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Los ojos de la clase

A pesar de las resistencias, el  cambio metodológico en la educación es imparable. Un llamado a los maestros y rectores.

Febrero 5, 2019

Hace unas semanas, en un colegio cualquiera, la tutora de sexto se puso enferma. El médico le recomendó reposo. Al día siguiente un joven interino se hizo cargo de su clase. Lo primero fue hablar con la Jefa de Estudios:

— Me gustaría ver la programación que sigue la compañera.
— ¿Programación? —contestó ella extrañada.
— Sí, más que nada para saber qué toca hoy.
— No te preocupes, eso ya lo saben los niños. Ahora te lo dicen ellos.

"Vaya, que clase más responsable me ha tocado", pensó el maestro sustituto, "se han hecho cargo de la información que su maestra les ha dado para transmitírmela". Cuando se puso al frente del alumnado quiso felicitar al grupo por la madurez demostrada. Pronto descubriría que estaba equivocado.

—Profe, no solo sabemos lo que toca hoy —le dijo una niña que había levantado la mano—. En realidad sabemos lo que toca todo el curso.
—¿Y cómo es eso? —preguntó el maestro.
—Bueno, es fácil: hoy explicas el punto uno, mañana hacemos las actividades, que corregimos un día después y al final de la semana nos preguntas. Y así con el punto dos, el tres y el cuatro. Todos los temas tienen cuatro puntos.

A pesar de llevar poco tiempo trabajando, el joven maestro comprendió la situación. Después de una pausa reflexiva dijo: "hoy vamos a hacer algo diferente". Solo con esa frase, con esa simple declaración de intenciones, los ojos de la clase se iluminaron.

Como estaban estudiando las plantas, el docente propuso bajar al patio del colegio para que cada alumno dibujara un árbol. Después tendrían que averiguar de qué árbol se trataba. El conserje los plantó hace años y ayudó mucho en la investigación.

Quince días después, la maestra titular ya estaba recuperada. Volvió a clase y comprobó que todo había cambiado: la distribución de las mesas (agrupadas de cuatro en cuatro, y no en filas de a uno), el nivel de ruido (más elevado por el trabajo en grupo)... los alumnos parecían divertirse.

El sustituto le informó de la metodología que había seguido y de los buenos resultados que, a su juicio, estaba logrando. La respuesta no fue la que esperaba: "Me has hecho perder quince días. Ahora no podré terminar el temario".

Lea el contenido original en la página web de la Editorial Magisterio.

 

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Escrito por
Doctor en Pedagogía.
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