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La familia en el aula

La realidad a la que se enfrenta un educador a diario en su aula de clases. Palabras de una docente de la Institución Educativa Compartir Suba. 

Abril 20, 2018

Desde el inicio de mi práctica docente he conocido muchas personas de diferentes edades: adultos, niños y jóvenes, todas ellas con personalidades muy particulares, de diferentes edades y con condiciones sociales y económicas de todo tipo.

De estas experiencias personales hay algunas que han cambiado mi perspectiva de la educación, debido al entorno familiar y la manera cómo influye en el desarrollo de los niños y en mi crecimiento como maestra.

Una de las experiencias que más ha marcado mi vida fue trabajar con niños en  condiciones de vulnerabilidad; niños influenciados por la descomposición social del lugar en donde vivían, por vivir bajo un mismo techo y compartir el lugar donde duermen con los animales que les ayudan a conseguir recursos para el sustento de su familia, niños preocupados y condicionados por la alimentación, niños carentes de afecto pero afectuosos a la vez.

Niños condicionados por las personas con quienes convivían; sus padres y los adultos que los tienen a su cargo consiguen  el sustento como vendedores ambulantes, trabajadoras sexuales, recicladores, estas personas los inscriben y los envían al colegio no por la importancia del estudiar, sino porque ven en los centros educativos y recreativos un lugar “la guardería” en donde unos cuidadores los separan de la calle y no quedan expuestos a tantos peligros; estos niños tienen tantas dificultades que descubren en los espacios artísticos una oportunidad para ocupar el tiempo libre, los ayuda a entretenerse, divertirse a hasta a distraerse de la dura realidad.

Allí puse mi granito de arena como maestra de artes para ofrecerles un espacio acogedor y creativo dentro de mi aula.

Otra experiencia de contraste fue el haber trabajado con niños con condiciones de condiciones económicas de estratos superiores, familias consumidoras que se mueven en medio de los artículos de marca, medios digitales de alta tecnología, viven en lugares cómodos y hasta lujosos, con padres con profesiones o cargos destacados y bien remunerados, hijos de empresarios independiente, políticos, médicos, que, por viajes o negocios, delegan en otras personas el cuidado y no dedican tiempo para compartir con sus hijos desde muy pequeños, niños con todos los recursos, pero que se sienten solos, abandonados, carentes de afecto y atención, que piden ser reconocidos y paradójicamente al igual que los niños en condiciones económicas de bajos recursos descubren en las actividades artísticas un espacio para el encuentro, la recreación, y sobre todo encuentran el medio de  las artes la expresión de todo su sentir. Nuevamente se dio la oportunidad para ofrecer un espacio acogedor y creativo dentro de mi aula.

En mi actual experiencia tengo niños en su mayoría con ambientes familiares favorables y adecuados lo que se refleja de manera positiva en el colegio, algunos requieren de un acompañamiento continuo, con padres que en su gran mayoría trabajan y se esfuerzan por brindarles las mejores condiciones de vida.

En esa realidad actual me encuentro viviendo una nueva experiencia, la cual me tocó enfrentar en mi aula de clase, la realidad de mi familia en el trabajo; en el comienzo esta situación me generó estrés, ansiedad, angustia y tensión por lo que los demás, incluidos los adultos y los niños podían opinar o sentir sobre la situación de tener a mi hija en clase, hubo momentos que los estudiantes me pedían condiciones especiales y beneficios por ser compañeros de mi hija, de recibir quejas o sugerencias de parte de ellos, ya no había diferencia entre mi trabajo y mi papel de madre, tuve que recurrir al consejo de otros docentes, dialogar con todo el salón sobre la situación y dejar los límites claros para que no afectara la buena comunicación con mis estudiantes y mi relación  de doble vía con mi hija.

Ser una maestra de artes que cumple dos roles dentro del aula sin confundirlos, es otra oportunidad para reflexionar sobre mi quehacer, sobre mi práctica pedagógica, sobre los límites y las fronteras que como adultos debemos aprender a gestionar, no hay mejor espacio para crecer y cualificar nuestra trabajo que el reflexionar sobre las experiencias y las vivencias en el aula de clase, allí hay una gran oportunidad para nuestro crecimiento.

Me alegra vivir esta etapa, ver que todo lo que somos, contemplar todo lo que podemos aprender de la vida, lo que traemos de casa, se mezclan con la experiencia del arte, siendo un medio de expresión que permite superar situaciones que ponen a prueba a los niños y que en esta oportunidad le permitió a mi hija ser reconocida por sus habilidades y su esfuerzo personal. De manera particular me permitió robustecer mi experiencia como maestra.


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Escrito por
Dibujante arquitectónica. Directora del ambiente de formación artística y docente de educación artes de la Institución Educativa Compartir Suba.
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María Del Rosario Cubides Reyes
Gran Maestra Premio Compartir 2006
Desarrollé una fórmula química que permitió a los alumnos combinar los elementos claves para fundir la ciencia con su vida cotidiana sin confundir los enlaces para su futuro.