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Aprendiendo con tecnología: ¿una utopía o una realidad posible?

El boom de herramientas digitales y de internet ha influenciado muchos campos, incluyendo la educación. Pero la controversia radica si su presencia en las aulas es positiva para mejorar los procesos educativos.

Julio 26, 2015

La inclusión de la tecnología en las aulas siempre ha sido un tema central de debate. Por un lado, están aquellos un poco más tradicionales, que ven en la tecnología a un grupo de distractores y ralentizadores del aprendizaje. Los diferentes dispositivos en lugar de ayudar, lo que hacen es generar múltiples focos de atención y actitudes negativas de los estudiantes que se vuelven muchas veces más perezosos para ejecutar operaciones sencillas y desarrollar sus habilidades.

Por otra parte, existe otro sector que acoge a la tecnología con plenitud y entusiasmo dentro del aula. Este conjunto de herramientas es visto como potenciadores de la creatividad, la imaginación y el compromiso con la clase, al tener puntos en común con los intereses y afinidades de los estudiantes. Además, la gran cantidad de recursos disponibles y las amplias posibilidades para compartir e intercambiar diferentes referencias, facilita la labor de docente y genera un ambiente colaborativo donde es fácil aprender de las experiencias del otro. La tecnología es un nuevo aire para un sistema educativo que a veces, parece adormecido en medio del tiempo.

Desde mi punto de vista, soy más partidaria de la segunda corriente, aunque de cierto modo alcanzo a entender por qué tanta tecnología en el aula puede ser abrumadora y hasta nociva para los estudiantes. Para ilustrar ambos puntos de vista traeré dos ejemplos a colación.

Desde el lado positivo, se encuentran los resultados de proyectos en Colombia como Computadores para Educar, son un ejemplo del buen uso de la tecnología. Un estudio realizado por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) en las instituciones que se beneficiaron del programa muestra, por ejemplo, que los niveles de deserción escolar se redujeron en cerca de 4,3 por ciento[1]. En el mismo estudio se afirma además que “(…)  unos 25.000 alumnos más empezaron estudios universitarios tras haber sido beneficiarios del programa”[2].

Una experiencia reportada por Reuters habla de un caso particular en el que unas tabletas que debían llegar con una aplicación educativa instalada no la tenían incluida y la cuantiosa donación de dispositivos terminó siendo usada para jugar Candy Crush[3]. El “nuevo uso” de la dotación educativa causó enormes disgustos en el consejo directivo de este colegio de Los Ángeles (Estados Unidos). Además de otros casos de mal uso de la tecnología, donde termina siendo enfocada más en temas relacionados con el ocio, otras habilidades como el escribir a mano también potenciarían la retención del conocimiento, la memoria y el aprendizaje[4] y se ven amenazadas por la presencia cada vez mayor de portátiles y tabletas en el aula.

En ambos casos, es evidente que el papel de los docentes y de los padres de familia es clave a la hora de promover el uso correcto de la tecnología en el lugar apropiado. Luego de clase, usar el portátil para chatear con amigos, navegar en redes sociales y ver memes una y otra vez no está mal. Pero en el aula, el uso de la tecnología debe estar con una orientación clara y definida sin lugar a zonas grises que den lugar a otras actividades lejos de su propósito de formación.

Ahora, los estudiantes tienen un papel importante en esto y es quizás donde los planteles educativos deben empezar a ser precavidos. Un docente no tiene mil ojos para espiar que sus estudiantes estén, efectivamente, desarrollando la actividad solicitada y no embelesados mirando Facebook. Por ello, quizás la inclusión de la tecnología debe hacerse paulatinamente con niños que tengan un mayor nivel de conciencia y que entiendan que cada actividad tiene su espacio y su lugar. No es un concepto fácil de aprehender y requiere cierta madurez y la edad ideal por supuesto, depende de diversos factores y del objetivo de la actividad educativa.

El adagio popular reza que a veces el problema “no es de la flecha, sino del indio” y se refiere a una forma jocosa de culpar al usuario por el mal empleo de alguna herramienta. Lo mismo sucede con la tecnología: es solo un medio que requiere ser guiado por un adulto responsable en un contexto educativo, para que las mentes jóvenes puedan aprovechar al máximo esta herramienta de conocimiento infinito.

Asimismo, actividades como escribir a mano, dibujar y hacer cálculos matemáticos “a la antigua” no deberían ser dejadas de lado en nombre del progreso. Muchas de las grandes ideas empiezan aún en escenarios importantes como una conversación personal o un trozo de papel. No olvidemos que sin importar la herramienta, lo más importante de la educación de calidad es aprender y promover las ganas de querer seguir aprendiendo. Si la tecnología, es en muchas ocasiones un puente para este propósito, entonces bienvenida sea.

 


[1] Información disponible en: http://www.eltiempo.com/tecnosfera
[2] Información disponible en: http://www.eltiempo.com/tecnosfera/
[3] Información disponible en: http://blogs.elconfidencial.com/tecnologia/
[4] Información disponible en: http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion

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Comunicadora social y periodista
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Luis Fernando Burgos
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