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El futuro de una nación es el presente del maestro en su aula

La formación en valores, ¿clases de relleno?: el jaque antes del mate.

Junio 19, 2018

Creo que entre todas las profesiones, la que más debería ser valorada por las naciones y por la sociedad en general es la que tiene que ver con la formación de quienes tomarán en sus manos las riendas de la sociedad para dirigirla, impulsarla, gobernarla y, sobre todo, en nuestro contexto colombiano humanizarla.

Llama la atención que Colombia ocupe el puesto 90 entre 175 países en el tema de la corrupción, tendríamos que preguntarnos en qué está fallando el sistema educativo basado en competencias, unas competencias a lo mejor centradas más en lo práctico y en lo cuantitativo en medidas de pesos que en el componente humano y axiológico. Salimos competentes para muchas cosas e incompetentes para todo lo que tiene que ver con lo humano.

Veo con preocupación que todo el esfuerzo de las instituciones, maestros y alumnos van encaminados a responder a unas pruebas que miden el nivel de calidad académico de instituciones y de estudiantes, no educamos al ser humano para la vida, y el componente axiológico y religioso que en otro tiempo fue el fundamento de la educación hoy en día cada vez es más subvalorado hasta llegar al punto de llamarlo “materia de relleno”.

Qué lástima que en universidades y colegios sea relleno aquello que por su carencia está a punto de destruirnos: la crisis en valores, el mar de pus en el que se encuentra sumergido este país como lo dijo en una ocasión un congresista. Como educador, creo que la formación en valores tiene un valor inestimable en estos momentos coyunturales.

Si es relleno es porque sobra, no es importante y está demás. Esa es la mentalidad de los colombianos, autómatas de una sociedad de consumo que ha hecho desaparecer el horizonte metafísico de la psique de las personas y que, de igual manera, ha ido saliendo lentamente del sistema educativo, pues la ley 115 nada dice al respecto sobre los estándares curriculares en estas materias, no es algo importante para el país.

Es relleno que te hablen de la justicia, de respeto y de solidaridad, por poner algunos ejemplos. Luego te despiden injustamente para darle el puesto a otro por razones políticas y te quejas. Ves que el país está en manos de ladrones y te quejas. No quieres saber del respeto, después tu cónyuge te es infiel y te quejas. No queremos saber de lo humano y después nos quejamos cuando el mundo nos ve y nos trata como meros instrumentos de producción.

Nuestros estudiantes no quieren saber de valores y no entienden que de ellos dependemos para sobrevivir. Con todo, podrá crecer la producción en las empresas y el producto interno bruto del país con profesionales competentes desde cada una de las especificidades del saber, pero si estos no han recibido una mínima de formación desde la otredad, tendremos una sociedad cada vez más centrada en sí misma y en su ego pero más deshumanizada.   

En el siglo XVI, Thomas Hobbes dijo “Homo homini lupus”, o sea, el hombre es lobo para el hombre. Desafortunadamente, esta es nuestra condición: el hombre siempre quiere más y nunca está satisfecho, la codicia nunca se sacia y si en la escuela y en la casa no enseñamos al hombre a respetar la vida, la dignidad y los derechos de los otros, tendremos una legión de lobos contra lobos, con la abismal diferencia de que hay unos pocos lobos rapaces y poderosos dueños de casi todo que tienen de sobra pero están tristes, vacíos e insatisfechos porque les falta Dios.

Si el hombre no sale de su postura egoísta y su posición narcisista, si no considera que un día va a morir y lo dejará todo, si no siente algo de respeto hacia Dios y su ley y algo de aprecio por los demás, acabaremos en la autodestrucción. Cuán importante es enseñar a las personas el precepto de “amar al prójimo como a sí mismo”, por poner solo un ejemplo en esta materia.

En la escuela queremos ser los primeros y sacar las mejores notas, más no queremos que se nos coarten en nada. Luego, en la universidad, la misma competencia por ser los mejores y salir pronto para ganar mucho dinero. Después, en una empresa, sea como jefes o empleados, queremos ser los mejores, así sea pisoteando al otro, disminuyendo al otro, humillando al otro, despidiendo al otro. Como teólogo, pienso que nuestro mayor problema es que hemos ido olvidando que hay un después y que esta vida temporal no lo es todo.

Olvidamos que nuestras seguridades humanas, por sentadas que las demos, no dejan de ser contingentes y transitorias, y al final del camino nos encontraremos con las manos vacías, cuando no entendimos lo paradójica que es nuestra concisión: nos realizamos y encontramos la felicidad en el servicio y la entrega a los demás, la felicidad es más un movimiento centrípeto que un movimiento centrifugo, no depende tanto de lo que entra a mí sino de aquello que sale de mí.

Un país como Colombia, roído por el cáncer de la corrupción, necesitaría reconsiderar lo que en colegios y universidades se está enseñando en materia axiológica. Puesto que “Todas” las instituciones públicas y privadas están dirigidas por la corrupción: corrupción en la policía, el ejército, el DAS, la salud, la educación, la política, la justicia, etc., y creo que una decisión de estas tiene carácter imperativo y es un tema prioritario que responde a nuestro contexto y nuestro tiempo.

Una sociedad como la nuestra, que adolece de valores, habla de una educación que carece de los mismos. Pero todo eso no es más que clases de relleno, el jaque antes del mate de nuestra propia ruina.

Escrito por
Licenciado en teología. Docente de la Institución Educativa Compartir Suba.
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Belkis Briceño Ruíz
Maestra del Colegio Antonio Nariño IED
Cuando uno quiere enseñarle algo a alguien, el que aprende es uno. Eso sucede en la escuela. Eso es lo que buscamos los maestros a diario