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Tengo una buena idea papá...

Este chiquillo sabía lo que mi hija no era ni capaz de imaginar: el hambre.

Diciembre 18, 2020

Mi hija es la típica estudiante de preescolar.

Todo el tiempo está hablando sobre lo que su profesor hace en el colegio. Hasta la cosa más sencilla es algo grande para ella. Canta todas las canciones de Moana a todo pulmón.

Es dulce, inocente y siempre tiene pensamientos tipo “Tengo una buena idea papá...”.

Al igual que los hijos de otros profesores, ella viene conmigo al colegio todos los días y merodea junto con los hijos de otros estudiantes. Ellos saben dónde están escondidos los snacks en los salones de los otros profesores y qué señora del almuerzo da los mejores pasabocas.

Nuestra rutina diaria consiste en que yo reviso su cuaderno, ella me cuenta que hizo ese día, y que le lleve un pasabocas de la despensa de mi colegio. No es raro escuchar un suspiro de reproche cuando su reserva de cajas de jugo se agota o cuando tiene que esperar por ellas mientras la primera hora del programa extracurricular de su papá termina.

Estando en la ciudad, escuché que mi pequeña me dijo: tengo una buena idea papá, vamos a McDonald’s por unos nuggets de pollo.

Si accediera a esta petición tan a menudo cómo me es ofrecida, compraría acciones en la franquicia Golden Arches de la ciudad. Sin embargo, hago lo que todo gran padre hace de vez en cuando: miento y le digo que estoy en quiebra y que mamá tiene todo el dinero.

Entonces, ella frunce el ceño y me dice que para el día siguiente conseguirá el dinero de mamá.

Nuestra familia es bendecida, no tenemos precariedades económicas. Aun así, necesitaba que esta chiquilla de cuatro años hiciera silencio para poder realizar mi programa extracurricular. Sin embargo, esa noche algo cambió. Cuando mi esposa e hijos se fueron a la cama, estuve un rato en la computadora revisando las redes sociales, y mi hija de cuatro años apareció con algo a sus espaldas.

“Papá, aquí está el dinero de mi alcancía. Ahora podemos ir a McDonald’s mañana.” Me dio dos monedas de 25 centavos mientras mis ojos lloraban.

No conoce a ningún extraño que no sea su amigo o alguien a quien no pueda ayudar.

Me hizo pensar en mis estudiantes. A diferencia de mi hija quien estaba “muuuy hambrienta” pero que en realidad no sabía lo que era no tener que comer.

A muchos niños les encantaría poder cenar en cualquier restaurante, pero no tienen los medios para hacerlo. 

En ese momento recordé una visita que había hecho pocas semanas atrás. Nunca olvidaría esta visita. Fui a un humilde apartamento que había sido recientemente remodelado y se veía impecable. Pero faltaba algo, literalmente.

Esta madre soltera me dijo que el sueldo de toda una semana fue para comprar las cucharas de su casa. Su sonrisa brilló al decirme que estábamos en su apartamento vacío… y que recientemente había dejado de ser una persona sin hogar. Ahora podría criar a su hijo de 12 años en su propio hogar. Observé que todavía dormían en el suelo y que la única comida que tenían era de Dollar Store, algo con muy poco valor nutricional.

Me hizo pensar en la cantidad de días que su hijo entró en el salón de clases con actitud negativa y merodeaba por el salón para conseguir sobras de desayuno y demás. Este chiquillo sabía, lo que mi hija no era ni capaz de imaginar, el hambre. 

Los estudiantes que no reciben los cuidados básicos como lo son la comida, una confortable noche de sueño, y el amor de un adulto (por nombrar algunos) - no se desempeñan de la misma manera que un niño que si los recibe. Me avergüenza admitir que hubo muchos días en los que regañé a este mismo pequeño por ser un pedigüeño de desayunos. 

No me estaba desobedeciendo, estaba luchando para sobrevivir a su situación.

La reflexión puede ser un momento no solo en el que abres los ojos sino también de humildad.

Después de compartir esta historia con algunos colegas y amigos, nuestra comunidad destacó por como pusimos a nuestros niños primero. La gente vino y amablemente se ofreció para donar muebles usados, un negocio local trajo dos camas nuevas a casa para esa madre y su hijo. este niño en particular ya no tiene que luchar por conseguir sobrar para desayunar y el sueldo de su madre le permite a ella concentrarse en proveer comida para su hijo. Desde entonces, su comportamiento ha mejorado mucho.

Rezo para que esta sea la última vez que este estudiante pase hambre.

Contenido publicado originalmente en la página de Brian Cook Educator bajo licencia Creative Commons.

Traducción realizada por: Paula Andrea Beltrán Garzón

 


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Profesor, creador y editor del blog Classroom and Leadership Reflections
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ogré incentivar en niños y jóvenes el gusto por la música y la ejecución de instrumentos musicales.