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Aulas seguras para cometer errores

Corregir los propios errores requiere un espacio seguro para cometerlos. Por ello se apuntan algunas ideas para facilitar este espacio en nuestras aulas.

Marzo 26, 2019

“Nos encanta tener razón, pero aprendemos más cuando cometemos errores”, afirma Dylan Wiliam, consultor internacional y autor de numerosas publicaciones sobre evaluación formativa.

Sin embargo, aunque la corrección de los errores por parte de los estudiantes es un aspecto clave en la evaluación formativa, en las aulas se suele penalizar a los alumnos por cometer errores. Un comentario, un gesto espontáneo o una calificación pueden bastar para que el alumno entienda que es mejor no intentarlo por las consecuencias negativas de equivocarse. Los alumnos toman buena nota también en cabeza ajena.

A medida que van creciendo muchos alumnos desarrollan aversión al riesgo o a la intentona, o incluso a expresar sus dudas en el aula. El alumno inhibe sus inseguridades sin resolver los conflictos cognitivos que le llevarían a aprender de manera duradera.

¿Cómo podríamos crear zonas seguras para cometer errores en nuestras aulas? Veamos algunas ideas prácticas para favorecer aulas en las que los alumnos se sientan con confianza para cometer errores.

 

Idea 1: Dar ejemplo

Cuando el profesor muestra sus propios errores (intencionados o no) el alumno recibe el mensaje de que todos nos equivocamos y que, por tanto, él también puede hacerlo. Si, además, el alumno tiene modelos de tareas o respuestas de distinta calidad y corrección, tendrá la posibilidad de aplicar o debatir sobre el criterio de valoración en las producciones de otras personas. De este modo, interioriza dichos criterios y relativiza las consecuencias de cometer un error, puesto que es algo común cuando se está aprendiendo.

 

Idea 2: Aumentar el tiempo de espera

El tiempo medio de espera entre que el docente lanza una pregunta y que un alumno responde oscila entre 0,7 y 1,4 segundos (Stahl, 1994). Esto implica que solo los más rápidos y seguros se animarán a contestar la pregunta. Esperar tres segundos permitirá que más alumnos tengan tiempo de pensar la respuesta e intentarlo, entre otras consecuencias positivas (Rowe, 1972). Obviamente, si se pregunta por un dato factual, dará igual el tiempo de espera si el alumno no sabe la respuesta, pero si la pregunta requiere pensar, entonces disponer de más tiempo proporcionará mayor diversidad de respuestas, lo que permite también profundizar o entrar en detalles interesantes sobre la cuestión.

 

Idea 3: ¿Quiere usted ser millonario?

Cuando un alumno es preguntado en clase puede sentir inseguridad y nervios. Plantear la situación como un juego reduce esta sensación en el alumno, puesto que en un juego se puede acertar o fallar. Así, el docente puede proponer comodines como los del popular concurso televisivo, como la llamada a un experto o persona de confianza, la eliminación del 50% de las respuestas o el comodín del público. Introducir el juego en este caso permitirá al alumno arriesgar más en su respuesta.

 

Idea 4: Todos responden

A menudo encontramos grupos de alumnos en los que siempre contestan (y siempre callan) los mismos. Este patrón de comportamiento podemos modificarlo exigiendo respuestas de todos los alumnos, con sistemas de respuesta múltiple como plickers, pizarras personales, tarjetas de colores o emplear los dedos para indicar un número. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los sistemas en los que el docente obtiene una recogida de datos o grabación pueden disminuir la confianza del alumno a la hora de arriesgar con una respuesta y buscarán copiar a otros compañeros fiables por si acaso.

 

Idea 5: La parada de tres minutos

En mitad de una explicación, se propone una parada de 3 minutos, en la que se organizan parejas o pequeños grupos para comentar y plantear dudas o preguntas sobre la explicación. La conversación entre iguales representa un espacio seguro para plantear dudas frente a la relación de poder entre docente y alumno. Si alguna duda no es resuelta dentro del grupo de alumnos, estos pueden ponerla por escrito y entregarla al profesor, quien considerará si es de interés para todos o solo para ese grupo, o si tiene previsto resolverla en la siguiente parte de la explicación.

 

Idea 6: Ofrecer buen feedback

La respuesta del docente al error del alumno debería ser un buen feedback, que huya de comentarios como “piénsalo mejor”, “esfuérzate un poco más”, “casi lo tienes”, “muy bien”, etc. El feedback efectivo para el aprendizaje es cualitativo (no cuantitativo), concreto y focalizado. Se centra en aspectos concretos de la tarea o la respuesta, no en la actitud del alumno. La prueba de que un feedback es de calidad es que el alumno tenga muy claro cuál es el siguiente paso que dará.

 

Idea 7: ¿Cuál es tu mejor versión?

Los alumnos que continuamente entregan tareas distintas y reciben una nota por cada una no mejoran. En cambio, cuando favorecemos que los alumnos rehagan su trabajo (sin

nota) y lo vuelvan a entregar para recibir feedback hasta que alcancen una versión definitiva satisfactoria de un mismo trabajo, sí mejoran y aprenden qué hay que hacer para mejorar. Los errores que han cometido en el proceso son puestos en valor como medio para aprender a realizar mejor una tarea.

No basta con que el profesor detecte el error para que el alumno aprenda. Quien está aprendiendo es quien puede corregir sus propios errores para que se produzca el aprendizaje. Si logramos que las aulas sean espacios en los que los alumnos se sientan con confianza para cometer errores multiplicaremos sus oportunidades de aprender.

Escrito por
Consultora en el ámbito de la educación. Miembro del equipo de apoyo de la PIPR.
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Aurora Garay
Rectora Ilustre 2016
Solo cuando nos arriesgamos a comunicar nuestra experiencia y a socializar nuestros saberes estamos visibilizando el universo de dificultades, logros y riquezas que se gestan en nuestra realidad