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Diversidades, educación y etnofagia en Bogotá. Redes y desenredes de unas interculturalidades desiguales

La educación intercultural emerge como una demanda coyuntural en las ciudades actuales, a expensas del aumento de organizaciones, familias y personas de origen étnico.

Septiembre 14, 2017

Aunado a ello, las búsquedas identitarias de habitantes en las urbes han encontrado en las neo-etnicidades un nicho estratégico. En Colombia se vinieron dando condiciones políticas favorables para estas emergencias que se manifiestan en Bogotá como una propuesta de enfoques inéditos para la educación urbana: un reto de interculturalidades complejo que no escapa de los lastres heredados de tiempos coloniales.

Florecimiento étnico en Bogotá

Los últimos veinte años del siglo XX estuvieron marcados por la conmemoración de los 500 años transcurridos desde que en 1492, Cristóbal Colón se topara con Abya-Yala[1]. Para las celebraciones de 1992, los preparativos fueron financiados ostensiblemente por el Estado Español y diferentes agencias de cooperación internacional[2]. Un siglo antes, varios países se interesaron por celebrar el ímpetu que llevó al pueblo español hacia la conquista de ultramar. Un siglo después, se celebraría lo que llamaron “encuentro de culturas”. Este espíritu conciliador del V centenario, abrió una época de re-significación étnica en ámbitos urbanos, dando lugar a emprendimientos de re-etnización en las ciudades. En Bogotá, estas reivindicaciones se centraron en temas como la medicina tradicional (Martínez y Casallas, 2007), las manifestaciones folclóricas y festivas (Panqueba, 2004), la movilización social (Duran, 2005), usos y costumbres (Panqueba, 2011), los elementos históricos y cotidianos de la identidad, y la educación intercultural (Peralta y Panqueba, 2010).

En las ciudades se conformaron grupos de familias que comparten valores, usos y costumbres propios de sus matrices identitarias; reconocen sus formas de autoridad y normas que les distinguen de otros pueblos y de la sociedad mayoritaria (Gutiérrez, 2008). Bogotá cuenta hoy con cinco cabildos[3] reconocidos por el gobierno distrital. Sin embargo, al menos desde principios del siglo XXI, otros pueblos, familias y personas de origen étnico en condición de desplazamiento, sin una estructura representativa, también demandan atención y luchan por su reconocimiento.

Neo-muiscas

Bogotá y sus zonas conurbadas también han sido territorio para la aparición de  “tribus”, agrupaciones y otras formas de reunión que sostienen argumentos de identificación con “lo muisca”, pero desde una perspectiva que combina experiencia académica y re-elaboraciones de discursos alusivos al “territorio”, “la medicina ancestral”, “palabra dulce”, “pensamiento bonito” y otras que suponen una relación directa entre etnicidad y ecología (Perea, 2014; Gómez, 2009). De esta manera, al menos desde la última década del siglo XX, hacen carrera unos discursos que enaltecen “lo indígena”, emitidos no precisamente por actores étnicos. Ello ha develado el poder de ciertas élites académicas en este inusitado neo-acercamiento post-moderno que viene produciendo discursos neo-étnicos en las ciudades.

Quienes hacen parte de estas agrupaciones cuentan con formación universitaria, medio desde donde deciden proyectarse en un camino que pareciera ignorar las luchas indígenas colombianas que surgieron desde reivindicaciones agrarias. En estos grupos se usan discursos académicos entreverados con elementos de re-invención cultural, así como de manifestaciones artísticas y expresiones retomadas de las diversidades lingüísticas de Abya-Yala[4]. La aparición de tales grupos y personas que ya se conocen ampliamente como “neo-muiscas”[5], ha traído algunos conflictos entre los cabildos legalmente constituidos, o bien entre estos y las nuevas circulaciones de “lo étnico” (Villanueva, et. Al, 2012). Estas manifestaciones de etno-génesis, con discursos híbridos, ecológicos y pan-indigenistas, han afectado las reivindicaciones de las familias desplazadas y de las luchas históricas.

Etnofagia

Desde una perspectiva urbana, el fenómeno de las neo-etnicidades puede incluirse en la llamada globalización, en tanto “lo étnico” emerge como una moda, donde se proyectan individualidades que se sincronizan en torno a prácticas momentáneas y que circulan en el mayor de los casos, como tendencias mediáticas. Valga tomar como referencia el caso de los “círculos de palabra”: una práctica que reúne múltiples elementos provenientes del infinito sistema de oralidades arraigado entre las poblaciones americanas, el cual tiene diferentes usos entre las agrupaciones neo-étnicas (Moreno y Olmos, 2014).

Esta forma de procesar las identidades, característica de la post-modernidad, hace eco en los postulados del fenómeno de la etnofagia (Díaz Polanco, 2006 y Patxi, 1999); término propuesto desde la década de los años noventa del siglo XX, para analizar las formas en que el capitalismo neoliberal alimenta su funcionamiento a partir de la presencia de diversidades étnicas. Es un “proceso de etnocidio cultural, por medios más simulados y a largo plazo” (Patxi, 1999: 537). Ya no existen programas ni acciones oficiales para suprimir la cultura de los pueblos étnicos, pero sí un emprendimiento de largo plazo que promueve la asimilación, la tergiversación y absorción de múltiples juegos del sistema capitalista (Díaz Polanco, op.cit.: 160).

Un proceso etnofágico promueve respetuosamente los derechos humanos, la integración y la asimilación de las poblaciones étnicas; pero en el marco de un modelo multiculturalista como el colombiano, son toleradas las diversidades en tanto jueguen el juego occidental-liberal-capitalista. Así, de acuerdo a los usos de las diversidades, la etnofagia también puede ser una estrategia desde discursos altermundistas. Unos hacen de “lo étnico” su forma de vida, fortaleciendo la conciencia y acciones para con los pueblos, familias y personas étnicas. Pero otros mantienen manejos ambiguos de la diversidad, que unas veces se tornan en esencialismos culturales, otras veces en posiciones relativistas y anti-relativistas. Unos y otros pueden ser leídos como usos de las identidades étnicas: esencialismos estratégicos (Spivak, 1985).

Autor: muiskanoba. U'wa (gente que sabe hablar) abiayalence. x-becario de Secretaría de Relaciones Exteriores de México (2006-2009), UNESCO-Programa Keizo Obuchi (2006), Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (2004), Fondo Indígena (2002), Ministerio de Cultura de Colombia (1999) y Agencia Española de Cooperación Internacional (1998).

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