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¿Una ética para la sociedad hipócrita?

Tan pronto sale de la escuela de graduados, el sujeto debe empezar otra educación y tiene que aprender un nuevo curso: estudiar en la “escuela de la vida” en “la universidad de la calle”. 

Julio 28, 2017

Unos días previos al inicio del semestre académico, la Universidad me deja conocer el listado de estudiantes que han matriculado la asignatura Ética General, y, cuando lo atareado de mi labor de maestro me lo permite, acostumbro a enviarles un correo con un texto que trascribo a continuación, porque como lo demostraré, es importante cuestionar a la sociedad y en especial a los que quieren ser líderes, dirigentes, personas públicas, ya que por su  naturaleza tienen el compromiso en la formación del Ethos del pueblo.

Ellos serán profesionales, llevarán la impronta de su formación y estarán en la política: con, para, en la dirigencia del país. Vamos con el texto y luego la reflexión:

Primero el texto…

“Los seres humanos somos, de entre todas las especies la más rara de ellas. Una rareza que se hace nítida en que siendo el ser humano el único capaz de someter por si su comportamiento a una lógica, pues solo él tiene la libertad, posibilidad de auto-determinarse pero en la cotidianidad de su existir hay una absoluta carencia de dicha lógica. Es una paradoja: el hombre tiene la posibilidad, más aun la necesidad de someterse a una lógica para sobrevivir pero va en contra de ello, es como el ratón que no puede resistir el olor al queso puesto en la trampa.

La lógica humana acostumbra a llamar HIPÓCRITA a aquel que dice una cosa contraria  a la que hace y distintas a las que ama. He aquí el porqué de un artículo que habla de la SOCIEDAD HIPÓCRITA, pues la forma como vivimos nos lleva a sospechar que el fariseísmo es la nota de nuestra manera de ser.

La sociedad mantiene y se mantiene gracias a toda una estructura educacional fundada en valores tales como la caridad: no hay escuela, ni colegio, ni universidad que no se presente como una sociedad sin ánimo de lucro, con el fin de educar  en los valores y para ello propone la práctica de las virtudes tales como la bondad, la paciencia, la caridad y por sobre todo el amor a través de discursos fundamentadores que la gente reconoce como moralizadores. Durante el tiempo de “formación” el individuo permanece en ese nicho que es la escuela hipócrita, pero cuando sale a la vida se encuentra con que se ha llenado los bolsillos de una moneda que no tiene valor, pues en la sociedad hipócrita solo se abren los cajeros de la felicidad y el éxito a las tarjetas del egoísmo, la usura, el chantaje y la adulación.

Pero no todo es culpa de la escuela hipócrita, la familia de la sociedad en mención tiene una buena cuota de responsabilidad; ella forma a sus hijos bajo los principios del respeto, de la igualdad, de la sublimación, de la abnegación y al igual que un polluelo que al salir de su cascarón cuando intentar volar por primera vez en ese aire enrarecido, su intento se convierte en la experiencia de mayor dolor.

Tan pronto sale de la escuela de graduados el sujeto de la escuela y la familia hipócritas debe, casi empezar otra educación, tiene que aprender un nuevo curso. Empieza a estudiar en la famosa “escuela de la vida” en “la universidad de la calle”, es un nuevo aprendizaje, en donde no resulta nada raro algo que escuchaba alguna vez de un hombre dirigiéndose a otro: “¿y donde roba Usted?”,- refiriéndose al lugar donde estaban trabajando-. Allí es necesario aprender a ser “vivo”, “astuto”, “sagaz” “exitoso” es el consejo que a diario se escucha al otro lado del muro del hogar y de la escuela. Juzgue cada uno de los lectores si no es esta la mayor de las hipocresías instauradas: mantener escuelas y familias que enseñan cosas que no se necesitan para enfrentar la vida práctica.

Frente a esta realidad yo les tengo dos propuestas para implementar: la primera es que la cátedra que vamos a iniciar sea la de algo que llamaremos ETICA PARA UNA SOCIEDAD HIPÓCRITA, de seguro para la inscripción de esta tendrán que afanarse pues será una clase que se llenará, gustará entre los estudiantes impregnados del afán positivista de mostrar que los estudios son coherentes con la realidad. Será de alto valor práctico pues la realidad les demostrará que es así. Los temas que se presentarán son la inconciencia, los valores relativos, el uso de criterios personales, no se buscará proponer códigos de regulación fundamentados en principios trascendentales  pues se sustenta en una concepción de que el hombre es un sujeto que nace y muere y nada se lleva. Será un entrenamiento para la lucha entre los más fuertes.

Pero una segunda alternativa  que cabe implementar la podríamos llamar CATEDRA PARA SOBREVIENVIENTES DE UNA SOCIEDAD HIPÓCRITA, esta tendrá que ser una formación callada, casi de ghettos, debido a que no se puede hacer confesión pública de su matrícula; al no ser que se busque hacer el ridículo, habrá sanciones de parte de los de la sociedad hipócrita  que se mofan de aquellos que se atreven a pensar en principios universales para la acción humana, de los que aún creen que es posible organización social a partir de la conciencia personal, que se rigen por valores absolutos, que es posible el consenso para el mutuo entendimiento, pero sobre todo la esperanza de una vida trascendente. Será una minoría pobre, casi anónima que llegan a poner en práctica lo de “poner la otra mejilla”, no lleva ni carro ni calzado de repuesto, su palabra es una sola pues el sí es sí y el no es no, es una minoría que su tiempo libre procura ocuparlo en pensar y ayudar a otros, en fin se convierte en una minoría débil.

Pareciera que la segunda opción está condenada al fracaso a la destrucción, no se podrá hablar de una sociedad con una minoría de hombres, por eso se hablará de grupos que mantenemos tercamente una actitud de vida fundamentada en la firme convicción de que  se sobrevive haciendo uso de aquello que en el desarrollo de la humanidad nos ha hecho verticalmente diferente a las otras criaturas: la capacidad de ser lógicos en nuestro decidir, es decir coherentes a partir de nuestra racionalidad,  pero que llegaremos a ser mejor solo en la medida en que seamos capaces de utilizar una capacidad que está en germen en nuestro ser: la capacidad de amar traducida en actitudes de tolerancia, respeto, abnegación.

Estas a las puertas de la cátedra de ética general y supongamos que hay posibilidad de matricularse a una de las dos cátedras, ¿cuál escogerías?, ¿con que razones la fundamentaras?” (Tomado de “Ethos difícil morar”, apuntes de clase”

…ahora la reflexión:

No me cabe en la cabeza que mi tarea de maestro de niños y jóvenes, al lado de los políticos sea la de un verdugo a quien el sistema y otras dinámicas le imponen la triste y dolorosa tarea de ponerles la capucha y matarles en su conciencia y sobre todo secar en su corazón la esperanza de un futuro. El momento histórico que estamos viviendo en nuestra patria es deplorable, es desesperanzador y por eso hemos de preguntar a los dirigentes de la sociedad y la cultura ¿qué ética quieren que enseñemos? ¿Su ética: la de los hipócritas?

Este es el tiempo de la hediondez nauseabunda que aunque incita a huirle, en buena lógica es el tiempo de armarse de coraje y retirarla de las pantallas, de las redes, de los debates, de las aulas y de las tertulias. Es vergonzoso que figuras públicas de dirigentes, de ex -presidentes en la más descarada actitud pendenciera retaliadoras y violenta, jueguen a ser el patán, el brabucón de la gallada, y en comportamientos tan bajos y viles dignos si acaso en los adolescentes escolares que fungen de líderes malos por su insolencia, con la mentira, el chisme, la injuria, la calumnia, el oportunismo (Belén de Bajira, Revista SoHo) buscan la preminencia de su poder, de sus intereses, de su casta y cuando no lo logran desahogan sus odios y su hipersensibilidad contra quienes se le oponen aplastándolos con su poder.

“La necesidad de someterse a una lógica para sobrevivir pero va en contra de ello, es como el ratón que no puede resistir el olor al queso puesto en la trampa.”.

Personajes para quienes las disculpas, el perdón y la retractación, son solamente un juego de discursos sofísticos. Y los medios, la justicia, directores de noticieros, fiscales y jueces con su poder hacen la parodia de Borondongo y todo queda olvidado. Y ellos orondos y redondos en sus casas-cárceles o en los edificios públicos siguen gobernando y administrando “justicia”, “orden”, “desarrollo”.

Es de aterrarse que en solo los tres últimos años los escándalos pasan del centenar: CARRUSELES a montón: el de la contratación, el de las cirugías plásticas, el de la salud. Los CARTELES superaron la ficción de las películas de capos en la cosa nostra: el del golfo, el del síndrome de down, el de la hemofilia, el de la chatarrización, el de los abuelos.

Toda una horda de maestros de la corrupción, de la mala-educación y de la inmoralidad. Candidatos a la presidencia: Oscar Iván Zuluaga, Juan Manuel Santos señalado de conductas contrarias a cualquier ética. Gobernadores: Lyons, Oneida Pinto, Pablo Ardila, Álvaro Cruz. Magistrados: Pretelt, Villaraga, los del tribunal del Meta. Alcaldes y alcaldesas: el de Bucaramanga, el de Mogotes, el de Ocaña, el de Coveñas, el de Bogotá, la de Usaquén (Julieta Naranjo). Secretarios, concejales diputados, ediles: los de ambiente de Santander, el de hacienda de Medellín, Judy Pinzón, Hipólito Moreno, Héctor Zambrano. Generales, coroneles: Palomino, González del Río, Rito Alejo, Maza Márquez. Flavio Buitrago, Mauricio Santoyo. Directores y gerentes que presumen de “empresarios”, pero que no son más que gente un tanto del común, que gracias a su plata, su abolengo o su astucia y tras bambalinas mueven a los otros actores de la cosa pública: Carlos Palacino, Tomás Jaramillo.: los Nule, Roberto Prieto, Andrés Sepúlveda, Valery Domínguez, Emilio Tapia quien a propósito recién se dice que sigue rumbeando en la cárcel, Juan Carlos Martínez (alias el negro)  y esta es una pequeña muestra de la hediondez porque a diario casi como una sesión cotidiana de todo noticiero hemos de ver escenas del “acaso no sabe quién soy yo”. Como si se tratará del cortejo de los sapos hinchados en su conquista.

Salud, tierra, educación, palabra, verdad, justicia, persona, respeto, servicio que en las viejas culturas indígenas son realidades sagradas, se descomponen en malolientes realidades al contacto con instituciones y lugares como ODEBRECHT, COLPENSIONES, COLPUERTOS, CAPRECOM, CORPOURABA, ESTRAVAL, PREMIUN, ELITE, INTERBOLSA, CORTE SUPREMA, TRIBUNALES, ALCALDIAS MAYORES Y LOCALES, CONSEJO NACIONAL ELECTORAL, REFICAR, LLANOPETROL, UBERRIMO, GUAMERÚ, CARIMAGUA, CONTRALORIAS, SUPERINTENDENCIAS, EPS, y en fin toda una exquisita lista de palabras para enseñar a leer y a escribir a los niños que reciben el efecto nocivo de ellas. 

En Colombia se hace realidad eso que dice la Biblia de que si la sal se desvirtúa ya no sirve sino para ser tirada y pisoteada: el ministro del agro les roba a los campesinos tierras para sus electores, el Fiscal Anticorrupción encabeza la lista de La Corrupción.

Algunos policías (19 en Barranquilla, por ejemplo) forman “bandas criminales” para traficar y custodiar a los bandidos. El director del IMPEC protege a un presunto violador de derechos humanos. Las clínicas y hospitales son los lugares de mayor abandono y dejadez de la salud. La ministra de las carreteras concesiona para que la carretera pase por los territorios de su pareja, la ex ministra de Educación.

Y quizás lo más vergonzoso, deprimente y aterrador es que en las hojas de vida de estas hordas de barbaros y salvajes que brotan de las cavernas se acreditan títulos de universidades que se jactan de su educación ética e integral. Por Dios que desatino.

Señores y señoras basta ya, no más,  cojan vergüenza, aterricen de que Ustedes son educadores –aunque no se lo propongan, no lo entiendan, no lo quieran-  no nos dejen a los padres de familia y profesores sosteniendo ese edificio llamado cultura de paz, mientras ustedes: políticos, magistrados y jueces, militares, comunicadores, sacerdotes,  socavan los principios, y le quitan los cimientos a la educación ética: vulneran la confianza, tergiversan los valores haciéndolos relativos.

No llenen más los corazones de los niños y jóvenes de esa moneda de casino que ustedes manejan tal hábilmente: poder, prestigio, fama, riqueza, ostentación. Ustedes saben que esos valores son el queso de la trampa. 

Entiendan que el pueblo aguanta, pero no lo que ustedes creen; es evidente que ya ustedes huelen tan mal que por medio de convocatorias como las de bajar los salarios de los senadores, votar en blanco, “no más Uribe”;  la serie de consultas populares contra la minería, contra la corrupción, contra las E.p.s(s), revocatorias contra los inversionistas disfrazados de alcaldes  hay rechazo, hay desconfianza y pueden llegar a tomar tanta fuerza y – Dios no quiera- hacer eco a realidades falsas que con el poder de las redes piden pena de muerte como se supone se hace en Singapur. 

Me niego a seguir siendo el idiota útil de un sistema corrupto y me declaro profesor de la cátedra de sobrevivientes de la sociedad hipócrita. Dejo abierta la lista para los que estén dispuestos a matricularse en esta minoría. Sigamos en la reflexión crítica de nuestra realidad, fuera de las aulas extramuros de la realidad virtual de los medios de comunicación, en las que la peor falta es la adoración y veneración de esos ídolos que ellos crean. Hagamos emerger ese poder que dan las redes sociales contra la vulneración de nuestro más sagrado derecho: libertad política que nace en la libertad de pensamiento. 

Escrito por
Profesor de ética y religión colegio Divino Maestro, Distrito de Bogotá. Catedrático de humanidades de la Universidad de la Salle. Nominado y finalista del Premio Compartir en 2004 y 2013.
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Henry Alberto Berrio Zapata
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