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La pérdida de alimentos también es un asunto de escuela

Valdría la pena que la Unidad de Alimentación Escolar se encargue de gestionar estrategias para evitar los desperdicios de alimentos.

Marzo 27, 2020

Hace unos días, el Gobierno Nacional de Colombia anunció la creación de la Unidad de Alimentación Escolar. La institución tendrá como objetivo vigilar los recursos públicos destinados al Plan de Alimentación Escolar (PAE), para evitar que se sigan presentando casos de corrupción en dicho ámbito.

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Sin embargo, hay una problemática adicional que debería tener en cuenta la nueva dependencia: la pérdida de alimentos. Esta se define como la disminución, tanto de materias primas como de comestibles procesados, en las etapas de distribución, retail y consumo. El desperdicio de alimentos está relacionado con el comportamiento, los hábitos de compra y la manipulación de productos alimenticios.

En las instituciones educativas debería conocerse cuánto es el desperdicio del programa PAE y, en general, de los alimentos en todos sus ciclos: producción, comercialización, preparación y consumo; ya que es muy poco lo que se sabe al respecto.

El Departamento Nacional de Planeación (DNP) publicó, en el 2016, un documento acerca de la pérdida y desperdicio de alimentos en Colombia. En el informe se dice que, de acuerdo a cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el mundo se desaprovechan alrededor de 1.300 billones de toneladas de comida cada año, equivalentes al 33% de toda la oferta mundial de alimentos destinados al consumo humano.

De este porcentaje, el 54 % corresponde a pérdida y el 46 % restante corresponde a desperdicio. La diferencia entre pérdida y desperdicio es que la primera se define como la disminución en la cantidad o calidad de los alimentos como resultado de las decisiones y acciones de los proveedores en la cadena alimentaria; mientras que la segunda hace referencia a las acciones de los minoristas. Así mismo, la producción agropecuaria y el consumo tienen la mayor participación en la pérdida y el desperdicio mundial, con 26 % y 34 %, respectivamente.

Por grupos de alimentos, en cuanto a la pérdida y el desperdicio total mundial, las frutas y verduras predominan con el 44 %, seguido por raíces y tubérculos con 20% y cereales 19%. Adicionalmente, en el mundo, del total de la oferta disponible de cada alimento se pierden y desperdician el 30% de los cereales; el 45% de las frutas, verduras, raíces y los tubérculos; el 20% de los cárnicos, lácteos, oleaginosos y de las legumbres; y el 35% del pescado.

De acuerdo con el Ministerio de Salud y Protección Social y la FAO, en 2010 se perdieron en Colombia 1.426.932 toneladas de frutas y verduras en la etapa de poscosecha. Esta cifra equivale al 39 % total de la oferta de frutas y verduras de ese año. De esta pérdida total, el 32 % correspondía a frutas (1.154.923 toneladas) y el 7 % a verduras (272.009 toneladas).

El mismo estudio concluye a pesar de la relevancia del tema, no existe en Colombia una medición de la pérdida y del desperdicio de alimentos a lo largo de toda la cadena productiva, por lo que valdría la pena que la Unidad de Alimentación Escolar se encargara de este tema, para desarrollar, asesorar y vigilar programas que adelanten las instituciones educativas para evitar el desperdicio.

 


Imagen pixabay.com

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Luis Fernando Burgos
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