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Premio Compartir Educación para la Paz

Conozca los criterios de este premio que otorga la Fundación Compartir en el marco del Premio Compartir desde el año 2019.

Septiembre 4, 2019

El Premio Compartir

La Fundación Compartir lleva casi cuarenta años desarrollando proyectos de vivienda de interés social en donde el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades es parte fundamental de la planeación y realización de estos. Así iniciamos nuestra labor en el campo educativo; primero, capacitamos a microempresarios dueños de tiendas de nuestros barrios para que mejoraran sus ingresos; luego, construimos colegios para acoger a sus hijos; y, finalmente, decidimos gestionar el modelo pedagógico en las instituciones educativas para asegurarles a los niños y jóvenes de esas comunidades una educación de excelencia.

 

En 1999, después de varios años de experiencia en la gestión de los colegios y de analizar los resultados de estudios nacionales e internacionales que resaltaban la importancia de los docentes en los procesos de aprendizaje de los estudiantes, lanzamos el Premio Compartir al Maestro. De igual manera, en 2011 decidimos lanzar premios regionales para acercarnos a los territorios en donde trabajan los maestros y rectores, especialmente aquellos que se encuentran apartados de los grandes centros urbanos. Finalmente, en 2014, iniciamos la premiación de los mejores rectores, consecuentes con el impacto que su liderazgo tiene en la comunidad educativa.

 

En sus veinte ediciones, el Premio Compartir ha acumulado más de 30.000 postulaciones de maestros y rectores provenientes del 85% de los municipios del país.

 

Introducción

Una educación de excelencia contribuye a una sociedad más equitativa, incluyente y democrática, lo que significa que coadyuva a la construcción de paz en su sentido más amplio. Por esta razón, en 2016 la Fundación Compartir decidió indagar sobre la posibilidad de lanzar un premio que reconociera los aportes a la construcción de paz que han realizado algunos maestros y rectores colombianos, con la misma jerarquía de los premios Compartir al Maestro y al Rector.

 

Una educación de excelencia contribuye a una sociedad más equitativa, incluyente y democrática, lo que significa que coadyuva a la construcción de paz en su sentido más amplio. Por esta razón, en 2016 la Fundación Compartir decidió indagar sobre la posibilidad de lanzar un premio que reconociera los aportes a la construcción de paz que han realizado algunos maestros y rectores colombianos, con la misma jerarquía de los premios Compartir al Maestro y al Rector.

 

Este proceso comenzó con un mapeo de las iniciativas y los actores que vienen trabajando desde hace décadas en la construcción de paz en el país. Entre otros, se hicieron reuniones con académicos de las principales universidades colombianas, con los directores de iniciativas reconocidas por su éxito como Escuela Nueva y la Fundación Luker y con instituciones como el Ministerio de Educación Nacional, el Centro Nacional de Memoria Histórica y el Centro de Memoria Paz y Reconciliación. Además, se establecieron contactos con asociaciones internacionales de amplia trayectoria en esta área como UNICEF Colombia, la Casa de Ana Frank de Holanda y la Alianza Educación para la Construcción de Culturas de Paz, liderada por la Universidad de Georgetown. Finalmente, se realizó una investigación académica sobre las mejores prácticas nacionales e internacionales en educación para la paz y educación en emergencias. Paralelo a estos esfuerzos, parte del equipo de la Fundación, con el apoyo de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), rastreó las mejores propuestas de construcción de paz que habían llegado al Premio Compartir en su historia.

 

De esta manera, teniendo como base la asesoría de estos expertos, las propias indagaciones académicas de la Fundación y las mejores propuestas que hasta entonces se habían recibido en materia de construcción de paz, se diseñaron los criterios de evaluación para el Premio Compartir Educación para la Paz (PCP). Durante este proceso académico se contó con la colaboración de especialistas nacionales de forma constante. Así, se integró una mesa de trabajo con Enrique Chaux, Abel Rodríguez, Vera Grabe, Marieta Quintero, Rosario Jaramillo y Diana Rodríguez. Por otro lado, en el plano internacional se contó con la asesoría de Alan Smith de la Universidad de Ulster, Ilse Schimpf-Herken del Instituto Paulo Freire de Berlín, Julia Paulson de la Universidad de Bristol, Kathy Bickmore de la Universidad de Toronto y Michelle J. Bellino de la Universidad de Michigan.

 

Durante este proceso de consultas e investigaciones se cayó en cuenta que la mayoría de estrategias y recomendaciones de los expertos nacionales e internacionales ya estaban presentes en las propuestas pedagógicas de algunos docentes colombianos. En otras palabras, aquellas estrategias que recomendaban aplicar los especialistas para estar a la vanguardia de la educación para la paz en el mundo, nuestros maestros ya las habían diseñado como respuesta a los problemas de sus entornos y, en algunos casos, llevaban décadas implementándolas exitosamente. Fue así como se decidió que los criterios del Premio Compartir Educación para la Paz debían estar inspirados en prácticas pedagógicas llevadas a cabo por maestros colombianos. Por ejemplo, el liderazgo de la rectora Emperatriz Montes en Arauquita (Arauca) influyó en gran medida en el criterio de liderazgo comunitario; del mismo modo, el trabajo de Edgardo Ulises Romero en la región de Montes de María (Bolívar y Sucre), definió conceptos como el de memoria histórica.

 

¿Qué es la educación para la paz?

Aunque no existe un consenso universal en cuanto a la definición del concepto de educación para la paz, concurren diversos enfoques, concepciones y definiciones que describen a esta educación desde una variedad de perspectivas y temas tales como la enseñanza de los Derechos Humanos o el desarrollo de competencias ciudadanas[1]. Por ejemplo, para la UNESCO, la educación para la paz “es el proceso de promoción de conocimientos, habilidades, actitudes y valores necesarios para lograr cambios de comportamiento que permitan a niños y niñas, jóvenes y adultos, prevenir los conflictos y la violencia, tanto manifiestos como estructurales, resolver los conflictos pacíficamente y crear las condiciones propicias para la paz, ya sea en un nivel intrapersonal, interpersonal, intergrupal, nacional e internacional”[2].

 

Por otro lado, de acuerdo con Diana Rodríguez, “la Educación para la Paz es una respuesta pedagógica a la violencia que existe dentro y fuera de los espacios educativos. Ésta reconoce la violencia como un fenómeno multidimensional, que además de sus manifestaciones más directas, incluye las injusticias y exclusiones históricas que cobran vigencia en el día a día. En este contexto, la Educación para la paz cuenta con dos propósitos, por un lado, eliminar la violencia como recurso en cualquier ámbito de la vida, por el otro, generar relaciones sociales que a partir del reconocimiento de la diferencia estén basadas en la empatía, la solidaridad y el perdón”. De igual manera, para Gavriel Salomon, en los países en desarrollo la “educación para la paz es un asunto asociado con los Derechos Humanos, mientras que para países más ricos es frecuentemente un asunto de ambientalismo, desarme y promoción de una cultura de paz”[3]. Esta ausencia de un concepto único y claramente definido de la educación para la paz, ha sido interpretada como un defecto y una cualidad a la misma vez. Por un lado, la falta de unidad y claridad conceptual pueden ser caracterizadas como una carencia. Por otro lado, esa ambigüedad ha hecho posible que se desarrollen una variedad de enfoques que aportan sus propias riquezas a la construcción de culturas de paz [4].

 

Entre estas perspectivas, el PCP adopta el mismo enfoque de formación ciudadana propuesto por el Ministerio de Educación Nacional en las Orientaciones generales para la implementación de la cátedra de la paz. Así, “la Educación para la Paz está directamente asociada a la formación ciudadana, es decir, a la formación de ciudadanos que se relacionen pacíficamente entre sí, que participen activamente y por medios pacíficos y democráticos en iniciativas que buscan mejorar las condiciones de vida en sus contextos cercanos y en la sociedad en general, que contribuyan a fortalecer la Democracia y el Estado Social de Derecho, que respeten las leyes y los bienes públicos, que valoren y respeten las diferencias, que construyan una memoria histórica que les ayude a comprender el pasado para edificar un presente y un futuro más pacífico, incluyente y democrático, que se relacionen de manera cuidadosa y responsable con los animales y con el medio ambiente, todo en un marco de respeto por los Derechos Humanos”[5].

 

Criterios Premio Compartir Educación para la Paz

Criterio 1: Conocimientos y competencias

Se refiere a los temas y competencias de educación para la paz que el educador trabaja desde el aula o desde la escuela. Estos temas incluyen la resolución pacífica de conflictos, la prevención del acoso escolar, la participación política, los proyectos de impacto social, la diversidad y la pluralidad, la protección de las riquezas culturales de la Nación, la memoria histórica, la historia de los acuerdos de paz nacionales e internacionales, el uso sostenible de los recursos naturales, la protección de las riquezas naturales de la Nación, la justicia y los Derechos Humanos, los dilemas morales, los proyectos de vida y la prevención de riesgos.

 

Ya que la paz se construye en la práctica y no en el discurso los educadores deben desarrollar las competencias cognitivas, emocionales, comunicativas e integradoras que requieren nuestros jóvenes para convivir pacíficamente y para transformar sus contextos de manera que logremos construir una Colombia más equitativa y justa. Deben fomentar el pensamiento crítico, independiente y creativo.

 

Para mayor información acerca de los conocimientos y las competencias de la educación para la paz puede consultar las Orientaciones generales para la implementación de la Cátedra de la paz y los Estándares Básicos de Competencias Ciudadanas.

 

Criterio 2: Didáctica horizontal y democrática

El educador se relaciona de manera horizontal con los estudiantes y las decisiones en la escuela y en el aula se toman de forma democrática y tienen en cuenta las habilidades, los intereses y las necesidades de cada estudiante.

 

El educador utiliza estrategias pedagógicas activas, integrales, participativas, incluyentes y significativas que promueven actitudes, creencias y prácticas consistentes con culturas de paz. El educador fomenta la discusión, el debate y el intercambio de ideas para encontrar soluciones de manera conjunta y crea espacios para que los estudiantes formulen y practiquen sus valores. El educador privilegia el aprendizaje cooperativo y valora la diversidad de perspectivas e ideas.

 

Criterio 3: Ambiente del aula y de la escuela

Los educadores deben generar ambientes en las aulas y las escuelas que sean propicios para el desarrollo de las competencias que requieren nuestros jóvenes para convivir pacíficamente y para transformar sus contextos, para la reconciliación con el otro y con la naturaleza. La confianza que genera el ambiente escolar motiva a los estudiantes a tomar riesgos y a perder el miedo a equivocarse. Así mismo, el educador genera un clima emocional positivo, maneja la disciplina de forma asertiva y fomenta la participación democrática y crítica.

 

Criterio 4: Liderazgo transformador y comunitario

El impacto potencial de un proyecto que promueve una cultura de paz depende en gran medida de su institucionalización e impacto en la comunidad, de modo que se convierta en una práctica generalizada de la escuela o incluso, que se pueda desarrollar en otras escuelas y tenga efectos en su entorno. Se trata de un proyecto que transforma la cultura de la comunidad hacia la convivencia pacífica y genera relaciones de confianza con esta y el entorno dando sostenibilidad a sus acciones.

 

El educador reconoce la importancia de la coherencia que debe haber entre la formación integral que se le ofrece al estudiante en la escuela y la formación que recibe el estudiante en su hogar. Es por eso que el educador está dispuesto a apoyar a las familias de la comunidad educativa con estrategias coherentes con la construcción de culturas de paz que se desarrollan en la escuela. El educador también está dispuesto a aprender de los conocimientos, experiencias y valores de los padres de familia y de su comunidad.

 

Lea la propuesta ‘Construyendo convivencia, cultura ciudadana y paz’ del maestro José Antonio Escorcia, ganadora del Premio Compartir Educación para la Paz 2019.

 

 


[1] Chaux & Velásquez, Orientaciones generales para la implementación de la cátedra de la paz, 2016.

[2] UNESCO, 2000.

[3] Salomon, 2002.

[4] Rüst, 2012.

[5] Chaux y Velásquez, Orientaciones generales para la implementación de la cátedra de la paz 2016.

 

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Melva Inés Aristizabal Botero
Gran Maestra Premio Compartir 2003
Abro una ventana a los niños con discapacidad para que puedan iluminar su curiosidad y ver con sus propios ojos la luz de la educación que hasta ahora solo veían por reflejos.