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Niños y jóvenes en la guerra: ¿qué hacer?

Una experiencia pedagógica nacida en medio de la “Guerra verde” de Boyacá que debería ser implementada en los territorios víctimas del conflicto armado para educar en paz.

Septiembre 23, 2018

Hablar de lo que pasó en las zonas de conflicto no es tarea sencilla, entre otras cosas por lo complejo de los hechos violentos que vivieron sus habitantes. Por eso, cuando se conversa sin restricciones con alguien que vivió en una de estas zonas en los tiempos del conflicto y el posconflicto, es un privilegio para el entrevistador, como me sucedió con el sacerdote Wilson Rodríguez Beltrán, quien residió varios años en el municipio de Pauna del occidente del departamento de Boyacá, en Colombia.

En dicha región se firmó, el 12 de julio de 1990, un pacto de paz que puso fin a la llamada “Guerra verde”, como se le conoce al conflicto entre esmeralderos y narcotraficantes de la región que causó más de 1.200 muertes y dejó una gran cantidad de víctimas del conflicto.

El sacerdote me cuenta que quien estaba ahí no podía ser ajeno al conflicto y más aún cuando el Estado estaba ausente, ni antes de la firma del pacto ni en el postconflicto. Es así como los habitantes de la región decidieron manifestar su rechazo a la violencia y gracias a la mediación de la iglesia, representada por los obispos Héctor Gutiérrez Pabón y Álvaro Raúl Jarro Tobos, los actores se sentaron a negociar logrando la firma del pacto mencionado. Entre los colaboradores de la iglesia se encontraba el padre Wilson quien, junto con otros sacerdotes, lideraron el proceso del postconflicto en la década de los 90.

El aspecto social y cultural de los jóvenes hacía que éstos tuvieran como proyecto de vida el hacer fortuna a través de la consecución de esmeraldas en las minas y/o tomar las armas para unirse a alguno de los grupos en conflicto, por lo que fue necesario construir con los niños y jóvenes un proyecto de vida distinto, que los ayudara a pensar en el compromiso de la reconstrucción de la región.

Con este objetivo, el padre Wilson inició un proceso de pastoral y pedagógico por su condición de maestro, con los niños y jóvenes de la región que apuntó, entre otras cosas, a que ingresaran al sistema escolar, pues es un convencido de que es por medio de la educación como se puede lograr un cambio en ellos de manera significativa.

Este testimonio es un ejemplo de lo que se puede y debe hacer con los niños y jóvenes reinsertados del conflicto armado con las FARC. Es necesario brindarles una nueva esperanza de vida a través de un proyecto y/o estilo de vida que les permita visualizar un “si” al futuro, en la Colombia en paz, que todos soñamos.

El Ministerio de Educación es el ente cargado de diseñar, orientar y dirigir los programas de acceso y permanencia de los jóvenes producto de la guerra al sistema educativo. Ojalá sus funcionarios, tomen como base estas iniciativas colombianas y nos le dé por importar modelos fuera de contexto que valen miles de millones en su adaptación y cuyos resultados poco o nada favorecen a las víctimas.

Escrito por
Director de Innovación Educativa de la Fundación Compartir
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Irma María Arévalo González
Gran Maestro Premio Compartir 2002
Ofrezco a cada uno de los alumnos un lápiz mágico y los invito a escribir su propia historia enmarcada en los cuentos y leyendas de su cultura indígena.