si pertenecieran a la clase, y muestra nuestro interés en ellos como individuos así como también comenzamos la construcción de relaciones entre el grupo”.

Esta estrategia también está estrechamente ligada con la autoestima de cada estudiante. Si bien un aula de clase es un equipo, es probable que algunos alumnos se sientan menos especiales que otros.

El maestro debe estar en la capacidad de ver los talentos y aptitudes de cada alumno y facilitar los espacios para potenciarlos. De esta manera los jóvenes se sentirán valorados de manera individual y no colectiva, lo que permitirá que cada uno de ellos se sienta visibilizado por sus propias capacidades y no como uno más en el salón de clases.

De igual manera, las actitudes del maestro ante los errores que puedan cometer los estudiantes también afectan sus niveles de autoestima. Según el artículo ‘La Autoestima en la Educación’, el docente debe procurar espacios seguros y confiables en los que las correcciones y evaluaciones puedan constituir una mejora y no solamente una crítica.

Las buenas relaciones entre alumnos constituyen una buena parte del agrado de los niños por ir a estudiar. Pedro Uruñuela afirma que es un error común entre los educadores pensar que el “clima de clase” se construye solo, ya que no todos los niños tienen las mismas habilidades sociales e interpersonales, y por tanto, requieren orientación para desarrollarlas. También, con el fin de facilitar un ambiente armónico, se debe procurar evitar las rivalidades entre alumnos y resolver oportunamente los conflictos a través de vías de diálogo asertivo.

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Por último, también es necesario fomentar la buena conducta y las buenas prácticas de manera positiva. Los castigos excesivos y la repetitiva corrección hacen que el sentido de pertenencia desaparezca. Por esta razón, si se desea que los alumnos respeten las normas escolares, cuiden las instalaciones y la planta física y cumplan con sus deberes, es pertinente instaurar en ellos una conciencia que les permita ver a la institución como un bien y no como una obligación.

 


Imagen pexels.com

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Estudiante de Lenguas Modernas de la Universidad EAN
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Jesús Samuel Orozco Tróchez
Gran Maestro Premio Compartir 2005
Senté las bases firmes para construir una nueva escuela rural donde antes solo había tierra árida y conocimientos perdidos.