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Mis días con Ethan

En mi quehacer pedagógico han llegado un sinnúmero de estudiantes que de una u otra forma han marcado mi labor docente. 

Agosto 25, 2017

Al llegar al Colegio Metropolitano de Soledad 2000, asumí un grupo de niños en donde el 96% de ellos eran nuevos y allí empezaba el reto: generar espacios que favorecieran la adaptación a la institución, a la metodología y modelo a implementar.

En mi grupo tenía estudiantes con grandes capacidades cognitivas, excelentes procesos lectores, convivencialmente se manejaban acorde a su edad, pero en ese grupo de niños había uno que llamaba completamente mi atención y cada día me sorprendía sus intervenciones, siempre lanzaba un interrogante que propiciaban que profundizara mis explicaciones en la clase, en especial las temáticas vistas en Ciencias Sociales y Ciencias Naturales; siempre que iniciaba la clase él estaba atento a la situación problema y cuando quería llegar a la pregunta problema él me decía: ¡Miss!.  Ya entonces sabía que él tenía formulada alguna pregunta para esa situación.

Cada día me esforzaba por llevar clases dinámicas, con actividades significativas que propiciaran el aprendizaje, pero también llevar material extra porque allí estaba él que de una u otra forma me exigía al máximo dar lo mejor de mí como docente.

Pero no todo es color de rosa. Mi estudiante estrella, el que siempre sacaba 10 no tenía un comportamiento adecuado, muchas veces o casi siempre se levantaba del puesto, se distraía, tenía juegos bruscos con sus compañeros y esto no permitía que en la convivencia obtuviera un 10, lo que afectaba su promedio y no lo dejaba ocupar el primer lugar.

En entrevistas con el acudiente lo conocí aún más, elaboramos estrategias para mejorar esta dificultad y le dije a la madre: ¡mi reto es que ocupe el primer lugar y lo voy a lograr! Esas palabras llenaron optimismo al acudiente.

Desde ese día he implementado diversas estrategias, me di cuenta de que le gustaba hacer dibujos por lo que dejaba que sacara un cuaderno de dibujo en los momentos que terminaba las actividades, además tenía empatía por un compañero al que senté al lado del niño y me ayudara a mejorar su comportamiento; él estaba feliz porque su mejor amigo siempre estaba a su lado, trabaje estímulos y el proyecto Pecera que buscaba que el estudiante que tuviese un comportamiento excelente se llevara el pez por una semana a su casa.

Y empezaron los cambios, hoy en día Ethan es mi mejor estudiante.

 

Imagen Designed by Freepik

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Escrito por
Normalista Superior con Énfasis en Educación Ambiental. Docente de Básica Primaria del Colegio Metropolitano de Soledad 2000.
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Irma María Arévalo González
Gran Maestro Premio Compartir 2002
Ofrezco a cada uno de los alumnos un lápiz mágico y los invito a escribir su propia historia enmarcada en los cuentos y leyendas de su cultura indígena.