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Las preguntas provocadoras en el aula

El poder de las preguntas como estrategia en los procesos de enseñanza – aprendizaje.

Septiembre 10, 2015

He comprobado que los buenos profesores tienen la mágica habilidad de “provocar”, de jugar y construir una serie de preguntas que son retadoras, interesantes y provocadoras para sus estudiantes. El hacer  preguntas claves y provocadoras es una de las estrategias más interesantes en los procesos de enseñanza-aprendizaje que se puede utilizar en el aula, ya que utilizando la comprensión de cada estudiante y generando ambientes de aprendizaje eficaces, la dinámica de aula se fortalece y el aprender deja de ser rutinario y se transforma en algo atractivo y motivador.

Cuando me refiero a un ambiente de aprendizaje eficaz, habló  precisamente de aquel en que en gran manera se estimula a los estudiantes a aprender. En mi caso como profesor de ética, he ido identificando que el hacer preguntas que los estudiantes perciban como  interesantes y significativas, son una herramienta que integrada con la  tecnología y  materiales lúdicos variados, hacen de una sesión de clase un gran laboratorio de pensamiento crítico, de construcción de ciudadanía y de deliberación enriquecedora.

El hacer preguntas provocadoras, presenta retos o problemas fascinantes, estimula que surjan más  preguntas y este producto de las disertaciones de los propios estudiantes, incitando que los estudiantes se empoderen de las preguntas o problemas como suyos propios buscando soluciones y generando más preguntas y la búsqueda de nuevas respuestas.  Un docente provocador es capaz de estimularlos a pensar críticamente: aplicando, analizando, sintetizando y evaluando la pregunta o el problema, dejando de lado la tradicional  memorización y cambiando el rol docente al de un  provocador cultural, dejando de ser un  transmisor o de generador de conocimiento, para convertirse en un mentor,  guía y compañero de aprendizaje de sus muchachos.

Lo clave a la hora de plantear preguntas provocadoras, es tener presente que aunque siempre aparecerán preguntas ingenuas, preguntas densas y tediosas, preguntas mal formuladas, preguntas sin sentido, toda pregunta tiene una razón de ser y es un deseo por entender el mundo. Recuerde que para poder desarrollar el pensamiento, es necesario implementar en el aula un ambiente y lenguaje del pensamiento, donde se puedan denominar, describir, distinguir los distintos procesos cognitivos y reflexionar sobre los mismos, desde la humanización de cada miembro de la comunidad.

La ventaja de las preguntas provocadoras es que terminan siendo una excusa para que  los estudiantes compartan ideas, intercambien puntos de vista y discutan, desarrollando entre todos, diferentes modelos de participación, infinidad de conclusiones, integración de múltiples saberes y la construcción colectiva de una respuesta. En un entorno académico donde cada uno puede decir lo que piensa, interactuar con libertad y se promueve el respeto por las ideas del otro, se va creando un ambiente de confianza donde cada uno puede mostrar tanto sus fortalezas como debilidades.

Hace poco conocí una experiencia denominada SOLE, un espacio en donde entre 20 o 30 participantes trabajan en grupos de 4 o 5 personas con un computador o un dispositivo móvil ,con conexión a internet, donde se plantea  una pregunta provocadora que se transforma en el centro del trabajo de cada uno de los grupos. Se da un tiempo de búsqueda por grupo, para investigar toda la información que pueda acerca de la pregunta, discutirla y organizarla, y luego se hace una socialización de respuestas para terminar la sesión. Al final de la sesión, las conversaciones resultan en más preguntas que respuestas, lo que permite iterar el proceso con las nuevas preguntas.

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Rubén Darío Cárdenas