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Carta ex alumno, 16 años después.

Recuerdos de donde compartíamos muchas cosas, cosas dulces y felices, lindos recuerdos de esas aulas llenas de pequeños jovencitos con olor a mandarina pelada y a la transpiración de los eternos otoños bogotanos.

Marzo 2, 2017

Soy ex alumna graduada del Colegio Compartir, en donde compartíamos muchas cosas, dulces y felices; lindos recuerdos de esas aulas llenas de pequeños jovencitos con olor a mandarina pelada y a la transpiración de los eternos otoños bogotanos.

Entre libros y manuales fabricados pasaron varios abriles viendo como cautelosamente creaban un poco de nosotros, inconscientemente descubriendo el mundo a través de lo que ustedes, los docentes, nos mostraban como la realidad.

Todavía me pregunto: ¿Dónde estuvo Kant, Rousseau, Foucault, Descartes, Platón, Aristóteles, Picasso, Gauguin, Gaudí, Rembrandt? ¿Dónde estuvieron escondidos durante tanto tiempo? Yo nunca los vi por tantos abriles. ¿Qué les paso? Yo, con tanta sed de ellos, y ellos, escondidos en algún rincón de la experiencia.

Recuerdo una profesora de artes que aún no logro rebuscar el nombre en mi memoria. Ella traficaba textos de Dostoyevski solo por altruismo y que quizás en algunos pasaron inadvertidos, pero que, en mí, es el único mísero recuerdo que puedo rescatar de la sensación de recorrer algún camino hacia el pensamiento.

¿Dónde estuvo Einstein escondido? Quizás estuvo como Verne, en alguna biblioteca, o será que nunca lo tuvimos a nuestro alcance... ¿Qué pasó con la Grecia Antigua y el iluminismo, las revoluciones? ¿Dónde estaban mientras nosotros, como ustedes, simplemente nos encontrábamos estáticos en el tiempo, tal vez atrapados en algún espejo sin reflejo? ¿Por qué no nos enseñaron a pensar? ¿Por qué no nos enseñaron a aprender? ¿Por qué no nos enseñaron a ser críticos de nosotros mismos y de lo que sucedía alrededor? ¿Por qué no nos enseñaron a ver en el otro un igual, un hermano más allá de la religión, el credo, el color de piel, a auto cuidarnos y a cuidar del otro? ¿En qué momento los invadió la indiferencia? Yo no tengo amnesia. Recuerdo cada momento de mi paso por allí.

¡Necesitábamos de ustedes para hacer de este país un lugar mejor! Necesitábamos de ustedes para ser algo más que buenas notas. Necesitábamos de ustedes para ser más que máquinas de elaborar cosas y convertirnos en máquinas de transcribir historias. A lo mejor tampoco es culpa de ustedes. A lo mejor fue un trozo de nuestra historia colombiana, llena de amnesia e indiferencia.

Hoy me pregunto, desde el exilio, si un día voy a hacer algo por mi país, si un día la gente va a pensar más en el otro. ¡Si un día vamos a hacer patria!

Por ahora, lo único que puedo hacer es escribir y reescribir mi historia, compensar... para que Compartir para mí no sea el estar en un aula con rejas similares a las de la cárcel, para que Compartir, en mí, signifique darle al otro lo que hay en mí y lo que tengo. Para que no sea solo un nombre o una palabra. Para viajar con mis hijos en un Verne. Para soñar colores de Gaudí. Para imaginar lo inimaginable como Dalí.

Es lo más preciado que tengo, escribo mi libro y en este libro me ayudan mis grandes maestros.

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Laura María Pineda
Gran Maestra Premio Compartir 1999
Dar alas a las palabras para que se desplieguen por la oración y vuelen a través de los textos para que los estudiantes comprendan la libertad del lenguaje.