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Tipos de liderazgo que se deben conocer como docente

Conozca seis tipos de liderazgo que cada docente debería conocer y que serán útiles para mejorar el ambiente escolar. 

Agosto 20, 2018

Según Klaus Balkenhol hay una diferencia entre ser un líder y ser un jefe. Los dos se basan en la autoridad, un jefe demanda obediencia ciega mientras un líder se gana su autoridad a través del conocimiento y la confianza.

Y ese es justamente el tema en el que se basa este artículo. Se hablará sobre seis tipos de liderazgo que cada docente debería conocer y que serán útiles para mejorar el ambiente escolar en el que se desenvuelven diariamente optimizando la percepción que el estudiante tiene del docente.

En primer lugar se encuentra el liderazgo autoritario que se caracteriza por poseer una visión de futuro motivando constantemente a los alumnos haciendo que estos perciban que lo que hacen es importante para el docente como para ellos mismos.

Se dan también entonces, tareas individuales pensadas con un valor global donde el estudiante es consciente en cada momento de cuál es el objetivo y cuál es la recompensa entendiendo que es flexible y útil para su desarrollo personal promoviendo la innovación, experimentación y sobre todo, la posibilidad de cometer errores arriesgándose.

Este método no funciona cuando el docente tiene conocimientos similares a los de los alumnos debido a la consideración de que están frente a una persona poco informada, tampoco cuando el formador abusa del despotismo y la autoridad generando rechazo al aprendizaje por parte de los estudiantes.

Como segundo tipo se encuentra el liderazgo coach. Esta clase de liderazgo se basa en ayudar a los estudiantes a tomar conciencia de sus puntos fuertes y sus puntos débiles, donde el docente es capaz de ayudar a definir cuáles serán las aspiraciones personales, académicas y profesionales de los alumnos ofreciendo una gran cantidad de instrucciones para mejorar el desempeño en la realización de tareas mientras hace retroalimentación consciente delegando tareas con frecuencia, incluso las que considera complejas.

Alega, entonces, que el error es una forma de aprendizaje defendiendo el valor del diálogo como herramienta para aumentar la responsabilidad de los alumnos. Sin embargo, no funciona cuando los alumnos manifiestan ausencia de interés por el aprendizaje y se hace evidente la falta de motivación.

En tercer lugar se encuentra el liderazgo conciliador donde se valora a los alumnos y sus emociones por encima de las tareas y los objetivos de las mismas buscando en  todo momento un buen clima de trabajo conjunto concediendo importancia a la lealtad defendiendo cierto grado de autonomía en el aprendizaje.

Práctica el refuerzo positivo incondicional trabajando para aumentar el autoconcepto y la autoestima de los alumnos verbalizando sus logros y aciertos promoviendo la armonía dentro del grupo, así como la moral de los estudiantes. No obstante, no funciona cuando el docente abusa del elogio o no ofrece soluciones a corto plazo que puedan satisfacer al alumno.

En la posición cuatro está entonces el liderazgo democrático en el que se invierte considerable tiempo en recopilar ideas trabajando con la intención de que el alumno apoye al docente buscando constantemente confianza, respeto y compromiso.

Fomenta la flexibilidad y la responsabilidad a la hora de trabajar porque tiene en cuenta las opiniones y decisiones estudiantiles siendo realista con la consecución de objetivos. Empero presenta inconvenientes como la ralentización de la consecución de objetivos dada la pluralidad de opiniones favoreciendo poco la cohesión de grupo al fomentar de sobremanera la participación.

Ahora bien, se incursionará en el liderazgo ejemplarizante, donde el docente tiene un alto rendimiento laboral y lo demuestra constantemente, se basa en la realización de tareas rápidamente exigiendo lo mismo a sus estudiantes sin dejar de lado la constante búsqueda del máximo nivel y exigencia por parte de sus alumnos; este docente organiza sus ideas claramente pero no siempre es capaz de transmitirlas a sus estudiantes, fomenta la desmoralización y el abandono debido a la elevada tasa de exigencia.

En este caso, el alumno se preocupa más por adivinar lo que quiere el docente que no por su trabajo en el aula. Tiene fallas como la ausencia de flexibilidad, desaparición de la responsabilidad voluntaria, las tareas se convierten en repetitivas, mecanizadas y aburridas manifestando poca sensibilidad por la atención a la diversidad. Podría funcionar si los alumnos son homogéneos, están motivados, competentes y requieren de poca atención o seguimiento individualizado.

Por último, se habla de liderazgo coercitivo o dominante donde solo el docente toma decisiones y es inflexible, no se favorece el espíritu crítico o la generación de nuevas ideas o sugerencias, no fomenta la implicación del alumno en el grupo, desaparece el sentido de la responsabilidad, no fomenta el sistema de recompensas y es poco motivador para los alumnos. Puede funcionar cuando se necesita dar un cambio radical al rumbo de un grupo o cuando ocurre una situación traumática tanto en el grupo como en el centro escolar.

Ahora bien, es necesario comprender que un líder no destaca por un solo tipo de liderazgo. Un guía de calidad es aquel que tiene la capacidad de flexibilizar su liderazgo en función de las necesidades de cada grupo.

De ahí sale la premisa de la importancia de aumentar en la medida de lo posible el repertorio educacional. Viendo desde ese punto el liderazgo es necesario saber que el cambio y la adaptabilidad representan un reto tanto para el docente como para el alumno que debe tomarse para mejorar como profesional.

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Estudiante de Lenguas Modernas de la Universidad EAN - Escuela de Administración y Negocios, con énfasis en traducción.
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Luis Fernando Burgos
Gran Maestro Premio Compartir 2001
Revivo los mitos y leyendas para invitar a los duendes a guiar procesos de investigación.