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La escuela que no mira el afuera, no puede comprender lo que pasa adentro

La escuela tiene que comenzar a repensar lo qué enseña. Hoy es crucial el trabajo en equipo y aprender de los otros.

Diciembre 1, 2019

En el desarrollo de las estrategias de diálogos pedagógicos para la formación, el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico, IDEP, a través del Componente de Cualificación Docente organizó una conferencia bajo el nombre de “Reflexionar como Maestro y Maestra desde la Formación Posgradual”, a través de la cual se motivó a los participantes a pensar cómo aprende el que aprende y cómo enseña el que enseña.

El conferencista invitado fue Horacio Ademar Ferreyra, Subsecretario de Estado de Promoción de Igualdad y Calidad Educativa del Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba - Argentina, doctor en educación y licenciado en ciencias de la educación. Magazín Aula Urbana dialogó con Horacio Ferreira para profundizar en algunos aspectos de interés, en torno a las problemáticas educativas y el compromiso de los docentes frente a sus estudiantes.

Magazín Aula Urbana: Si el objeto de la educación consiste en ayudarnos a aprender aquello que no adquirimos naturalmente durante nuestra vida diaria, ¿cuál es el papel que deben jugar los maestros y las maestras frente a sus estudiantes?

Horacio Ademar Ferreira: En primera medida la escuela tiene que comenzar a repensar lo qué enseña, cómo lo enseña y el para qué lo enseña; la escuela tiene que abrir esos horizontes e identificar los saberes que las comunidades necesitan. Los maestros deben ampliar su mente y su corazón y desde esta perspectiva, abordar el desafío que implica enfrentar a unos estudiantes ávidos de conocimientos.

Hoy se requiere ampliar los horizontes educativos bajo niveles culturales diferentes; es decir,  no basta con enseñar lenguaje, ciencias y matemáticas, se deben abordar las disciplinas desde otras perspectivas como la literatura, las tecnologías y la misma cotidianidad de las comunidades, con quienes debe dialogar el maestro.

MAU: ¿Cuál es la importancia de los diálogos entre maestros – maestras y el estudiantado?

HAF: Particular e históricamente nuestra profesión de maestros se construyó en solitario. Hoy por hoy se necesita el diálogo para abordar la complejidad de lo educativo y de los saberes. El diálogo tiene que ver no solo con cuestiones técnicas, sino con cuestiones éticas y políticas que lleven al maestro o a la maestra a tomar decisiones frente a cómo enseñar y cómo abordar los procesos de su enseñanza y aprendizaje en la complejidad de las poblaciones. De ahí que hoy sea crucial el trabajo en equipo y también aprender de los otros; por eso, dialogar y compartir experiencias son momentos estelares para generar una profesión que esté a la altura de las exigencias del siglo XXI.

MAU: Una  de  las  dificultades  que  enfrentan  los maestros y las maestras tiene que ver con los procesos de evaluación, ¿cómo ajustar los procesos de evaluación desde la creatividad?

HAF: Creo que ese es un punto interesante: cómo salirnos de los moldes. Este es un aspecto que nos cuesta a todos los profesionales de la educación. En la actualidad hay que pensar en salirnos de los formatos. No siempre se debe apelar a la prueba escrita, por ejemplo, sino utilizar otros lenguajes para que el estudiantado comunique los  resultados  del  proceso  de  aprendizaje.  El  maestro debe acompañar los procesos y tener en cuenta que no todo termina en una prueba. Debemos salirnos de lo tradicional, dejar atrás el estilo de saque una hoja, responda 3 o 4 preguntas o las que sean necesarias. Hay otras formas como por ejemplo los portafolios, los recursos informáticos, las imágenes, donde los estudiantes son más eficientes y capaces de darle otro sentido al aprendizaje y por ende, a la evaluación desde un sentido más constructivo y formativo capaz de llevar al estudiante a otro nivel, no sólo de aprendiz, sino de investigador, por ejemplo.

MAU: ¿Qué  debe  hacer  el  maestro  o  la  maestra para formar a un estudiante investigador?

HAF: Ese es un escenario y una práctica interesante... cómo el estudiante mientras se va formando, investiga sobre su propia práctica. Entonces, el maestro y la maestra deben promover y proponer tareas de indagación, no solamente de conducción o marco teórico, sino desde el diseño de pequeños instrumentos que lleven a desarrollar de manera técnica y procedimental procesos investigativos y de observación dentro de su contexto y en favor de su comunidad. Si los docentes no dominamos suficiente-mente estas técnicas, entonces debemos aprender

MAU: ¿Cuál es la ventaja de que los equipos de docentes se incorporaren dentro de la comunidad?

HAF: La  escuela  que  no  mira  el  afuera,  no  puede comprender lo que pasa adentro. Si el maestro no integra sus enseñanzas con las necesidades de la comunidad, es muy difícil que pueda perfilarse como un buen docente o como una buena escuela. Una buena escuela es aquella que tiene capacidad para evolucionar desde las capacidades  y  competencias  de  su  profesorado  y  desde  las necesidades  de  la  comunidad.  Juntos  pueden  construir proyectos que contribuyan al desarrollo desde lo socioeducativo.

MAU: Para concluir, usted parafraseó la siguiente frase: “la  Escuela  de  formas  modernas  e  incertidumbres posmodernas enseña contenidos del siglo XIX con profesores y maestros del Siglo XX a jóvenes y adultos del siglo XXI”, entonces, ¿cuál es el reto del maestro o de la maestra para estar a la par del estudiante?

HAF: Creo que particularmente esa brecha siempre va a estar dada. Por eso a los colegas maestros colombianos les diría dos cuestiones: actitud positiva y cambio metodológico.

En muchas ocasiones uno aprende con los estudiantes, esto  es  clave,  hay  saberes  que  uno  adquiere  en  la  práctica con los estudiantes y son ellos quienes nos enseñan los códigos de la posmodernidad por poner un nombre a estos tiempos. Tengo que abandonar la actitud de sabelotodo para asumir una actitud de aprender con todos, ese es un cambio indispensable para este siglo que nos está acompañando.

Es fundamental tener en cuenta que nunca puedo educar sin preguntarme a quién le enseño, para qué le enseño y qué le enseño. No podemos enseñarlo todo, tengo que enseñar aquello que en otro lugar la persona no va a poder aprender, porque si no lo aprende en la escuela no va a poder aprenderlo en otro lado; por ejemplo, en la escuela es importante enseñar a trabajar con otros, es necesario que el estudiante no se sienta a la deriva, sino junto a un maestro o maestra que lo acompaña en su proceso de aprendizaje.

Por: Richard Romo Guacas

 

Contenido publicado en Magazín Aula Urbana del IDEP bajo licencia Creative Commons.

 

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