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Mi batalla con el pispirispi

En un aula de clases colombiana, una profesora se enfrenta a un término que, aunque no encuentra significado, le da una guía para su quehacer docente. 

Junio 18, 2018

Cumplidos ya cuatro años, no de edad, sino de labor docente en Colombia, aún recuerdo mi primer “encuentro con los pispirispis”.

Era un sábado a golpe de medio día. Uno de los habituales sábados laborales, donde, en una de las también recurrentes actividades institucionales, se nos hizo conformar dos equipos entre docentes.

Ya no recuerdo el tema del debate. Solamente sé que en uno de los planteamientos era algo así como “… el exoesqueleto de los pispirispis”. ¡Vaya palabra más extraña! Las opiniones iban y venían mientras yo observaba en silencio.

Cabe mencionar que tampoco logro ver, mirando al pasado, si yo hacía parte del equipo a favor o en contra del planteamiento, pero sí recuerdo claramente, como podría describir lo que he desayunado, haber realizado mi temerosa y única pregunta durante la intervención: “¿Qué es un pispirispi?”.

Las risas de mis compañeros en ese tiempo parecían inundar la sala. Surgieron comentarios de todo tipo, desde piadosos hasta burlescos. Uno de ellos logró captar mi atención: “Cómo confundir a una veneca”. Hice caso omiso a todos ellos. Únicamente quería saber una cosa: ¿Qué rayos era un pispirispi?

La duda me acompañó un par de días más ya que, al preguntar, nuevamente recibí respuestas como, palabras más, palabras menos: “Un pispirispi no es nada… no significa nada”. Obviamente mi duda era ahora mayor.

Obtener una respuesta en ese momento, no hacía parte de mis preguntas existenciales, así que, como todo aquello que no se usa con frecuencia ni nos es importante, se olvida fácilmente.

Cuatro años después, sigo pensando en los pispirispis, pero ahora mi duda es: ¿para cuántos estudiantes habré sido un pispirispi? ¿Cuántos habrán olvidado mis lecciones al pasar de año, cambiar de trimestre o, quizás, al caer la tarde? ¿Cuál es el mejor camino para trascender en mis estudiantes y no caer en las penumbras del olvido como aquél viejo pispirispi?

Esas sí son preguntas que, en ocasiones, me desvelan. Por cierto, continúo sin tener claridad sobre qué es un pispirispi. Tal vez es mejor así.

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Belkis Briceño Ruíz
Maestra del Colegio Antonio Nariño IED
Cuando uno quiere enseñarle algo a alguien, el que aprende es uno. Eso sucede en la escuela. Eso es lo que buscamos los maestros a diario