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El profesor que ve en el regreso a las aulas la mejor estrategia para enfrentar la pandemia

Así lo resalta Carlos Cardona, profesor del colegio Rodolfo Llinás, quien anhelaba el reencuentro presencial con sus estudiantes en el 2022. 

Febrero 13, 2022

Sus estudiantes lo llaman ‘el profe Carlos’. Tiene 65 años, de los cuales 33 los ha dedicado a la enseñanza en el área de educación religiosa en el Distrito. Para él es un orgullo haber sido el primer docente de bachillerato que ingresó al colegio Rodolfo Llinás de la localidad de Engativá desde su fundación en el 2012.

Carlos jamás imaginó que los dos últimos años fueran de grandes retos y aprendizajes por cuenta de los efectos causados por la pandemia de la covid-19. Esta situación obligó a la suspensión de las actividades académicas presenciales en los colegios para proteger la salud de niñas, niños y jóvenes, y abrió las puertas de la pedagogía en casa a través de la educación por medios digitales.

Fue una oportunidad de transformación e innovación pedagógica para el sistema educativo de la capital en la que se diseñaron alternativas, planes y metodologías para que el aprendizaje de las y los estudiantes no se detuviera un solo día y tuvieran la posibilidad de cambiar sus realidades a través de la educación. Y Carlos estuvo en ese proceso.

Durante esta etapa fue fundamental el apoyo y acompañamiento docente en los procesos de la educación virtual. Y el maestro Cardona implementó nuevas herramientas pedagógicas y tecnológicas para continuar con la enseñanza de sus alumnos.

Lo primero fue aprender el manejo de diferentes plataformas como ZOOM, TEAMS y MEET para llegar con sus clases a los casi 700 estudiantes que tiene en la institución y participar en reuniones con compañeros de trabajo. Se apoyó en las redes sociales y el correo electrónico para comunicarse de forma efectiva con padres y alumnos.

A pesar de ello, el profe Carlos sentía el vacío en los procesos de enseñanza y aprendizaje. “Mis clases no eran las mismas, la virtualidad las hizo planas y poco participativas. La verdad, me hacía falta ver a las chicas y chicos para entender lo que pensaban; las expresiones de sus rostros pueden decir más que mil palabras”, destaca.

El profe Cardona está de acuerdo en que el impacto socioemocional en la vida de los estudiantes durante el confinamiento fue evidente, como lo mostró un estudio de caracterización de la Universidad Nacional y la Secretaría de Educación para reconocer la situación de la salud mental y bienestar psicosocial de niñas, niños y jóvenes de la capital.

Los resultados mostraron que algunos estudiantes manifestaron sentirse aburridos, desmotivados, cansados, sin energía, con el temor a estar solos y angustiados por el futuro. Asimismo, experimentaron dificultades en la atención y concentración, problemas para dormir, rabia incontrolable, desmotivación hacia el cuidado y presentación personal, así como, tristeza por el distanciamiento que tuvieron con sus amigos.

Esta situación no solo la vivieron niñas y los niños, también el maestro Cardona. “Al principio de la pandemia, pensé que el cierre del colegio sería por unos días. Pero cuando la virtualidad empezó a tomar más fuerza, comencé a deprimirme y a frustrarme, extrañaba el colegio, el olor del marcador, los pupitres, el ruido de los estudiantes, lo que causó un traumatismo en mí porque desde el primer mes que nos alejamos de las aulas, solo pensaba en regresar”.

Para desahogar esa esa soledad y la distancia que tenía con sus estudiantes se dedicó a trabajar en sus historias de vida. “Comencé a observar en las tareas cómo mis alumnos plasmaban su misión, su visión, sus objetivos, sus relaciones consigo mismos, con los demás, con la naturaleza, con Dios y finalmente, sus valores se reflejaban prácticamente en los trabajos, de los cuales yo aprendía y me sentía identificado. Esto se convirtió en algo reconfortante”.

“Me dedique tanto en los escritos de mis estudiantes que no importaba que fueran altas horas de la noche para seguir en esta tarea, sus trabajos me mantuvieron la mente ocupada”, cuenta el maestro que, sin embargo, sentía que esto no llenaba completamente. Para él, “los maestros se hacen con el estudiante en la escuela, en el salón de clases, en el patio, en el descanso, en los talleres; allí es donde se cumple la función como docente”. Por eso, para nuestro docente regresar a la presencialidad era lo más importante.

La apuesta por el retorno

Para la administración, regresar a clases presenciales era una decisión necesaria para mitigar los impactos de la pandemia en temas de salud emocional, desarrollo físico y académico, e incluso en la seguridad de las y los estudiantes. Las instituciones educativas son un entorno seguro, amplio y protector, un espacio diseñado para que los estudiantes sean felices en el que además de aprender, se protege su bienestar físico y emocional.

“La historia de la educación nos lo ha dicho siempre, con la presencialidad los procesos cognitivos, afectivos, socio afectivos y comunicativos se fortalecen. Por eso, es importante que los padres de familia asuman conciencia de que los niños deben volver al colegio, es el espacio natural de la enseñanza y de aprendizaje, no hay otro espacio distinto al colegio, aquí es donde podemos ser felices y socializar”, destaca el profe Carlos.

Así que, para el regreso, el maestro Cardona alistó su bata que no usaba desde marzo de 2020, compró marcadores, cuaderno, esferos, se puso su tapabocas por temas de bioseguridad y llevó su carné de vacunación con la dos dosis y el refuerzo. Feliz y motivado se trasladó al colegio para recibir nuevamente a sus estudiantes.

“Volver a la presencialidad fue un respiro total, yo estaba anhelando el retorno. La sociedad debe comprender que la educación virtual es un apoyo al proceso, pero no un sustituto de la educación”. Por eso, regresar a las aulas es la mejor estrategia para enfrentar la pandemia, permite el fortalecimiento de los procesos de aprendizaje en los estudiantes y lo más valioso, la interacción social”, destaca el profe Carlos.

“Fue una alegría enorme, yo no cabía de la alegría, de la felicidad de encontrarme nuevamente con mis chicas y chicos. No pudimos abrazarnos, por el tema de protocolos y distanciamiento, ellos querían hacerlo porque son muy afectivos y conmigo particularmente los estudiantes tienen una relación muy chévere, creo que así es la mejor manera de cuidarnos”.

Con sus compañeros fue distinto, ahora la situación del aislamiento los lleva a que en la sala de profesores estén lejos de unos de los otros y no se comuniquen con la misma intensidad como lo hacían antes.

Implementación de su materia

Las clases del profe Carlos antes de la pandemia se limitaban a elaborar mapas conceptuales en el tablero, a promover talleres sobre niveles de compresión lectora, dinámicas de grupo y trabajo individual.

Esta nueva realidad en la educación le dio un viraje de 180 grados; tuvo que cambiar la forma de enseñar, de transmitir el conocimiento a través de otros modelos. Esto lo motivó a pensar en nuevas herramientas didácticas, diseñar alternativas, planes y metodologías para las nuevas clases con sus estudiantes.

Ahora, con la experiencia de la virtualidad se apoyará para enviar material a sus estudiantes y para recibir los trabajos que requieran de herramientas tecnológicas y de innovación tecnológica para continuar en el nuevo sistema educativo.

El profe Carlos retomará con la presencialidad los procesos evaluativos con el estudiante, porque según él, no solamente es lo que el alumno escribe, sino ver cómo se comporta, sus actitudes y sus tendencias. “Esto permite a los estudiantes reflexionar un poco su proyecto de vida y una cercanía entre ellos, conmigo y la institución”.

En su concepto, “la interacción es fundamental en el aprendizaje y lo mejor del regreso es acompañar el proceso de mis estudiantes en aula. Su alegría me contagia y verlos tan activos demuestra que lo mejor que nos puede pasar es regresar a los salones de clase”.

El éxito de estos espacios evidencia el bienestar físico y emocional de niñas, niños y jóvenes, su fácil adaptación a esta ‘nueva realidad’ y el reencuentro positivo con las comunidades, así como, la apropiación de buenas prácticas de cuidado y autocuidado.

 


Imagen educacionbogota.edu.co

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