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La educación artística: asignatura pendiente

Una mirada sobre la situación de la educación artística en el país.

Septiembre 17, 2015

Quiero empezar este texto aclarando que no soy licenciado en educación artística y que la relación más cercana que he tenido con ella es cuando leo o escribo. Sin embargo, he tenido la fortuna de estar en contacto con muchos compañeros que orientan esta materia y puedo afirmar que, el viejo adagio de nuestras mamás, “nos quedó grande esta materia”.

Cada vez parece más difícil hablar de una educación para el posconflicto sin tener en cuenta el papel que deben desempeñar el arte y la cultura como elementos de reconciliación e integración. Sin embargo, en la gran mayoría de las instituciones la educación artística sigue ocupando un lugar decorativo donde los perfiles para dictar la asignatura no son los indicados o su intensidad horaria es reducida; en fin: la enseñanza del arte  parece una cuestión de trámite en muchos de los colegios del país.

Considero que ese es el primer error: no valorar todo lo que el arte y la cultura ofrecen al desarrollo de los seres humanos y sobre todo de niños y jóvenes. Una verdadera enseñanza de la educación artística reinventa el mundo, incrementa la capacidad de asombro, propone la apropiación de la creatividad, abre puntos de vista singulares, en definitiva: abre las puertas a las distintas formas de analizar un problema para poder resolverlo; contrastando con otras asignaturas para las que sólo existe una óptica y una solución.

El otro problema por el que creo que pasa la educación artística tiene que ver con el enfoque que algunos docentes le dan y aquí sí quiero referirme a las palabras de la profesora Luz Elena Acevedo Lopera, experta en el tema, quien afirma que esta asignatura se ha visto como un lugar donde el estudiante debe aprender unas técnicas para la pintura o para la música o para cualquier dimensión que se haya propuesto el colegio, ella cree que esas habilidades se deben dejar para la facultad de bellas artes, por ejemplo, si el estudiante quiere seguir la disciplina artística, pero que el arte es mucho más allá que eso, y ella habla de la necesidad de que desde la clase de educación artística se dé el enfoque hacia la expresión personal: que el arte sea, más que una recolección de técnicas una forma de expresarse; lo que me recuerda el proyecto de “Las Fridas” en el que Oswaldo Rocha y Edith Vernaza, en el que sin necesidad de tanta técnica, demostraron que mediante el arte se puede hacer catarsis.

Esas niñas vestidas de Frida Khalo, por medio del arte, subliman su dolor y lo utilizan como herramienta creadora es la prueba irrefutable de la necesidad que se tiene de una apropiación del arte en un país necesitado de reconciliación.

Considero que ese es el primer error: no valorar todo lo que el arte y la cultura ofrecen al desarrollo de los seres humanos

Las preguntas que surgen son ¿qué estamos esperando para darle a la educación artística y cultural el lugar que se merece dentro de nuestras prácticas pedagógicas?  ¿Vamos a seguir apostándole únicamente a la formación de las materias que solicita la OCDE para meternos en el baile de los países desarrollados o nos atrevemos a invertir tiempo y dedicación para hacer de este, no sólo el país más educado, sino el más cultural de América latina? 

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Laura María Pineda
Gran Maestra Premio Compartir 1999
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