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El oficio del maestro

El reconocimiento de la experiencia del maestro como elemento que aporta en la construcción del saber pedagógico favorece la motivación y el interés por innovar y aplicar estrategias diferentes.

Septiembre 17, 2018

El acto de conciencia de pensarse como maestro es un ejercicio racional que implica verse como sujeto que interviene en el mundo, intervención que aunque en apariencia pequeña, incide en la transformación de las realidades y en la vida misma de las personas. Una hormiga lleva a cuestas una carga aparentemente insignificante, que unida a la de las demás, produce avances estructurales y grandes posibilidades de cambio y renovación. De este modo son las situaciones cotidianas las que miden nuestra capacidad de enfrentarnos a grandes batallas, es la conciencia sobre el accionar la que nos permite comprender el sentido de lo que hacemos, más allá del habitus que nos mimetiza en la práctica pedagógica.

De esta manera, Freire (2004) nos enseña que la autonomía es la base de la toma de conciencia del trabajo del maestro, de las decisiones que enfrenta y la reflexión continua que debe hacer desde lo que sabe y hace. Definirse como maestro implica establecer para sí mismo un lugar en el mundo y un sentido a la existencia misma. Hallarse como el mediador entre la enseñanza y el aprendizaje exige una especificidad humana que involucra la seguridad y la competencia profesional, pero también la generosidad, el compromiso y la libertad.

El trabajo del maestro trae consigo una reflexión permanente que justifica su labor. Las preguntas sobre su quehacer van del qué al quién enseñar y del para qué y el cómo enseñar. Este es el punto de partida que utiliza Gallego (1990) en su aproximación al concepto de saber pedagógico. En el entendido de que el saber pedagógico está en la enseñanza, en donde, es posible comprender su trascendencia cuando se observan las circunstancias específicas del maestro en torno a su historia, su proceso formativo, y el contexto en el que se desenvuelve, es decir, la institución, el aula de clase y el grupo de estudiantes. En ese sentido, la relación del maestro con el saber pasa por la percepción que este tiene de su identidad, de su grado de conciencia y de reflexión.

La relación saber-maestro esta mediada por la experiencia. Esta le da la posibilidad al docente de pertenecer a una comunidad pedagógica con la que se identifica porque es en ella en la que ejerce su práctica pedagógica. Esa experiencia es la que enriquece su discurso y le amplía los horizontes para enfrentar situaciones nuevas que trae consigo el mundo moderno, lo que le permite hacer parte de un campo teórico-práctico y aportar desde sus narrativas y vivencias.

Así, un ejemplo de un buen quehacer docente es la experiencia del profesor Carlos Arturo Charria MEMO, la cual , es un intento por encontrar una solución ante los desafíos, que nace de inquietudes personales, del diálogo con estudiantes y colegas, de lecturas sobre la memoria histórica, el conflicto armado y literatura. De este modo, el museo no es sólo lo que se exhibe en sus paredes y pasillos, también es teatro, talleres, conferencias, radio y música. En donde, la exposición evidencia cómo la memoria se ha construido desde los territorios y sus comunidades, al tiempo que nos habla de resistencia y de esperanza. Es por eso que, la memoria en Colombia no sólo es un recuento del dolor, sino un llamado al futuro, que contribuye a la reparación de las víctimas. Ya que, no basta con llenar un museo con estas historias, si los visitantes no llenan sus corazones con empatía y solidaridad.

En ese sentido, a través de la experiencia del profesor Carlos Arturo Charria puedo deducir que el maestro es un profesional reflexivo que analiza sus propias prácticas, resuelve problemas e inventa estrategias, en un proceso meta cognitivo que le exige identificar sus conocimientos y habilidades al momento de comunicarse con sus estudiantes en donde el oficio del maestro se ve reflejado cuando acude al hecho pedagógico para establecer intercambios pedagógicos y socio afectivos con el fin de crear situaciones de aprendizaje que favorezcan el conocimiento en sus estudiantes.

Por último, creo que el reconocimiento de la experiencia del maestro como elemento que aporta en la construcción del saber pedagógico favorece la motivación y el interés por innovar y aplicar estrategias diferentes. De tal manera que, visibilizar al docente, su práctica pedagógica y el cúmulo de sus experiencias incentivan la creatividad y estimula la toma de conciencia para renovarse en el marco del ejercicio profesional y del propio proyecto de vida.

 


Referencias:

  • Freire, P. (2004). Pedagogía de la autonomía. Sao Paulo: Paz e Terra.
  • Gallego, R. (1990). aber pedagógico, una visión alternativa. Bogotá: Magisterio.
  • Díaz Quero, V. (2006). Construcción del saber pedagógico. Táchira: ULA.
  • Charria, A. (2018). Exponer la memoria. Bogotá. El Espectador.
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Gustavo González Palencia
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