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Perdonar no es olvidar

No basta con erigir monumentos que queden en el olvido, es necesario crear la conciencia participativa de las partes.

Septiembre 19, 2018

Colombia, un país que ha sido azotado por la violencia por más de cincuenta años, busca la reparación del daño de las víctimas que el conflicto armado ha dejado atrás con el paso del tiempo. Muchas han sido las estrategias que el gobierno ha querido implementar para llegar al perdón, sin embargo, éste, no llega.

A diferencia de otros países que han sufrido guerras tan largas como es el caso de Colombia, el perdón no llegó con el fin del conflicto, sino que ha sido una constante lucha por parte de las víctimas y los victimarios, quienes buscan la restitución no solo de sus tierras sino de la integridad y la vida que les fue arrebatada de una manera injusta. Es por esto que surge la idea de construir un Centro de Memoria Histórica, que contribuya a la dignificación de la memoria de las víctimas y la construcción de una cultura de paz.
El museo no es sólo lo que se exhibe en sus paredes y pasillos, también es teatro, talleres, conferencias, radio y música; sus exposiciones están llenas de rostros, pero ninguno de ellos es un rostro criminal, pues con esta idea lo que se busca es cambiar la imagen de la violencia en el país; en las paredes del museo no hay armas, no hay ejércitos, no existen hombres buenos o malos, solo rostros. Los rostros de personas que quieren perdonar y dejar atrás tanto daño que contra ellos se han perpetrado en nombre de causas que muchas veces solo los atacantes entienden.
Arturo Charria, en su calidad de docente por aquel entonces, decidió generar en sus jóvenes estudiantes el interés por ser parte de una sociedad en búsqueda del perdón y la paz igualitaria.  Por esto, emprende un proyecto que asimila la temática del Centro de Memoria Histórica de Bogotá, dónde a través de la exposición de objetos particulares se enseñan las realidades que afectaron a diversas comunidades del país de distintas maneras. No se busca generar el odio en los estudiantes, por el contrario, se trata de un ejercicio de reconciliación con quienes tanto han desangrado a sus anchas el territorio nacional.

Es claro que perdonar no es olvidar, pero los resentimientos que alimentan los corazones de las personas que nunca han tenido que vivir los desmanes de la guerra no dejan que las heridas, ya bastante abiertas, sanen. El odio no es la alternativa para una Colombia que día a día sufre la perdida de cientos de personas que buscan cambiar la peor cara del país. Lo que realmente se quiere lograr es llegar a la reconciliación a partir de encuentros de los miles de afectados, quienes basados en su pasado quieren construir un mejor futuro.

Contribuir a la construcción de paz no es una tarea unilateral, es un objetivo que requiere de la participación de las distintas poblaciones del país, dónde a través de la promoción y fortalecimiento de procesos de memoria se fortalezcan las relaciones a través de las distintas experiencias relacionadas con el conflicto armado, generando así un aporte a la creación de espacios de encuentro, reconciliación y transformación de las comunidades afectadas.

Es evidente que no basta con erigir monumentos que queden en el olvido, es necesario crear la conciencia participativa de las partes, pues no se trata de relatar el dolor que se ha sufrido o llenar espacios con historias que no queden en el corazón de quienes se brindan la oportunidad de vivirlas, se trata de llegar a la reparación de las víctimas a través del perdón, la empatía y la solidaridad.

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Estudiante de la Cátedra ‘Maestros hacen maestros’ en la Universidad de La Salle.
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Irma María Arévalo González
Gran Maestro Premio Compartir 2002
Ofrezco a cada uno de los alumnos un lápiz mágico y los invito a escribir su propia historia enmarcada en los cuentos y leyendas de su cultura indígena.