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Bill Gates y sus 11 reglas de oro

Frente a los alumnos de la secundaria Mount Withney,  el fundador de la gigantesca Microsoft, Bill Gates, da un “jalón de orejas” a los estudiantes recordándoles que los resultados y las metas no se alcanzan exigiendo y olvidando sus deberes.

Julio 7, 2015

Si bien es un discurso que tiene un par de años, creo pertinente compartirlo más aún cuando en esta etapa del año son muchos los alumnos que se encuentran, bien terminando su etapa como bachilleres o en otros casos, a la mitad de hacerlo. También cuando vemos la punta del iceberg de  historias de  personajes como Bill Gates, en las que solo se habla de la riqueza que tiene y nunca del sacrificio y trabajo que seguramente le llevó alcanzarla.

Sin duda uno de los referentes de educación y superación, a nivel mundial, es Bill Gates, un hombre que a través de su fundación y de sus generosas donaciones ha buscado reducir la brecha educativa que existe en el mundo.

Pocos saben que dona más del 80% de sus ingresos a temas relacionados con salud y educación, en especial para niños; a su vez pocos saben que Bill, considerado un genio por muchos, cuenta con coeficiente intelectual, que según las variables que se tienen para medir la capacidad cognitiva de una persona, lo posiciona en un rango de “Inteligencia muy superior”, lejos del rótulo de genio.

Pero quizás lo que menos se puedan imaginar es que Gates, una de las personas más ricas del mundo y uno de los empresarios más prósperos del planeta, nunca se graduó de la universidad. Desde muy joven replanteó y criticó los sistemas educativos señalándolos como espacios en donde se adoctrina a las mentes, espacios en los que se  castiga la creatividad sobre todo de aquellos que por su inteligencia y potenciales sobre salen.

Sin embargo, esta manera de pensar jamás fue un pretexto para que Gates, desde posición de liderazgo y como referente de progreso, condenara la educación. Por el contrario sus donaciones y su ejemplo premian y estimulan a cientos de estudiantes que por su inteligencia generan nuevas ideas. A su vez Gates es un caso Sui Generis, debido a que si bien es uno de los 5 hombres más ricos del planeta, nunca olvidó lo que tuvo que vivir y luchar por alcanzar su sueño. Horas y horas de trabajo, un origen sencillo con padres de clase media y si, cientos de intentos (lo que otros llamarías fracasos) sin bajar los brazos.

Antes de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como lo son ahora. Ellos empezaron a serlo por pagar tus cuentas, lavar tu ropa sucia y escucharte hablar acerca de lo ‘súper’ que eres y lo pesados que son ellos. Así que antes de emprender tu lucha por las selvas vírgenes, contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación, escritorio, armario y clóset

En ese contexto, Gates, fortaleciendo su personalidad, potenció sus habilidades al punto de romper paradigmas y viejos estereotipos; se transformó en la punta de lanza de una nueva generación de plutócratas que desempeñan su rol en la sociedad desde la participación y la cercanía, así, cerca de los jóvenes,  surgió uno de los discursos más memorables hechos por Gates. Un discurso, un  par de reglas que todos, propios y ajenos al tema de la educación, deberíamos leer buscando replantear posturas y maneras de pensar, más en escenarios donde hablar de igualdad y calidad hace olvidar a muchos de que a la par de exigencias deben existir los deberes.

Bill Gates: “… Lo cierto es que en un mundo globalizado y competitivo, donde cada vez es más importante la verdadera educación —la educación pertinente, la educación con calidad—; quiero darles estas once reglas, o consejos

1. La vida no es justa, acostúmbrate a ello.
2. Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.
3. No ganarás US$5.000 mensuales justo después de haber salido de la escuela, y no serás el vicepresidente de una empresa, con coche gratis, hasta que hayas terminado el instituto, estudiado y trabajado mucho.
4. Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.
5. Dedicarse a voltear hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo: le llamaban oportunidad.
6. Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no lloriquees por tus errores; aprende de ellos.
7. Antes de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como lo son ahora. Ellos empezaron a serlo por pagar tus cuentas, lavar tu ropa sucia y escucharte hablar acerca de lo ‘súper’ que eres y lo pesados que son ellos. Así que antes de emprender tu lucha por las selvas vírgenes, contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación, escritorio, armario y clóset.
8. En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesitas para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez más fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.
9. La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo en tu tiempo libre.
10. La televisión no es la vida real. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café de la película para irse a trabajar.
11. Sé amable con los “NERDS” (los más aplicados de tu clase). Existen muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos”.

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Jesús Samuel Orozco Tróchez
Gran Maestro Premio Compartir 2005
Senté las bases firmes para construir una nueva escuela rural donde antes solo había tierra árida y conocimientos perdidos.