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Marzo 13, 2019

¿Hay que recuperar la disciplina y la autoridad en la Escuela?

Una entrevista rebatida desde las competencias, inteligencias múltiples, neuroeducación y las metodologías activas.

En su momento me dejó pasmada una entrevista que salió en El País el año pasado, pero en esas fechas simplemente lo pasé por alto porque lo consideré un argumento más de la “vieja escuela”, lo que no quiere decir que lo antiguo no sea bueno, sino el pensamiento anacrónico. Hoy al volverlo a ver publicado, esta vez por Web del maestro cmf, lo he releído y no he podido evitar que algo se me remueve por las tripas… tantos argumentos y… ¡tan equivocados!

Ese es mi punto de vista, el de una profesora. Con el título “Hay que recuperar la disciplina y la autoridad en la escuela”, la catedrática Inger Enkvist nos aporta un sinfín de argumentos para volver a la educación tradicional.

Albert Einstein escribió:

«Es casi un milagro que los modernos métodos de enseñanza no hayan estrangulado ya la sagrada curiosidad por investigar, pues aparte de estímulo esta delicada plantita necesita sobre todo de libertad… Pienso que incluso un animal de presa sano perdería la voracidad si, a punta de látigo, se le obliga continuamente a comer cuando no tiene hambre». (1949)

Esto me ha removido por dentro, y me gustaría aportar mi punto de vista como profe Millennial que vive en el S.XXI, con todo el respeto del mundo a esta excelente académica. Escribo sobre la entrevista mis notas en azul:

Las nuevas corrientes de innovación educativa reclaman un papel más activo por parte de los alumnos. Acabar con las clases magistrales y crear metodologías que impliquen acción por parte del estudiante. ¿Por qué se opone a ese modelo?

La nueva pedagogía promueve la antiescuela. Los colegios se crearon con el objetivo de que los alumnos aprendieran lo que la sociedad había decidido que era útil. ¿Cuál es el propósito de la escuela si el estudiante decide lo que quiere hacer? (Esto no ha cambiado. La sociedad de hoy ha decidido lo que es útil y lo está llevando al aula, la cual no va a desaparecer, sino que se abre al mundo para aprender de él, que es su objetivo) Estas corrientes quieren enfatizar al máximo la libertad del alumno, cuando éste lo que necesita es una enseñanza sistemática y muy estructurada, sobre todo si tenemos en cuenta los problemas de distracción de los niños (los problemas de distracción de los niños no tienen que ver con la libertad. De hecho, se distraen por aburrimiento en su gran mayoría. En cambio, con libertad para elegir podrán escoger aquello que le motive, y no de cualquier manera sino de forma intrínseca, con lo que logrará focalizarse totalmente). Si no se aprende en Primaria a ser ordenado y a aceptar la autoridad del maestro, es difícil que se haga más tarde. El alumno no siempre va a estar motivado para aprender. Hace falta esfuerzo. (La nueva pedagogía no va en contra de “ser ordenados” o de que los alumnos falten el respeto al profesor. Justo al contrario. Estas bases se mantienen y se evoluciona a partir de ellas. El esfuerzo sigue ahí, no se elimina, de hecho es muy superior a la actitud que tenían los estudiantes en el pasado ya que las metodologías activas requieren de los alumnos el cambio de rol a activo, y eso conlleva más trabajo para ellos y asumir más responsabilidad).

En su libro cuestiona la creencia de que todos los niños quieren aprender y, por lo tanto, es una buena opción dejar que tomen la iniciativa y aprendan solos. ¿Cuáles son sus argumentos en contra?

Esto nunca ha sido así. Es una idea romántica que viene de Rousseau; dar por hecho que el ser humano es inocente, bien intencionado y bueno (esto es solo una cuestión de valores, ¿por qué no va a ser así? no entiendo el argumento). Un niño puede concentrarse en una tarea por iniciativa propia, pero normalmente será en el juego (lo cual es bueno ya que el juego es fuente de aprendizaje. De hecho, hoy día contamos con la metodología activa “gamificación” que facilita el aprendizaje de contenidos a través de actividades lúdicas educativas). Aprender a leer y escribir o matemáticas básicas requiere trabajo y nadie se siente llamado a dedicar un esfuerzo tan grande a asimilar una materia tan complicada (no es complicada, la hacen complicada algunos profesores, y si al niño le resulta complicada porque tiene una inteligencia diferente a la matemática se adapta la metodología para acercar este contenido). Se necesita apoyo, estímulos y algún tipo de recompensa, como la sonrisa de un profesor o la felicitación de los padres (eso siempre, en la antigua pedagogía y en la nueva, no se ha eliminado. Las figuras de apego son algo constante e independiente a las pedagogías).

¿Qué se debería recuperar del antiguo modelo de educación?

Tener claro que el profesor organiza el trabajo del aula. Si los alumnos planifican su propio trabajo se hace muy complicado que obtengan buenos resultados y eso desmotiva al profesor, que no quiere responsabilizarse de algo que no funciona (sí funciona, el alumno está más motivado y el profesor es el guía que logra que las propuestas del alumno tomen forma. Solo se desmotivan aquellos profesores que son resistentes al cambio o que tienen retos internos que superar, como el compartir el poder, el dejar lugar a la incertidumbre en el aula…). Estas metodologías están alejando de las aulas a los profesores más competentes (si por competentes se refiere a enciclopedias andantes sí. No obstante, ese tipo de profesores ya no sirve, existe Internet. Se necesitan profesores competentes no solo a nivel intelectual sino social). Ya no se considera beneficioso que el adulto transmita sus conocimientos a los alumnos y se fomenta que los jóvenes se interesen por las materias siguiendo su propio ritmo. En un ambiente así no es posible enseñar porque no existe la confianza necesaria en la figura del profesor (la confianza no se gana con la autoridad, se gana con el respecto, la convivencia y la admiración. la neurociencia dice que es imprescindible respetar los ritmos de aprendizaje, si no se fomenta la frustración y se producen cicatrices en la autoestima). Vivir en lo inmediato sin exigencias es todo lo contrario a la buena educación (estas metodologías son igual de exigentes o más que las tradicionales).

Usted ha calificado el autoaprendizaje como contraproducente. Pero una vez que finaliza la formación obligatoria y los estudiantes consiguen un trabajo, el mercado laboral cambia rápido y se pueden ver obligados a reciclarse y cambiar de profesión. ¿No cree que es buena idea enseñarles desde pequeños a tomar la iniciativa en el aprendizaje?

Esa es la gran falacia de la nueva pedagogía. Los niños tienen que aprender contenidos, y no el llamado aprender a aprender. Solo con decir a los alumnos que tomen decisiones no van a saber hacerlo. Pongo un ejemplo. El Gobierno sueco ofrece cursos de formación para adultos y su desesperación llega cuando solo se apuntan ciudadanos con un perfil educativo alto. Les interesa y lo encuentran útil y por eso tienen ánimos para empezar. Si uno aprende un contenido, piensa que es capaz y que en el futuro podrá volver a hacerlo. ¿Quién es más adaptable y más flexible al perder un trabajo? El que ya tiene una base de conocimientos, el que cuenta con más recursos interiores y eso lo proporciona la educación. Cuanta más autodisciplina, más posibilidades tienes por delante y menos desesperado te sentirás ante una situación límite. (Me temo que mi argumento es igual al del entrevistador. La competencia de aprender a aprender es lo que asegurará la autonomía de los estudiantes en su futuro incierto y cambiante. Esta autonomía les dotará de habilidades para poder reclamar la formación que necesiten. En Suecia no se ha logrado obtener respuesta de los adultos de un perfil educativo menos elevado porque probablemente en esa educación tradicional no se les potenció esta habilidad de aprender a aprender. Además, la autodisciplina no está ligada a ello, si no a la motivación por alcanzar una determinada meta).

Hay un gran debate en cuanto a la utilidad de los exámenes. Algunos expertos defienden que en la vida adulta no se dan ese tipo de pruebas y que lo importante es haber desarrollado habilidades para adaptarse a diferentes entornos.

Esa es la visión de alguien que no sabe cómo funciona el mundo de los niños. En la vida adulta, todos tenemos fechas tope, momentos de entregar un texto y esto se aprende en la escuela. Con los exámenes el niño aprende a responsabilizarse y entiende que no presentarse a una prueba tiene consecuencias; no lo repetirán para él. Si no cumplimos con nuestras obligaciones en la vida adulta, pronto nos veremos descartados de los ambientes profesionales. Los exámenes ayudan a desarrollar hábitos sistemáticos de trabajo. (Aquí hay un problema muy sencillo. Los exámenes no son lo único con lo que se puede establecer tiempos a los alumnos. La metodología activa de “Trabajo por Proyectos” o ABP requiere de un exhaustivo cronograma para superar las fases, por poner un ejemplo).

¿Por qué cree que el modelo actual de escuela no permite que nadie destaque?

El colegio no es neutro, no todos van a aprender igual. En las aulas se dan unos desequilibrios enormes en un mismo grupo, puede haber hasta seis años de diferencia intelectual entre los alumnos. La escuela debería mantener a los niños con diferentes capacidades juntos hasta los once años y a partir de ahí ofrecer diferentes niveles para las asignaturas más complejas. En algunas escuelas públicas de Alemania se hace. Para los que no lo entiendan pongo un ejemplo. Imagina meter en una misma clase a 30 adultos con niveles socioculturales e intereses totalmente dispares y pretender que aprendan juntos. Eso es lo que estamos pidiendo a nuestros hijos. En menos de una semana habría una rebelión. (El problema aquí está en la ratio, no en el nivel de los alumnos. Muchas investigaciones han demostrado que los niños más mayores ayudan a los más pequeños, desarrollando su Inteligencia Interpersonal e Intrapersonal. Además, esta diferencia de niveles es un simulacro de la vida real, lo cual facilita que los niños se preparen para un mundo heterogéneo que es el que tenemos. Por otro lado, las metodologías activas como el Trabajo Colaborativo facilitan la integración de esa heterogeneidad, aportando un valor añadido al grupo en el aprendizaje).

La escuela mata la creatividad, según el pedagogo británico Ken Robinson.

Lo más sencillo es pensar en un músico de jazz. Parece que está improvisando, jugando. ¿Cómo puede hacerlo? Sabe 500 melodías de memoria y usa trozos de esas piezas de forma elegante. Lo ha repetido tantas veces que parece que lo hace sin esfuerzo. La teoría es necesaria para que surja la creatividad. (Todo en la vida requiere de conocimientos, pero estos no tienen por qué ser adquiridos de forma repetitiva. Ciertas destrezas sí necesitan entrenamiento repetitivo, pero otras no. La memoria no es la única necesidad para ser creativos. Lo importante aquí es no limitar la creatividad y en la educación tradicional no se potenciaba. Se requería que todos hiciesen lo mismo de la misma manera. ¿Dónde cabe ahí el pensamiento creativo?)

Si hablamos de los contenidos que se aprenden en la escuela. ¿Cree que habría que modernizarlos?

Una profesora española me contó que uno de sus alumnos le dijo en clase que para qué le serviría estudiar a Unamuno, que qué aplicación práctica podía tener. Necesitamos conocer la situación de nuestro país, saber de dónde venimos. Con Unamuno se aprende un modelo de reacción, que no tiene porqué adoptarse, pero conocerla te ayuda a elaborar tu propia forma de ver el mundo. (Es fundamental conocer la historia de nuestra humanidad, una cosa no quita la otra. Pero repensar los contenidos para adaptarlos a las necesidades de hoy en día es imprescindible. Hace poco salió una noticia en la que se comentaba que el 80% de lo que se aprende en matemáticas no sirve para la vida normal. Quizá ciertos conocimientos más específicos deberían situarse en niveles como la Educación Superior donde uno requiera una especialización, ya que en ese punto de la vida seguro que es útil)

Y para terminar, dejo aquí una frase que me ha encantado de “Una carta abierta a

“Lo que necesitamos es humanidad. Sin ella –ya nos lo advirtieron– nuestro conocimiento nos hará cínicos y nuestra inteligencia duros y secos.”

 

Lea el contenido original en la página web de la Editorial Magisterio.

Escrito por
Investigadora, docente,... Bella Artista por licenciatura, profe por maestría y tecnóloga por vicio.
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