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Pensamientos de Ángel Yesid Torres: Gran Maestro 2014

Unas palabras que enaltece la profesión docente y brinda esperanza a la Colombia educadora.

Mayo 3, 2016

A continuación, Compartir Palabra Maestra reproduce las palabras expresadas por Ángel Yesid Torres, Gran Maestro Compartir 2014, en el marco del Premio Regional organizado en Boyacá por la Fundación Compartir en abril de 2016.

Es también esta una oportunidad para reiterar la gratitud a las personas que se esfuerzan para dar a nuestra profesión, nuestra vocación, nuestro oficio, un lugar digno, respetable en la sociedad Colombiana, gracias a nombre de los maestros y maestras por generar un espacio como este en que la palabra maestro adquiere una dimensión de elogio, gracias porque aun reconociendo nuestros límites y tropiezos resaltan las prácticas y generan ilusión, reflexión, aprendizajes en nosotros, gracias por asumir desde hace 17 años en el país y hace 6 años en Boyacá, la responsabilidad de acompañarnos, como motivadores y apoyo.

Saludo y protocolo:

Compañeras y compañeros.

Qué oportunidad más generosa la de prestar mi voz para reconocer en nombre de la comunidad Boyacense, a ustedes como maestros, su representación enaltece la profesión y brinda esperanza…

Inicio agradeciéndoles, primero por haber elegido esta carrera, por hacer de ella una práctica y por convertirla en su vida, no puedo desconocer que cada una de estas categorías tiene una carga distinta, la primera relacionada con la nuestra formación, la segunda con el oficio y la tercera, tal vez de la que ustedes son el mejor ejemplo, ya que desde sus alúas viven y hacen vivas las apuestas por un mejor país, por un mejor mundo…

Y aunque este es un momento festivo, no quiero solapar con ello algunas de las difíciles y complejas realidades que trascienden nuestra condición de maestros, inicio recordando a la Profesora Olga Lucía Zuluaga, quien sobre los años setenta y fruto de las reflexiones en el grupo de discusión sobre la historia de la pedagogía en Colombia, propuso el concepto del “Estatuto intelectual del maestro”, tema del que nacen también la mirada sobre el saber pedagógico y la conceptualización de la práctica pedagógica. Estos han tenido un desarrollo potente en la pedagogía actual, sin embargo y aunque los argumentos que soportan su presencia son fuertes, en el momento en que esta maestra lo propuso no tuvo el eco que merecían en la comunidad académica universal, en parte, por algunas condiciones propias de estos años, de la velocidad con que circulaba la información, y de visiones que afortunadamente están cambiando. En su momento, no dejaba de ser un buen concepto propuesto por una mujer y además suramericana; lo curioso es que casi diez años más tarde, son retomados en Francia y desde allí tienen mayor difusión, tal vez en este momento los oídos del mundo estuvieron más atentos y fue posible reconocer que el papel de los maestros debía ser visto desde lo que hacemos cotidianamente en las aulas y que desde allí se produce un saber.

Traigo esta anécdota, porque en las prácticas que ustedes nos presentan hoy, se hace visible lo que desde hace tiempo se ha reclamado para nuestro oficio, un lugar como intelectuales que reflexionan sobre su experiencia, su trabajo da cuenta de la vocación y también de convicción, al escribir sobre lo que ocurre en sus aulas, permiten que se haga viva una parte de la riqueza del país de la que talvez no somos muy conscientes, la gran riqueza de LA PEDAGOGIA COLOMBIANA.

Lo anterior invita a recordar también de donde viene la palabra pedagogía, su raíz proviene del griego: paidos y gogia, hacía referencia al esclavo que trae y lleva a los niños, una mirada más amable propone que tiene que ver con el que acompaña, pero en nuestro caso, en pleno siglo XXI, los maestros que estábamos en la puerta cuando se inició este siglo, afrontamos un reto con la carga de haber sido formados en el siglo XX, con metodologías del siglo XIX e ideas incluso del siglo XVIII,  esta realidad nos sorprende con la responsabilidad enorme de acompañar a los niños y niñas esta vez por los caminos de las nuevas tecnologías, del mundo globalizado de una sociedad que cambia en su forma de representación de manera tan frecuente.

 Los maestros de este siglo recibimos la compleja y retadora misión de formar para la ciudadanía universal, reconociendo los contextos; pero cuando miramos nuestras manos, en muchas de ellas, (como las del maestro que está ahora hablando frente a ustedes), están los recuerdos de unos palos de rosa que durante años estuvieron al servicio de a educación de las masa de que hacemos parte también el recuerdo de la obra de Goya en la máxima Lancasteriana “La letra con sangre entra”, en nuestras manos también hay algunos callos de las infinitas planas con las que aprendimos a reconocer las letras, también sus sonidos dejaron en la garganta el recuerdo de sonidos repetidos en coro, en coro, en coro. Y ante todo, nos dejaron el recuerdo de que las cosas ya estaban escritas, que generalmente las decían otros y uno solo debía repetirlas y eventualmente memorizarlas.

Lo más generoso de este triste recuerdo es que a los maestros la vida nos brinda el espacio de superar estas heridas, de vivir nuevas realidades y de asumir este camino no solo como compañía sino como quien tiene la oportunidad perpetua de  caminar construyendo, reconstruyendo, cuestionando y viviendo en un mundo de utopías y realidades que se pueden reconfigura desde nuestra mirada.

Los que ejercemos hoy como maestros tenemos el privilegio de volar, ya no con nuestras alas algo cansadas y maltrechas, sino en los sueños mismos de los niños que son compañeros de viaje, tenemos la libertad para descubrir la belleza de las palabras, no solo en la voz de otros sino en la voz que ayudamos a despertar en nuestros estudiantes y desde donde nuestra voz encuentra también su espacio, los maestros de hoy, podemos vivir constantemente la inocencia de ser niños jugar y descubrir, podemos también sentir la emoción de ser jóvenes soñando y enamorándonos cada día de un sueño distinto y lo mejor de todo es que podemos recorrer tantos caminos tan diversos como aquellos con quienes compartimos el espacio sagrado de las aulas, de la vida.

Esta reflexión la propongo desde mi experiencia, de niño me dijeron que no se podían hacer robots, por fortuna, como maestro mis estudiantes, compañeros de viaje en nuevas aventuras, lograron hacer que yo aprendiera algo distinto, si se puede, y no solo eso, es fácil. Gracias a esa generosa enseñanza de los niños, la curiosidad como maestro encontró también caminos para inspirar nuevas búsquedas, para construir aprendizajes, desarrollar competencias e incluso cuestionar lo que está dicho.

Esta ruta la vivimos a diario en muchas aulas del Departamento y del país, el gran reto está en hacer vivo lo que la profe Olga Lucía propuso al mundo en los setenta, maestros que generen saber pedagógico desde su práctica, allí, la riqueza de las aulas podrá aportarle al país en la construcción de esa sociedad equitativa y justa que tanto hemos soñado.  Que merecemos.

También, como maestro, hoy es la oportunidad de referirme a los rectores y en ustedes celebrar el ejercicio del liderazgo. Sé que quienes lo ejercen de la mejor manera lo hacen con alma de maestros y se hacen conscientes de su entorno y apoyan a la comunidad de  la que hacen parte. Su trabajo bien puede compararse con un crisol, que debe resistir el fuego potente de la exigencia y contener la frágil riqueza en su interior, en sus decisiones debe compensarse el cumplimiento de las normas, los decretos o las leyes y en su interior, con las comunidades conjugar la calidez de los acuerdos, la sensibilidad a los potenciales y la firmeza del deber.

Sin embargo, no olviden que más allá de las cifras, de los indicadores, de los datos, lo que está en juego en la escuela, son los sueños de estudiantes, padres y maestros, es el pueblo colombiano el que se forma en las aulas, no es el futuro lo que estamos construyendo, es el presente en los niños y niñas, en la juventud de la que juntos somos compañía. En sus decisiones y nuestro trabajo reposa la esperanza para que el país redescubra lo mejor de sí mismo, lo valore y genere las condiciones para que sea la herencia que dejamos a los que vendrán.

Los retos son enormes, los conflictos, las diferencias sociales, la distancia tecnológica, la inequidad, ante estos y los que llegarán, la educación, no es solo un camino, es el único camino para logra superar estas complejas realidades y en ella nosotros somos los encargados de acompañar su recorrido.

Es también esta una oportunidad para reiterar la gratitud a las personas que se esfuerzan para dar a nuestra profesión, nuestra vocación, nuestro oficio, un lugar digno, respetable en la sociedad Colombiana, gracias a nombre de los maestros y maestras por generar un espacio como este en que la palabra maestro adquiere una dimensión de elogio, gracias porque aun reconociendo nuestros límites y tropiezos resaltan las prácticas y generan ilusión, reflexión, aprendizajes en nosotros, gracias por asumir desde hace 17 años en el país y hace 6 años en Boyacá, la responsabilidad de acompañarnos, como motivadores y apoyo.

En los últimos años, notamos cómo desde sus esfuerzos y su llamado, la sociedad colombiana ha generado una mirada distinta del papel que tenemos en el desarrollo del país, se ha puesto mayor atención a los procesos de formación, se han creado incentivos vocacionales para elegir esta carrera, incluso, se ha generado reflexión apropósito de las condiciones laborales en que nos desarrollamos, podemos decir que el papel del maestro ha reclamado mayor protagonismo y se proyecta como uno de los elementos fundamentales en el camino para superar las dificultades desde una educación con mayor calidad.

Finalmente, para nosotros, cada vez que se reconoce a un compañero, a un maestro, es un premio a lo que somos; el día de hoy, al estar representados en este grupo podemos decir que el magisterio boyacense está de fiesta, al poner en alto el sentir y la vocación de ser maestro.

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Gran Maestro – Premio Compartir (2014).
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Diego Fernando Barragán Giraldo
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Invitó a sus estudiantes a armar pieza por pieza un rompecabezas mental cuya imagen final dejaba ver la realidad del país.