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Educación para la convivencia: La paz empieza por uno mismo

La paz verdadera y duradera se logra aprendiendo a conjugar los verbos amar, soñar, trabajar, cooperar, colaborar, vencer y, el más importante de todos para nuestro contexto histórico: PERDONAR.

Septiembre 15, 2016

Hoy en día, en Colombia, la palabra más popular y pronunciada por todos es “paz”. ¿Será pronunciada por todos? En gran parte sí por políticos, la prensa, estudiantes universitarios y docentes, pero en menos medida por estudiantes de secundaria, y mucho menos por padres de familia y niños de primaria. Palabra muy repetida, casi hasta desgastarla. Pero mal utilizada. Hace poco escuché: “¿Desde cuándo la paz le pertenece a alguien?” ¿La paz es de una persona o de un gobierno?

La paz debe ser un término que llegue a todos, que sea propiedad de todos, que sea responsabilidad de todos. La PAZ, en mayúsculas para que denote su importancia, debe ser más que un término con una definición, debe ser un concepto, una filosofía de vida, un nuevo estilo de vida que se imponga en la sociedad, algo así como la moda fitness. Buena publicidad, muchos personajes públicos promoviendo un estilo de vida saludable. El estilo de vida pacífico también es saludable.

Sin embargo, como no genera ingresos inmediatos, pues poco importa que el gobierno sea el que se encargue de difundir como se va a lograrla.  Pero es que lo de menos son los acuerdos de la Habana. No existe un acuerdo de paz perfecto, ni siquiera eficiente, si no existe la voluntad del pueblo. Voluntad ¿de qué? Voluntad de perdón.

Estos conceptos: paz, filosofía de vida, estilos de vida, voluntad, perdón, tolerancia, y muchos más que se derivan del primero, no se aprenden porque sí, porque alguien nos dijo “Ahora en Colombia se acabó la guerra”. Estos conceptos deberían difundirse a toda la población, especialmente a aquellos que están abandonados en campos y ciudades, al pueblo donde el Estado ha estado ausente durante décadas.

Ahora bien, ¿cómo debería llegar este mensaje? La presencia del Estado debe empezar a sentirse, el bienestar social debe hacerse efectivo a todos los niveles, no se necesitan más leyes, sino menos corrupción. Y dentro de esta presencia, la más importante es la de la educación (no la escolarización, que son términos complementarios, pero no sinónimos).

Sea cual sea la corriente pedagógica que se aplique, el objetivo último de la educación es transmitir un mensaje y buscar que éste sea recibido adecuadamente por el educando. El mensaje no puede ser otro que el amor. Y ¿qué tal si repensamos el amor como la capacidad de entregarlo todo por una causa que con toda certeza se considera justa, aun cuando todo indique que se enfrenta a gigantes molinos de viento?

Eso es justamente lo que propongo, enfrentarnos al paradigma de “ser colombiano” y lograr un cambio de mentalidad de la sociedad, empezando a inculcar otra forma de ver las relaciones con uno mismo y con los demás empezando por los hogares, siguiendo en los jardines y escuelas. Empoderando a los adolescentes y jóvenes (así como en los años 60 y 70 los jóvenes se empoderaron de muchos cambios en la sociedad a nivel mundial) para que descubran que el futuro de cada uno se forja trabajando en equipo sobre sueños comunes.

La paz verdadera y duradera se logra aprendiendo a conjugar los verbos amar, soñar, trabajar, cooperar, colaborar, vencer, y el más importante de todos para nuestro contexto histórico: PERDONAR. Perdonar no solo al guerrillero o paramilitar, perdonar al vecino que dejó que su perro se pasara a nuestro jardín o perdonar al que nos traicionó de la peor forma que podamos concebir.

Y es que el perdón es más valioso para quien lo otorga que para quien lo recibe, porque le permite liberar el peso del rencor y avanzar liviano al futuro.  Pero perdonar no significa admitir el abuso del agresor, como ocurre, por ejemplo, con las mujeres maltratadas que son muchas más y de muchas más formas de las que las estadísticas muestran, consiste también en empoderarnos, querernos, ya que amar no significa subyugar o dejarse someter, amar significa construir.

Estos cambios de mentalidad propuestos nos llevan a concluir que la paz, va más allá de la firma en un papel, la paz tenemos que forjarla todos. El triunfo de la paz está en el respeto por las diferencias. Cuando aprendamos a convivir con respeto entre clases, colores, credos, géneros, orientación sexual, gustos, filiaciones políticas, estaremos conviviendo en paz. No serán necesarias las políticas de inclusión social porque la inclusión será inherente a la convivencia.

Pero todo esto sería simple retórica si no tenemos un plan de acción verdadero y factible que garantice que vamos a llevar a cabo un trabajo del que esperamos resultados a corto, mediano y largo plazo; y que con toda seguridad podrá servir de ejemplo e inspiración para otras comunidades.

Picasso dijo en una ocasión: “todos los niños nacen siendo artistas; el problema es seguir siendo un artista cuando crecemos “.  Imaginemos por un instante un lugar donde los adultos no hayan perdido la capacidad de soñar, de crear, de volver realidad sus sueños. Si los adultos conserváramos esa capacidad infantil, el mundo sería un mejor lugar para vivir.

No puedo dejar de lado reflexiones del educador británico Ken Robinson, en su conferencia de Monterrey California en el 2006 “Las escuelas matan la creatividad”:

“Estamos educando a nuestros hijos para que puedan desarrollar todo su potencial dentro de ¿15/20 años? y, sin embargo, nadie tiene ni idea “de cómo se verá el mundo en 5 años”. La imprevisibilidad es, por tanto, extraordinaria. En lo que todos coincidimos es en la extraordinaria capacidad que tienen los niños, en su capacidad de innovaciónTodos los niños tienen un extraordinario talento”.

Partiendo de estas reflexiones, surge la propuesta de empezar a forjar una generación de niños y jóvenes creativos, capaces de encontrar alternativas a los retos que de adultos se enfrentarán en la nueva Colombia que nace a partir del 23 de junio de 2016, con la anhelada firma de los acuerdos de paz de la Habana.  

En la Mesa Cundinamarca, la señora Alcaldesa Mercedes Rodríguez, dentro de su plan de gobierno, propone implementar talleres de lectura que impliquen el despertar integral de las capacidades creativas, intelectuales y sociales de nuestros niños y adolescentes, y por extensión, de su entorno familiar directo.

He encontrado dentro de la política de gobierno del municipio una coherencia total con mis reflexiones iniciales, y para dar forma a la propuesta sugiero unos talleres enfocados a la lectura y creación artística (creación literaria, teatro, manualidad, juegos, plastilina, etc.) y un tema transversal, que es La Paz, con unos subtemas apropiados al objetivo, como es el Respeto, reconocimiento del machismo como generador de violencia, el perdón, el amor, la amistad, el respeto a la vida, la igualdad Vs. Equidad, la esperanza como motivador de vida, entre otros.

Teniendo en cuenta que la población objetivo de los talleres se encuentra en áreas rurales y urbanas de escasos recursos, una de las estrategias a implementar está el empoderar a los niños y adolescentes para alfabetizar a sus padres y/o abuelos, bajo supervisión y observación profesional. Esta estrategia, además de cumplir con el objetivo inicial de alfabetizar a los adultos, otorga espacios para la integración familiar, de manera que este mismo núcleo, se convierta en un multiplicador de experiencias de cambio dentro de la sociedad.

Es importante tener en cuenta que cuando se quieren integrar elementos nuevos a la cultura de un pueblo, no podemos caer en el facilismo de pretender que un par de “lecciones” bastan. Los temas deben ser tratados de acuerdo a la edad, nivel académico y nivel sociocultural de los participantes a los talleres, donde los participantes no deben sentir que se les “quiere imponer como vivir”, se trata de que, por medio de estas actividades lúdicas, ellos mismos reconozcan los valores que se necesitan y que deben cultivarse para forjarnos un futuro más amable. 

Es una culturización que empieza por nosotros mismos, los padres, docentes y líderes de la comunidad, que va a tomar tiempo, tal vez años, no podemos esperar resultados inmediatos. La consigna es no desfallecer, porque se trata de crear nuevos paradigmas de convivencia en sociedad, y que estos talleres puedan concientizar de alguna manera a niños, jóvenes y adultos de que la cultura de la paz empieza por uno mismo.

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Laura María Pineda
Gran Maestra Premio Compartir 1999
Dar alas a las palabras para que se desplieguen por la oración y vuelen a través de los textos para que los estudiantes comprendan la libertad del lenguaje.