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La danza folklórica: una reflexión metodológica

En la danza folklórica el espacio de conocimiento debe estar permeado por eventos comunicativos, los cuales generen experiencias mientras crean significado.

Abril 6, 2018

La danza folklórica en la educación tiene un lugar de enunciación importante. Esta experiencia educativa construye y reconoce elementos asociados a la memoria y por esta vía; a la construcción de país. Atendiendo a esto, los procesos promovidos por este espacio educativo dispuesto por la danza, colaboran en la preparación del ser humano: Colombiano. Un compromiso que podría tener mayor reconocimiento desde el currículo en todos los niveles del sistema educativo de este país; pues en realidad circunscribe un movimiento que se relaciona con la consolidación de la identidad nacional.

Desde la danza folklórica se gestan los sentidos de pertenencia, que articulan la producción de significados y las relaciones que estos atienden a los procesos de identidad. Es así, que desde la danza se constituye un discurso, una imagen de país y de sus diversas regiones. La apreciación y reconocimiento de este país: Colombia; ha sido tomada por el área de danza como la posibilidad de transitar por nociones, representaciones y desarrollos expresivos que generan juicios apreciativos y procesos perceptivos acerca de las músicas y las danza folklóricas asociadas al folklore colombiano.

Es aquí, donde se contextualizan la regiones, sus características y en general se promueven articulaciones simbólicas que motivan en el aula, la intención de forjar reflexión en el estudiante. Esta experiencia resulta importante para matizar un sentimiento de pertenencia, una cierta emoción ante la herencia de los antepasados, que muchas veces agita el fervor tradicionalista, a tono con intereses morales, estéticos e incluso políticos depende de la institución.

Atendiendo a lo anterior, la danza folklórica suscita a través del cuerpo, el movimiento y la conceptualización; experiencias fundamentales para las vivencias y vinculaciones de los estudiantes. Situación que en la actualidad pierde potencia, gracias a las ambigüedades que esta práctica educativa empieza a suscitar.

Danza Folklórica: Metodologías delimitadas

En muchos casos, los procesos de danza folklórica en las instituciones educativas están permeados por referentes como: manuales, compendios y cartillas que estructuran, construyen y marcan maneras de hacer y enseñar. Prácticas metodológicas inamovibles establecidas en los imaginarios de los docentes, las cuales involucran no solo una enseñanza sistémica conductista, sino que evocan construcciones desarrolladas a partir de discursos delimitados, referencias precisas y objetivos más ligados al interés de salvaguarda a ultranza.

Aquellos que acogen estructuras absolutas, que deben mantenerse y custodiarse. Es así, que la Cumbia se baila de la misma manera en todo el Atlántico, así como; su vestuario es de tela con cuadros rojos y blancos y sus pasos básicos nunca cambian. De la misma manera, la campesina cundi-boyacense, solo se peina con dos trenzas en cada lado del rostro con moños rojos. Baila solo Guabina y Torbellino. Y se viste con blusa blanca, falda negra encintada y alpargatas.

No se puede negar, la fuerza que tienen estos cánones en la danza folklórica promovida en el aula. Sin embargo, estos antecedentes surgidos de procesos de catalogación rigurosa, impulsados por el estereotipo. Fijan pautas y se convierten en referentes consagrados que niegan una danza folklórica más natural y accesible a la experiencia vital del estudiante. Es así que muchas veces, esta área llamada “danza folklórica” es concebida como una constitución repetitiva. Situación que le da un carácter repelente, por llamarlo de algún modo, lo cual fractura estructuras emergentes promovidas normalmente por los educandos desde necesidades creativas que pretenden reacondicionar esta reiteración en clase.

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