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Arquitectura e ingeniería en comunicación social del ciberespacio

Hacia una nueva configuración de la educación como sistema de comunicación interacción-colaboración

Julio 29, 2019

Vivir una nueva fase del proceso civilizatorio de la humanidad no es algo sencillo. Por una parte, no tenemos una adecuada perspectiva para observar y evaluar los acontecimientos, eso sucederá después, con el tiempo, cuando la historia nos enseñe una vez más, y los ensayos de interpretación general se multipliquen, muchos de ellos de una penetrante lucidez y elocuencia, al mismo tiempo que de contradictorio sentido y vocación. Eso vendrá en el futuro. Pero hoy es hoy. Necesitamos hacer frente a nuestra vida con nuestros recursos actuales. Los escenarios extremos están a la vista. Por otra parte, los que no pueden o no quieren ver, y restan importancia a lo que sucede. En el otro extremo están los que sí perciben un cambio y se tensan entre el entusiasmo y el terror. En ese escenario nos toca vivir la aventura de la percepción del mundo contemporáneo. El corazón late y la mente se ocupa, mientras la vida sigue.

El mundo es nuestro entorno inmediato y mediato y tenemos ciertos usos y costumbres, hábitos, para relacionarnos con él, para estar en él, para acompañarlo y ser acompañados. La genealogía de esta percepción viene de nuestro pasado cercano y del lejano e inexpugnable. Eso es lo que lo que la ciencia llama nuestra cultura, nuestra manera de ser y estar. Con este cuerpo simbólico nos enfrentamos a la vida y la respiramos. En ocasiones somos vencidos, en otras, parece que triunfamos. Esa cultura es nuestra ruta de navegación, nuestro camino, nuestro vigía. Bien nos conviene atender sus señales y sus consejos, confiar en ella es un buen status para sobrevivir, casi siempre. Pero llegó el mundo contemporáneo y las cosas cambiaron, y lo que servía en un alto porcentaje dejó de hacerlo, y necesitamos volver a aprender en forma colectiva e individual.

La cibersociedad está en emergencia. Su configuración es, por lo menos, dual. Por una parte, recubre y por otra, reorganiza a la sociedad del mundo que solíamos vivir, su metabolismo es altísimo, en ocasiones parece ser ya omnipresente. Difícil notar la distancia entre nuestro mundo, ese que viene de nuestro pasado visible e invisible, y este otro nuevo mundo que ahora es ciber, cibermundo. Algunos le llaman a este fenómeno de simbiosis inédito en la historia humana, hipermundo. Mundo y cibermundo en interacción, en articulación, en intercambio, en yuxtaposición, en trama y tejido. La forma más sencilla de darle un lugar en nuestro mapa de sentido es solo agregarlo, ensayar un concepto y acomodarlo en el área de las novedades. La forma más compleja es reorganizar toda nuestra percepción por las implicaciones y consecuencias que se derivan de estos nuevos escenarios. Y no suele gustarnos cambiar de percepción.

En un movimiento consecuente o paralelo van apareciendo otros conceptos, tanto para suavizar la sorpresa de la novedad, como para explorar y profundizar su configuración. El prefijo ciber casi soluciona todo de inmediato, pone en su lugar a la innovación, al cambio, a lo borroso e indefinido. Su aplicación nos resuelve en forma simple el tener un nombre para algo que no lo tenía. El asunto es también complicado y complejo. Nombrar a la cibersociedad como algo que se agrega a la sociedad tradicional economiza pensamiento y reflexión, sobre todo si tenemos un referente que llena de inmediato la connotación de la nueva palabra. Cibersociedad será todo aquello asociado a las llamadas nuevas tecnologías de información y comunicación, y por ellas entenderemos todo lo relacionado con computación, satélites, figuras robóticas, electricidad. Listo, la parte baja de la incertidumbre ha sido resuelta. Pero falta todo lo demás.

El problema con lo simple se presenta casi de inmediato. Sucede cuando queremos hacer algo con la cibercultura, en la cibersociedad, para aprovechar el cibermundo. Con el concepto simple lo que hacemos es sumar a lo que ya hacíamos, a lo que connota lo ciber, computadoras, satélites, internet. Y el resultado es simple: hacemos lo mismo con otros instrumentos. Y las consecuencias son, por tanto, similares a lo anterior, con algunos cambios que somos incapaces de identificar por haber seguido el camino de la reducción de lo complejo a lo extremadamente simple. Algunos se dan cuenta, y tratan de enmendar el camino. Otros no se dan cuenta, e insisten en lo mismo con similares o aún peores resultados. Y terminan por concluir que eso de lo ciber no sirve.

La parte compleja es otro camino. Estamos ante una nueva fase de la civilización, aunque quizás con el tiempo lleguemos a otra conclusión. Pero hoy podemos jugar a que estamos construyendo un nuevo tipo de vida humana, de vida social, de cultura. Y, por tanto, el ejercicio es de fondo, es genético, es el escenario de la fundación de algo nuevo, distinto, diverso. Y podemos explorar ese escenario, colonizarlo, desarrollarlo. Quedan, por supuesto, otras opciones, menos arriesgadas, más prudentes, adaptativas. Todo este gradiente de posibilidades configura el horizonte de acción de nuestra vida contemporánea en relación con lo que connota lo ciber. Qué camino seguir depende de variables diversas. Cada quien se compromete y se hace responsable de lo suyo. El futuro nos dirá qué sucederá con todo ello.

Arquitectura e Ingeniería Social del Ciberespacio. Hacia una nueva matriz de desarrollo civilizatorio

El ciberespacio tiene una configuración establecida, en eso es similar al espacio del mundo social. Mundo y cibermundo comparten esta cualidad específica, tienen un formato, límites de lo posible, prescripciones, programas de orden y organización de las situaciones que ahí se escenifican. Los actores sociales solo actúan de acuerdo con ese patrón de configuración. Dentro de él pueden hacer muchas cosas, incluyendo el cambio de partes del patrón o, incluso, es posible la modificación sustantiva de todo el patrón en su totalidad. Esa configuración tiene un diseño, una estructura que deviene de una intención constructiva. En el caso de la vida social del mundo esa estructura es el centro de la investigación sociológica y antropológica, en el caso del ciberespacio es el centro de los oficios de ingenieros y diseñadores pero, también, de ingenieros sociales.

La arquitectura del ciberespacio ha sido construida por diseñadores e ingenieros en informática y sistemas. Las plataformas en las cuales nos movemos en forma cotidiana en nuestras pantallas de computadora y de teléfonos celulares, son la integración del trabajo de ingenieros en sistemas, los que diseñan los aparatos, los dispositivos, de diseñadores gráficos, los que diseñan las formas plásticas, y por arquitectos sociales, los que diseñan la vida social que vivimos en el ciberespacio. Como puede observarse en la historia del cibermundo, la arquitectura social no ha sido del todo evidente, pero está ahí. ¿Cuál es el punto? El tema es que, cuando jugamos a conversar en la plataforma del servicio de redes sociales Facebook, lo estamos haciendo bajo ciertos límites, se pueden ciertos comportamientos y no se pueden otros. Por ejemplo, tenemos que interactuar por turnos, no podemos expresarnos al mismo tiempo como en el mundo social tradicional. Otro ejemplo, solo podemos mostrar nuestro gusto por lo expresado por otro mediante el ícono de la mano con el pulgar hacia arriba, pero no podemos hacer lo contrario. Y las costumbres se hacen leyes, y la práctica cotidiana de una acción se vuelve costumbre. Y no nos damos cuenta del todo que la arquitectura de la plataforma está conformando nuestro cibercomportamiento.

El concepto de arquitectura del ciberespacio tiene varias dimensiones que incluyen los diversos aspectos de su composición y su organización, desde la parte de ingeniería electrónica, pasando por el diseño gráfico, hasta llegar a la parte del comportamiento social propiamente dicho, en este caso el cibercomportamiento, la arquitectura social. Todo esto forma parte del diseño de lo posible. La imaginación del desarrollo concreto en el tiempo de ese espacio de lo posible es la imaginación de la Ingeniería social en un sentido amplio. En un primer momento, cuando, según la historia oficial, el pentágono de los Estados Unidos de Norteamérica, abrió el internet a la vida civil, el espacio de lo posible tenía ciertos parámetros en cuanto a capacidad y velocidad de la información. Ese espacio físico fue llenado por acciones sociales y desde entonces ha ido impulsando la mayor apertura de esas capacidades y velocidades. Al mismo tiempo, había el otro espacio, el de las normas de comportamiento social, el de la formas de relación social, el de las formas de la interacción humana. Ese espacio fue colonizado, según la historia de algunos cronistas, primero por ecologista, feministas, grupo civiles varios. Y después, fue colonizado por comerciantes y políticos. Lo primero que sucedió en este proceso de colonización dentro de las posibilidades del diseño arquitectónico social del cibermundo, fue llevar la cultura y la sociedad al ciberespacio. Pero, después, se ha ido desarrollando una cibercultura y una cibersociedad, que han ido transformando lo que en principio era exterior y anterior. Hoy tenemos una configuración socio-cultural que algunos nombran como hipermundo, algo que no es lo que era antes el mundo, ni lo que en principio fue el cibermundo, sino algo híbrido que se mueve a una velocidad metabólica desconocida y que, parece, terminará por modificar todo lo que habíamos entendido por mundo hasta antes de finales del siglo veinte.

En este escenario, producto de diseñadores del cibermundo, es en donde tiene su nicho la nueva Ingeniería Social. El proselitismo religioso y político habían sido sus primeros objetos de trabajo, después vino el mercado y con él la mercadotecnia y la publicidad. La Ingeniería Social se adapta a los nuevos escenarios y busca un efecto inducido con una intención construida en forma técnica. Este proceso está en sus inicios. Para ello, se monta en nociones y visiones propias de la percepción conceptual del cibermundo y del hipermundo. Conceptos como hipermedia, hipermediación, transmedia y transmediación, entre otros, son los nuevos parámetros para ver y entender lo que sucede en el nuevo mundo y para hacer cosas en ese nuevo mundo. En el fondo está la posible emergencia de un nuevo proyecto humano, en donde la articulación de lo social-cultural humano pre-ciberespacial se articula con las nuevas matrices para configurar una nueva sociedad y cultura, que será global, planetaria, algo nunca visto.

Parece ser que el punto central de todo este movimiento es la integración de lo diverso, lo distinto, lo distante. La tecnología está ante un nuevo capítulo de la historia. Las plataformas eléctricas virtuales están formando nuevos tipos de actores y de acciones. Los conceptos previos están en revolución, y las posibilidades constructivas de lo social y lo cultural están en un estallido de posibilidades creativas. La arquitectura y la ingeniería de lo social se mueven en el límite de su potencial, se encuentran en una fase de formación intensa y extensa. El futuro está en construcción en forma intensa. Pero, al mismo, tiempo el pasado también hace su tarea, limitando, ordenando, sujetando. El presente está más tenso que nunca.

La Comunicación y la Educación. La tecnología social en el ciberespacio. Difusión frente a interacción. Dominación frente a colaboración

La Comunicología es la ciencia de la comunicación, una perspectiva emergente y contemporánea del cibermundo y el hipermundo. Las Ciencias Sociales tradicionales emergen en el tránsito de lo que los historiadores nombran como el movimiento desde la modernidad hacia el mundo actual. La comunicación no es ciencia social en un sentido tradicional, es algo distinto, una forma de conocimiento y acción acoplada a la complejidad del hipermundo. Se trata de conocer y actuar desde diversos lugares, en forma simultánea, colectiva, supra-individual. La comunicación es la matriz de los nuevos fenómenos del cibermundo y el hipermundo. El internet y el fenómeno de las redes sociales en el ciberespacio son parte del proceso evolutivo de la configuración humana. La comunicación, desde un punto de vista comunicológico es una matriz estructural de las relaciones humanas que se ha ido conformando a través de la historia. La historia humana se puede observar y entender mejor desde este punto de vista. Las relaciones sociales en sus diversas formas han sido modos de operación de la comunicación, el movimiento hacia la puesta en común de sentidos y visiones. Ese proceso general tiene dos formas básicas, la difusión-dominación, y la interacción-colaboración.

La difusión-dominación supone el contacto entre dos sistemas de información en el cual uno de ellos pone en su forma al otro. En la interacción-colaboración, los dos sistemas de información intercambian formas para configurar una tercera entidad que los implica a ambos. Estos dos procesos configuran a los dos tipos elementales de sistemas de comunicación. Cada uno con sus operaciones y dispositivos específicos. La educación contemporánea previa al cibermundo tomó la forma del proceso de difusión-dominación. Al aparecer en el cibermundo la educación como sistema de comunicación difusión-dominación, instrumentaliza a las tecnologías de información-comunicación para continuar su proceso básico histórico mediante los percibidos nuevos medios para hacerlo. En este sentido la institucionalidad educativa toma distancia desde el pasado del proceso de comunicación interacción-colaboración. En ambos sentidos la institucionalidad educativa no es diferente de otros procesos constructivos de lo social contemporáneos, previos al ciberespacio, como la propaganda y la publicidad. Lo que sucede es que el cibermundo está cargado del otro proceso, y eso genera una tensión entre el proceso de comunicación alterno y el dominante. La institucionalidad educativa forma parte de la configuración social de la dominación, el cibermundo también, pero con fuertes componentes de colaboración. La incompatibilidad es manifiesta y se vive cada vez con mayor intensidad en la vida social cotidiana.

El punto es que el ciberespacio se coloniza con sistemas de comunicación-dominación, pero está formateado con estructuras, arquitecturas para sistemas de comunicación-colaboración. La educación formal no es un sistema de comunicación-colaboración. En el momento en que la institucionalidad educativa se mueve hacia el ciberespacio tiene la oportunidad de reconfigurarse estructuralmente, pero no lo hace con comodidad. Su impulso histórico es a conformarse siempre como sistema de comunicación difusión-dominación. Los aparatos educativos viven una encrucijada. La emergencia de formas de conocimiento colaborativo en el cibermundo está desplazando a las formas del conocimiento dominante. La educación tradicional está ante el dilema de transformarse o de luchar como fuerza conservadora anacrónica contra las nuevas formas de conocer y aprender.

La educación formal, como sistema de comunicación difusión-dominación es una tecnología de la Ingeniería Social de la dominación. Los intereses que la diseñaron y la promovieron son parte de las sociedades de información-dominación. Las estructuras sociales verticales son las dueñas de esta tecnología social. La escuela, por esta configuración, ha sido percibida como un aparato de control ideológico, no como un dispositivo de emancipación. Figuras como la educación de Paulo Freire tuvieron cierto éxito porque fueron percibidas en un aparente sentido contrario a la educación dominante. Esa propuesta emancipadora en apariencia también tenía la forma de la dominación en su estructura. Quizás el ciberespacio sea el escenario para una auténtica reforma-revolución de la estructura de sistema de comunicación-dominación del aparato escolar. El diálogo, la interacción, la colaboración, no son elementos sustantivos de la institucionalidad educativa, pero sí lo son de la estructura del ciberespacio. El resultado de esa transformación quizás ya no pueda recibir el nombre de educación, pero si el de matriz de aprendizaje, de generación de conocimiento, de emergencia de colectividades reflexivas y colaborativas. Se requiere para ello el desarrollo de una Ingeniería Social especializada en ese sentido. Una Ingeniería en Comunicación Social para una nueva configuración de la educación como sistema de comunicación interacción-colaboración.

Lea el contenido original publicado en la página web de la Editorial Magisterio. 

Referencias

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*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Mexicano. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor en Argentina, Brasil, Colombia, Perú, España y México desde 1975.
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Jesús Samuel Orozco Tróchez
Gran Maestro Premio Compartir 2005
Senté las bases firmes para construir una nueva escuela rural donde antes solo había tierra árida y conocimientos perdidos.