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Si nos dejan

Hablar de paz es un tema complicado, pero que debe ser fomentado y tratado en los espacios educativos para lograr su total aprehensión.

Enero 20, 2016

Hablar de paz en un mundo tan complicado no es tarea fácil, ya que al final de cuentas, todos de una u otra manera no somos en todas nuestras acciones diarias generadores de esta. Lo lamentable es que en la coyuntura social que vive el país el término paz  no deja de ser un “caballito de batalla” que utilizan algunos actores sociales para seguir en la mismas,  centrándose únicamente en el conflicto armado que lleva al país inmerso en años de tragedia y dejando de lado la injusticia social y las grandes brechas que nos separan.

Repensar el ejercicio de fomentar la paz, tarea muchas veces inconclusa, en los entornos escolares. Y no es de sorprendernos que no siempre dicha tarea tenga conclusión, ya que se trata de un ejercicio no tan simple, porque más allá de contribuir significativamente a la paz, es importante hacer catarsis internas y revisiones que permitan transformar nuestras escuelas en verdaderos espacios de convivencia sana y respetuosa, que impacte positivamente en sus comunidades y así logren trascender en la dinámica pacifista de la sociedad. Creo que la razón última de la escuela radica en una pregunta básica: ¿Cómo hacer que cada acto educativo mejore la calidad de vida de los niños y jóvenes del país?

“Cuando nos centremos en fomentar la paz, quizás encontremos “la ruta” que tanto se necesita y que hace rato tenemos perdida. Como todas las esperanzas, la paz es sumamente válida cuando es objetiva, incluyente y social”.

Infortunadamente el nivel y los términos de violencia entre nuestros connotados líderes políticos, el eco agresivo y procaz de las redes sociales y otros medios digitales, la violencia generada por una camiseta de un equipo de fútbol, la agresividad de algunos docentes, padres de familia y estudiantes, hacen necesaria una verdadera acción participativa y activa de quienes busquen agrupar y construir espacios de paz en nuestros colegios, en un marco de respeto por el interlocutor y la diferencia, la cultura de la legalidad, las competencias ciudadanas, la no violencia como respuesta a las agresiones y la construcción de espacios familiares armónicos y constructores de verdaderos ciudadanos.

Cuando nos centremos en fomentar la paz, quizás encontremos “la ruta” que tanto se necesita y que hace rato tenemos perdida. Como todas las esperanzas, la paz es sumamente válida cuando es objetiva, incluyente y social, ya que con tanta brecha abierta es fácil que cualquier cosa negativa puede pasar. Si nos dejan y el proceso sale bien, a todos nos va bien y muy seguramente habrá menos muertos de todos los bandos, menos huérfanos, menos desplazados, mayor participación en política, más seguridad, más inversiones, más familias felices y más niños convencidos que vivir en paz puede ser una verdadera opción de vida.

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Luis Fernando Burgos
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