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Una breve historia del azul

Enero 22, 2018

Como otros colores, el azul tiene muchos nombres alternativos, y todos parecen provenir del exótico Oriente. Azul viene del árabe lazaward, que se refería al lapislázuli. Entró en el léxico español a través del francés y perdió la ele inicial por el camino en un proceso conocido como falso corte, los franceses la interpretaron como su artículo le (que se contrae a l’ antes de vocal) y crearon la palabra azur.

En castellano dio lugar a azul y también a azur, que es como se denomina este color en heráldica. Sin embargo, como vemos, en lapislázuli se conserva esta ele, ya que no pasó por el francés, sino que viene directamente del latín medieval lapis lazulī (‘piedra del —color del— cielo’), como en muchas otras lenguas europeas… incluido el francés.

Otra forma de decir azul, sobre todo para referirse a los ojos, también proviene del árabe: zarco. En este caso, de زَرْقَاء ‎(zarqāʾ), ‘azulada’, en femenino. De hecho, existe una ciudad llamada así: Zarqa, la segunda más poblada de Jordania. Se especializó tanto para describir el color de los ojos que generó el adjetivo ojizarco.

En hebreo, la palabra סַפִּיר (sapír) denominaba tanto al zafiro como al lapislázuli, ambas de color azul, así como a cualquier cosa brillante y cara. Los griegos tomaron esta palabra para referirse al zafiro, escribiéndola σάπφειρος (sápfiros) y de ahí pasó al latín sapphīrus, que dio zafiro en español. Por último, el cian también parece provenir de una raíz no indoeuropea, el hitita *kuwanna(n) (‘azul cobre’), pasando por el griego κύανος ‎(kúanos).

6.000 años de historia de los pigmentos azules en el arte

De todos los colores, el azul es el más querido por hombres y mujeres. No es de extrañar, pues, que muchos artistas –Louise Bourgeois, Yves Klein y Wassily Kandinsky entre ellos- hayan expresado preferencia por él. Según los psicólogos, la popularidad del tono puede arraigar en nuestro desarrollo evolutivo.

En los días de caza y recolección, los que estaban atraídos por cosas positivas -como, por ejemplo, cielo despejado y agua limpia- tenían más probabilidades de sobrevivir y, con el tiempo, esta preferencia por el color azul podría haberse vuelto determinante.

Sin embargo, científicamente hablando, el cielo y los océanos no son realmente azules -o por lo menos no de la misma manera que el suelo es marrón o las hojas son verdes. Esto planteó un gran problema en una gran parte de la historia del arte. No puedes tomar el azul del cielo, triturarlo con un mortero y molerlo, para luego tirarlo sobre un lienzo. A diferencia de ciertos rojos, marrones y amarillos, el pigmento azul no es tan fácil de fabricar.

Los pigmentos azules tienen una rica historia de invención científica, comercio global y soluciones artísticas. Desde los primeros pigmentos sintéticos creados en el Antiguo Egipto hasta los nuevos matices descubiertos en la última década, estos son los aspectos más destacados de la historia del azul en el arte.

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Diego Fernando Barragán Giraldo
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