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¿Cuándo son eficientes los castigos?

El camino fácil son los castigos, pero no siempre son la mejor alternativa.

Noviembre 15, 2020

Mark ha ignorado repetidas peticiones de hacer/no hacer algo. Yo repruebo su comportamiento. ¿Qué pasa después?

En la mayoría de las escuelas, Mark se resiste inicialmente de alguna manera: quejándose, o murmurando tal vez. La sanción se impone (acepta un demérito o asiste a una detención), posiblemente a través de un esfuerzo adicional de mí o un colega. Luego regresa a la clase. Y tarde o temprano, hace/no hace lo mismo otra vez.

He cuestionado el poder de las sanciones para cambiar el comportamiento de los individuos. Recientemente, encontré un estudio que responde directamente a esta pregunta; inevitablemente, la respuesta fue más complicada de lo que esperaba. Entonces, ¿cuándo funcionan las sanciones? ¿Qué es lo que las hace funcionar? ¿Qué hacemos si no funcionan?

¿Para quien funcionan las detenciones? Las pruebas.

El estudio examinó cómo 314 alumnos estadounidenses de 3º a 8º grado (de 8 a 14 años) de una escuela respondieron a las detenciones, suspensiones y otras sanciones. Los investigadores identificaron tres grupos:

El grupo 1 no recibió una sanción en todo el año (117 estudiantes)

El Grupo 2 recibió sanciones en un semestre pero en el siguiente semestre del año no recibió ningún castigo. (62 estudiantes)

El Grupo 3 recibió sanciones en ambos semestres del año (75 estudiantes)

Para el Grupo 2, las detenciones aparentemente funcionaron. Tuvieron detenciones al final del año (septiembre), y luego en el siguiente semestre en marzo, no tuvieron ninguna. En septiembre, el Grupo 2 no se distinguía del Grupo 3, en cuanto a la naturaleza y severidad de su mal comportamiento. En marzo, su comportamiento era indistinguible del Grupo 1, que nunca fue detenido.

Para el Grupo 3, por otra parte, el número de detenciones aumentó a medida que avanzó el año. Las detenciones hicieron que el comportamiento del Grupo 2 mejorará, pero parecieron empeorar el comportamiento del Grupo 3. Las detenciones y suspensiones no sólo fueron ineficaces, sino que "pueden haber servido como recompensa tanto para los estudiantes como para los profesores.

Así que las sanciones funcionan para algunos estudiantes, y realmente no ayudan a otros. En este artículo se examina lo que hace que las sanciones sean eficaces y lo que podemos hacer si no parecen funcionar.

1) ¿Qué hace que una sanción sea efectiva?

El castigo potencial/real está destinado a cambiar lo atractivo de una acción: un estudiante debe pensar "Podría gritar, pero no vale la pena". Puede que no sea efectivo si..:

●      No es inmediato: la forma en que la gente elige depende de las opciones disponibles y de cuándo están eligiendo; preferimos las recompensas inmediatas y los costos diferidos. Ser visto como divertido entre los compañeros ahora puede superar el costo de un castigo o llamado de atención fuerte. 

●      Es incierto: una sanción retardada es incierta - un estudiante puede esperar que su profesor se olvide, le falte tiempo para hacer un seguimiento o se le pueda convencer de que no lo haga; el estudiante puede estar enfermo o faltar a la escuela.

●      Es un castigo de rutina: sentarse en silencio, o incluso leer, puede parecer un castigo, pero no disuade ni corrige. A algunos estudiantes les gusta sentarse en silencio; si no se replantean su comportamiento, se consigue poco.

●      Crea conflictos: Los estudiantes no quieren sanciones; los profesores cometen errores y a menudo tienen prisa. Sin embargo, a menos que emitamos una sanción cuidadosamente, podemos castigar el mal comportamiento pero crear un nuevo conflicto

Tenemos que abordar estos desafíos si queremos que nuestras sanciones funcionen. Podemos hacerlo de las siguientes maneras:

●      Priorizar la inmediatez sobre la intensidad: una discusión de diez minutos después de la lección es más poderosa que una hora de detención el viernes. (Si un retraso es inevitable, podemos hacer que las sanciones se sientan más inmediatas animando a los estudiantes a imaginarlas ahora: "Piensen en lo frustrante que será quedarse en la hora del almuerzo... hay que concentrarse en la tarea para evitarlo").

●      Asegurarse de que las sanciones se mantengan: los estudiantes deben estar seguros de que hablamos en serio.

●      Hacer que las detenciones sean productivas: no tienen porqué ser desagradables - perder el tiempo libre es un castigo en sí mismo - pero no deben ser divertidas (¡leer no es un castigo!) Y deben implicar algo relevante y que enmiende su comportamiento. Por ejemplo, preguntando a los estudiantes por qué están ahí, por qué sus acciones son problemáticas y si lo que van a hacer a continuación promete algún tipo de mejora; también puede revelar quién necesita un breve recordatorio y quién necesita una tutoría intensiva.

●      Decir por qué y qué es lo siguiente: El Arte de la Consecuencia de Doug Lemov. cubre esto brillantemente. Tenemos que mencionar la causa, decir lo que el estudiante debería hacer, y ofrecer estímulo de "rebote" - luego seguir con la lección: "Estás llamando de nuevo, vamos a discutir esto después de la lección, haz que los últimos diez minutos sean un éxito". (También podemos poner a los estudiantes en crédito: "Lo has hecho tan bien esta lección, no lo estropees ahora").

Estas medidas hacen que las sanciones sean más efectivas. Sin embargo, para algunos estudiantes, todavía no funcionan.

2) Las sanciones no funcionan para algunos estudiantes

La sanción mejor diseñada puede no ayudar a algunos estudiantes: El grupo 3 que tuvo más y más detenciones a medida que avanzaba el año. Atkins y otros señalan que sus conclusiones coinciden con "una gran cantidad de pruebas de que el hecho de centrarse únicamente en el castigo no repercutirá en muchos de los tipos de delitos más graves ni ayudará a que se reduzca la tasa más alta de delincuentes" y que, en muchos casos, aumentan el índice de comportamiento problemático. Por ejemplo, la mitad de los adultos vuelven a delinquir en el plazo de un año desde su salida de prisión; en el caso de las sentencias de menos de un año la cifra es aún más alta.

Las sanciones no funcionarán si:

1. Los estudiantes no están reflexionando en sí. Pueden estar comportándose cómo habitualmente lo hacen, en cuyo caso su comportamiento es más automático que controlado. El Grupo 3 difiere de sus pares: entre otras cosas, son mucho más impulsivos.

2. Los beneficios (como verse bien entre los compañeros) superan los costos (verse mal ante los maestros/padres). Vale la pena recordar la conclusión de Graham Nuthall: "Cuando hay un choque entre la cultura de los compañeros y los procedimientos de gestión del profesor, la cultura de los compañeros siempre gana".

Si  no logramos hacer a los estudiantes reflexionar, o si nuestras sanciones no pesan lo suficiente en sus pensamientos, el aumento de los castigos logrará poco - o, como Atkins et al. encontraron, resultará contraproducente. También caí en cuenta que utilizaba la recompensa y el castigo instintivamente, pero que este es un modelo ingenuo e incompleto del comportamiento humano. He sugerido un marco para fomentar el cambio de comportamiento: podemos pensar en la formación de hábitos, normas sociales y cómo enmarcar las opciones, por ejemplo. Si las sanciones no funcionan, es poco probable que más sanciones o sanciones más severas ayuden: tenemos que identificar por qué el estudiante se comporta como lo hace y ayudarle a cambiar.

3) Las sanciones siguen siendo importantes

Sin embargo, el mal comportamiento aún debe ser sancionado, aunque no esperemos que la sanción cambie el comportamiento del individuo. Primero, porque no sabemos para quién funcionarán las sanciones hasta mucho después del evento - dejar a los estudiantes fuera puede robarles un incentivo para cambiar.

Más importante aún, las sanciones muestran a la comunidad en general - la clase, la escuela, la sociedad - qué comportamiento se espera y se acepta. Dan Ariely (2013) ha probado extensamente lo que influye en el mal comportamiento, centrándose en las trampas. En un experimento, los estudiantes que completaron una tarea para obtener una recompensa financiera vieron a un compañero que aparentemente hacía trampa. Si el comportamiento del compañero no era sancionado, las trampas se duplicaban en el resto del grupo. Algunos estudiantes nunca soñarían con comportarse mal. Pero la descripción de Ariely de las cerraduras en la sociedad puede significar sanciones en las escuelas también. La mayoría de las cerraduras no detendrán a un ladrón decidido. Disuaden a "personas moralmente honestas que podrían estar tentadas de probar abrir esa puerta si no tuviera cerradura.... No es que el 98 por ciento de la gente sea inmoral o que haga trampas en cualquier momento que se presente la oportunidad; es más probable que la mayoría de nosotros necesitemos pequeños recordatorios para mantenernos en el camino correcto.”. El grupo 1 del estudio descrito anteriormente nunca recibió sanciones. Tal vez algunos eran santos. Para el resto, ver a sus compañeros comportarse mal con impunidad podría haberlos tentado a extraviarse. Las sanciones ayudan a la comunidad, no sólo al individuo.

Conclusiones

  1. Las sanciones funcionan para algunos estudiantes. Es más probable que funcionen si son inmediatas, aplicadas, significativas y llevadas a cabo cuidadosamente.
  2. Las sanciones no funcionan para algunos estudiantes. Si tres detenciones no han hecho la diferencia, necesitamos hacer algo más que nos lleve a un cambio real en el comportamiento y los hábitos.
  3. Las sanciones muestran a toda la comunidad lo que es aceptable: sancionar el mal comportamiento sigue siendo importante, incluso si no esperamos que el individuo se beneficie.

Contenido publicado originalmente en la página de Improving Teaching bajo licencia Creative Commons.

Traducción realizada por: Paula Andrea Beltrán Garzón

 


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Profesor e investigador de Historia. Director del programa Teacher Educator Fellows en el Instituto Ambition.
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