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Cómo leer para transformar-se

Una de las habilidades más típicas de la humanidad, es expresar lo que vive, lo que reflexiona sobre sus experiencias y también lo que anhela.

Junio 14, 2019

Para ello, usa muchos medios y lenguajes, pero esencialmente la palabra, a tal punto que basado en ella desarrolló los modos más elaborados y universales de decir su propia lectura del mundo en forma de un lenguaje tan preciso como el científico, tan fluido como la narrativa y tan romántico como la poesía.

Históricamente, primero se da la lectura del mundo. El ser humano habita un mundo que lo impacta con sonidos e imágenes, texturas y temperaturas, olores y sabores, sobre los cuales siente y piensa, mediante un sistema nervioso que le permite saber e incluso saber que sabe. Como herramienta para hacer lectura de ese mundo, para comprender y comunicar las vivencias que le proporciona, usa la palabra. Hizo de ella un símbolo o una representación inicialmente personal y luego colectiva, que condensa múltiples y profundas realidades y significados, ampliando la realidad más allá de la experiencia que le proporcionan los sentidos.

Así, resulta claro que luego de la lectura del mundo, vendrá para el ser humano la tarea de leer la palabra, la palabra de otros, la palabra que otros dicen para expresar su lectura personal del mundo, la palabra escrita por otros para dejar constancia en la historia del modo particular en que leyeron el mundo. La lectura de la palabra, en consecuencia, implicará al ser humano en la tarea de comprender la palabra escrita, para interpretar la lectura que el escritor hace sobre su mundo; esto es que, leyendo a un escritor, no solo comprendemos lo que dice, sino que interpretamos su peculiar lectura del mundo. Lo anterior, va dejando claro que el ejercicio de leer no consiste solo en interpretar lo que el texto dice, sino en comprender el modo en que el autor del texto leyó su realidad. En otros términos, lo que hacemos al leer es interpretar la lectura que otro hizo de su mundo y que manifestó mediante la palabra escrita.

Esto nos lleva a comprender que leer implica pensar, y hacerlo desde preguntas como: ¿quién es la persona que escribe?, ¿qué escribe?, ¿por qué lo escribe?, ¿qué estructuras usa para escribir?, ¿qué quiere lograr con lo que escribe?, entre otras, hasta lograr una comprensión satisfactoria del texto e incluso, como sostienen algunos, comprender al autor mejor de lo que él mismo se comprendería. Recapitulando, podemos reiterar que leer es pensar, porque la mirada del hombre sobre el mundo que ve, siempre le implica pensar y lo que expresa a partir de su mirada no es solo la repetición de las imágenes que capta, sino que lo que comunica expresa, además de lo percibido, lo que piensa e incluso lo que anhela al respecto.

Tenemos entonces que, además de la lectura del mundo, el ser humano lee la palabra escrita en una suerte de tres niveles: literal, inferencial y crítico.

En la lectura literal se ocupa de la comprensión de lo que dice el texto, es decir, de una comprensión que se sujeta solamente a lo evidente y lo explícito, a lo puramente textual, para lo cual requiere pensar e indagar hasta lograr comprender los significados literales de las palabras, las frases, los párrafos y el texto en general. Si se ha logrado este nivel de lectura, la persona es capaz de expresar el contenido de lo que leyó, parafraseando, es decir, expresando el texto a través de otras palabras que signifiquen lo mismo. Por ejemplo, la frase Hoy asistió la totalidad de estudiantes a clase, puede parafrasearse diciendo que El 100% de los estudiantes asistió hoy / Hoy contamos con la asistencia de todos los estudiantes / Todo el estudiantado está presente hoy / Hoy han asistido todos los estudiantes / Las clases cuentan con todos los estudiantes presentes / Los asistentes a clase están completos / Todos los estudiantes asistieron a clase… En el ejemplo anterior se denota que hemos dicho lo mismo de diferente forma, que hemos interpretado bien lo que se quiere decir, que manejamos el significado de las palabras y de la frase entera, pero que no hemos añadido nada a la frase original, que altere su significado: eso es lectura literal.

Pero el que logra un buen nivel de lectura literal empieza a sospechar que los textos son algo más que lo que aparentan, que no solo tienen significados sino sentidos, que además de decir algo, quieren lograr un efecto que no manifiestan de manera explícita¸ sino implícita, tácita, latente, como a la espera del trabajo de un ávido lector que los piense y los interrogue. Por eso se hace necesario pasar a un siguiente nivel de lectura al que llaman lectura inferencial. Esta consiste en llegar a un juicio o conclusión a partir de la información literal que ofrece el texto, yendo más allá de lo explícito, pero sin pervertir el sentido del mismo, sino perfeccionando su interpretación, ampliándola, haciéndola más plena. Ese inferir debe basarse en la evidencia, por lo cual es imprescindible haber logrado antes un buen nivel de lectura literal.

Inferir requiere un lector suspicaz y lógico, pero también creativo, que encuentre lo que la lectura sí quiere decir, pero que no expresa abiertamente, sino que requiere del trabajo del lector para lograr inferencias sostenibles. Por ejemplo, a partir de la frase Mañana no habrá clases, pueden inferirse una enorme cantidad de cosas que implica el hecho que se está enunciando, en relación con la madrugada, con los quehaceres diarios, con las oportunidades que se vulneran o las que se crean, así como una serie ilimitada de preguntas al respecto: todo esto, hasta más ¡y la frase solo dice Mañana no habrá clases! Al ir más allá sin forzar la evidencia, la lógica y la creatividad, habremos hecho inferencias. Esa es una necesidad con todo tipo de textos: la comunicación cotidiana (En la casa arreglamos), los contenidos en los periódicos (Lo que le espera a Ramiro Suárez en la JEP no será fácil) y la poesía (Y el verso cae al alma como al pasto el rocío), por mencionar algunos.

El último nivel es de lectura crítica, el cual implica haber logrado con éxito los dos niveles anteriores. Así que luego de comprender el significado literal del texto y de hacer las inferencias lógicas pertinentes, el lector debe asumir una posición argumentada frente a lo que lee. De ese modo, no solo deberá dar razón de lo que dice el texto, de lo que quiere decir o puede inferirse del texto, sino de lo que el texto le dice a él particularmente y de lo que él puede decir sobre el texto. Se considera el nivel más alto de lectura porque le implica al lector pensar para decir su propio texto frente al que el autor le propone. Esa capacidad crece de manera directamente proporcional a la lectura, o sea que, entre más se lee, más crítica será la lectura. Esto ocurre porque se amplía nuestra lectura del mundo y nuestra capacidad de lectura de textos se incrementa, ya que todo texto que cae en nuestras manos será contrastado con nuestras anteriores lecturas del mundo y de otros textos, para emitir juicios lo suficientemente críticos.

Por consiguiente, una auténtica lectura, una lectura crítica, no se limita al texto que sirve de base porque en ella el lector también se lee a sí mismo y a su contexto. En esa experiencia de leer, ocurren un encuentro, un diálogo y una confrontación que resultan transformadores para el lector, ya que lee su vida y sus experiencias desde las múltiples categorías que le ofrecen los distintos textos, al tiempo que se confronta y adquiere herramientas de conciencia indispensables para emprender una genuina transformación de sí y de sus realidades. En ese mismo sentido, a la par con el aprendizaje de la lectura de la palabra, se debe aprender a leer críticamente el contexto, o si se quiere, la lectura de la palabra escrita debe ser un medio para leer más críticamente lo que sucede en las realidades del lector.

Poco sentido tiene pues, decodificar los textos solo para hacer sonar la palabra escrita o para reproducir lo escrito mediante sinónimos, si no se leen críticamente las realidades a las que se refiere el texto, si no se aprovecha para superar la superstición en la que nos mantiene la ignorancia, si no se supera la ingenuidad en la que nos mantiene la falta de lectura o la lectura entendida como el ejercicio mecánico de convertir grafemas en fonemas.

Ese ejercicio se enriquecerá en la medida que, a partir de lo leído, el lector exprese o escriba sus propios textos, dando cuenta de un ejercicio de pensamiento tan riguroso como inédito, pues todo texto habrá dejado de pertenecerle a su autor, una vez que caiga en manos de un lector, quien al interpretarlo desde sus propias lecturas del mundo y desde las lecturas de otras letras, lo transforma a la par que se transforma. Mientras esa experiencia no se construya, quienes evaden la lectura no tendrán más opción que acogerse o someterse a las lecturas que otros hagan sobre la palabra escrita y/o el mundo, so pena de una existencia enajenada e inauténtica, susceptible de manipulación y otras formas de negación de derechos.

 


Photo by Lina Kivaka from Pexels

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Directivo Docente. Coordinador en la Institución Educativa Antonio Nariño. Cúcuta, Colombia.
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Irma María Arévalo González
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