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Padres no desean que sus hijos sean maestros

Son varios los factores que llevan a esta conclusión, sin embargo la remuneración, la falta de innovación y el poco apoyo estatal prevalecen en la mente de los padres de familia. Algo debe cambiar.

Febrero 6, 2019

Es sabido que los padres de familia tienen una gran influencia sobre las profesiones que adelantan sus hijos. Entre otras cosas, porque son ellos quienes, en la mayoría de los casos, asumen o contribuyen con los costos que implica la educación superior o terciaria que, como en el caso colombiano, lo asumen las familias y/o los propios estudiantes con sus propios recursos o a través de créditos otorgados por del sector financiero o el ICETEX, pues la financiación de la educación profesional por parte del estado beneficia en Colombia a pocas personas en programas recientemente implementados como son el “Ser pilo paga” que beneficia 40.000 estudiantes y el programa que lo reemplazo “Generación E” que llegó a sus primero 4.000 beneficiarios.

Cuando se les preguntó a un grupo de padres de familia con niños en edad escolar si tenían confianza en los maestros de sus hijos, una buena cantidad de ellos dijo que sí; pero la mayoría de ellos manifiestan que no quieren que sus hijos se conviertan en maestros, de acuerdo con los resultados de la encuesta internacional PDK.

Cabe preguntarse acerca de las razones por las cuales los padres de familia no desean que sus hijos sean maestros. Para el caso colombiano podríamos aventurarnos a decidir que algunas de las causas probables puede ser la creencia que se tiene de que el quehacer docente es repetir durante muchos años lo mismo, idea que no es acertada, pues un docente cada día, en cada clase, debe afrontar retos distintos, así los contenidos sean los mismos.

De otra parte, puede desempeñar sus funciones en diferentes cargos en su ejercicio profesional como, por ejemplo: ser directivo docente, asesor pedagógico, autor de textos escolares, manejar centros de interés, formador de formadores, entre otros muchos otros roles.

Otras razones podrían ser las relacionadas con la escasa valoración social de la profesión docente, lugares de trabajo sin buenas condiciones para el ejercicio de la profesión docente, tanto en las aulas como en las oficinas, y ambientes hostiles de trabajo en las cuales se presenta maltrato hacía el maestro por parte de los directivos docentes, colegas, estudiantes y/o padres de familia.

Aun así, las satisfacciones que recibe un docente cuando verifica que sus estudiantes aprenden y logran cumplir sus sueños y estilos de vida, hace que el ser maestro sea la profesión más gratificante de este mundo.

En Colombia deberían realizarse campañas como la de “Elige Educar” en Chile, que busca motivar a los jóvenes para que sean profesores. En dicha campaña los maestros en ejercicio cuentan las experiencias que los motivan a seguir siendo maestros, los aprendizajes que les dejaron sus estudiantes, las emociones que genera la relación enseñanza aprendizaje, entre otras cosas.

Así mismo, cada día hay más estímulos para los nuevos docentes y para aquellos que se encuentran en servicio, por lo que esperamos que en este siglo XXI sean muchos más los jóvenes que se sientan atraídos por la profesión de maestro y que ojalá en su selección de carrera cuenten con el apoyo y el respaldo de sus padres.

Escrito por
Director de Innovación Educativa de la Fundación Compartir
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Hoguer Alfredo Cruz Bueno
Gran Maestro Premio Compartir 2009
Logré vincular el aula y la comunidad rural a través de expediciones que marchaban tras la huella de la cultura local en tertulias de lectura que se convirtieron en lugares de encuentro entre los padres, los hijos, los textos y la escuela.