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La hiperactividad: ¿la excusa para el berrinche del siglo XXI?

Conocer más del problema y tener la capacidad de distinguir los síntomas del trastorno amplía las posibilidades para responder a las necesidades especiales que demanda este tipo de población. 

Junio 27, 2018

Cuando en el salón de clases nos encontramos con un estudiante que tiene ciertas características en su comportamiento, que parece desentonar en un grupo, lo primero que hacemos es encasillarlo y darle un nombre que identifique esa actitud “inadecuada” para el aula.

Inmediatamente pensamos que es un posible problema para el clima escolar y buscamos estrategias dentro del aula que nos ayude a lidiar con esta situación. Muchas veces estos intentos resultan fallidos por el desconocimiento ante el posible trastorno, tanto del docente como de la familia del infante.

El evidente desconocimiento de este tema, principalmente en las personas más próximas a los niños, genera una dificultad mayor en la formación de esta población infantil, provocando así inconvenientes en los diferentes ámbitos en los que se desarrolla. El no conocer este trastorno del TDAH genera consecuencias negativas directas en la población infantil, las familias, amigos y otras personas de su entorno inmediato, pues sufren el rechazo, la insensibilidad y la falta de consideración hacia el trastorno.

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) no es una simple conducta, es una enfermedad de carácter neurobiológico que ocurre cuando las neuronas no hacen la correcta sinapsis, originando en los niños falta de atención o atención dispersa y el exceso de movimiento de sus extremidades. Se asocia a otros trastornos como: trastorno de conducta, trastorno de ansiedad, trastorno del ánimo, tics, trastorno del aprendizaje, entre otros.

Los síntomas pueden manifestarse con una intensidad variable en cada niño y puede presentarse, según el DSM-5 Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, así:

  • Trastorno de bajo nivel de atención o hiperactividad con predominio del tipo falta de atención. Existe falta de atención y no hay indicios de hiperactividad-impulsividad, más común en niñas.
  • Trastorno de bajo nivel de atención o hiperactividad con predominio de hiperactividad. El niño evidencia hiperactividad, impulsividad, pero no existe falta de atención.
  • Trastorno de bajo nivel de atención o hiperactividad combinada. Se encuentra tanto el criterio de hiperactividad como de falta de atención. Siendo ésta la más común.

Tras una lectura e investigación juiciosa se han encontrado varios autores que desde sus disciplinas definen el TDAH, pero entre ellas, escogí una que a grandes rasgos describe la sintomatología de este diagnóstico, José Luis Arco Tirado lo plantea así en su manual de evaluación e intervención psicológica en necesidades educativas especiales:

 “Dentro de esta categoría se incluye chicos que fracasan continuamente en las tareas escolares u otras actividades, no pasan tiempo suficiente jugando a un mismo juego, no siguen las instrucciones verbales y no terminan los trabajos o encargos que se les hace, tienen dificultades para organizar tareas o actividades, presentan resistencia al realizar tareas que requieren de mayor esfuerzo mental sostenido, se distrae por detalles irrelevantes, mueven manos y pies en exceso, se levantan de su asiento en clase numerosas veces, corren o saltan en situaciones inapropiadas, hablan excesivamente, tienen dificultades para guardar su turno e interrumpen y se inmiscuyen en las actividades de otros. Se puede afirmar que el comportamiento del niño hiperactivo va a provocar un gran impacto en las personas de su entorno: padres, profesores y compañeros"[1]

A pesar de que algunos estudios indiquen que esta población posee un alto coeficiente intelectual, los niños diagnosticados con este trastorno TDAH suelen presentar un rendimiento escolar bajo, encontrando con frecuencia una mayor dificultad en el aprendizaje de las asignaturas como lenguaje y matemáticas. Adicionalmente presentan déficit en el desarrollo de habilidades sociales y emocionales, lo que siempre dificulta su relación con los compañeros y demás personas del entorno.

Estas dificultades sociales en muchas ocasiones están siendo causadas por docentes y padres de familia que no comprenden el diagnóstico y tratan de forma inadecuada a los niños con TDAH, generando en ellos una baja autoestima y dificultades en su entorno social, siendo común el repudio de integrantes de la familia y en algunos casos de profesores y compañeros del colegio, quienes al no comprender la situación simplemente los señalan como malcriados, berrinchudos, caprichosos y groseros.

El conocer más del problema y tener la capacidad de distinguir los síntomas del trastorno, en el hogar, en la escuela y en los demás escenarios en los que se desenvuelven los seres humanos, amplía las posibilidades para responder adecuadamente a las necesidades especiales que demanda este tipo de población. El saber que se debe desarrollar un trabajo interdisciplinar entre pedagogos, médicos especialistas (pediatras, psicólogos, psiquiatras…) facilitaría el diagnóstico y manejo adecuado de este trastorno que aqueja a nuestros niños hoy en día.

Y aunque se entiende que el déficit de atención no es la única causa de los problemas de aprendizaje, sí es un factor muy relevante que influye en este y todos los aspectos de la vida del ser humano, y debería ser un deber nuestro como maestros, informarnos, apoyar adecuadamente a esta población y orientar a las familias para que inicien un proceso adecuado de diagnóstico y tratamiento.


[1] ARCO, Tirado José Luis- FERNÁNDEZ, Castillo Antonio (coordinadores) BELDA, Carlos- Fernández, González José y otros. ”Manual de evaluación e intervención psicológica en necesidades educativas especiales” publicación  España, Madrid, Buenos Aires. P. 197

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