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Arte, estética y educación: escenarios para pensar al ser humano

La meta: desarrollar diversas miradas sobre el arte, la estética y la educación y la emergencia del ser humano.

Febrero 25, 2021

En el contexto contemporáneo de la educación se insiste, desde diferentes conceptualizaciones, en la necesidad de formar seres integrales que posean un desarrollo armónico de los aspectos intelectuales, éticos, corporales y emocionales. Con respecto a este propósito se debe anotar que el arte ofrece enormes posibilidades para descubrir y desarrollar las diversas potencialidades individuales y sociales.

Así mismo, el desarrollo de la creatividad es otro elemento de la educación artística y estética que posibilita sensibilidad ante el mundo, fluidez y movilidad del pensamiento, originalidad personal, indagación, observación, aptitud para transformar las cosas, espíritu de análisis y de síntesis y capacidad de organización. Todas estas cualidades parecen ser fundamentales para un sujeto creador.

Desde las reflexiones anteriores, una perspectiva educativa debe permitir la construcción de nuevas formas de apropiación e interpretación del mundo, el arte es un camino pero no el único, la estética es, como lo afirma Vicenc Arnaiz Sancho: “la capacidad de interpretación de la realidad desde la sensibilidad” (2008, p. 13).

Otra perspectiva fundamental, está relacionada con el cuerpo; éste ha tenido en los últimos años una relevancia fundamental como objeto de estudio para las ciencias sociales y humanas y, actualmente, para la educación artística. El cuerpo, hacia los años 70, va adquiriendo visibilidad en los discursos y en las prácticas educativas. Esta reciente visibilización implica entender que existe una amplia proliferación de diferentes concepciones, análisis y abordajes sobre el cuerpo.

Este interés por el cuerpo como campo de investigación va propiciando nuevos enfoques interdisciplinarios, nuevos diálogos entre el arte, la educación y otras disciplinas, las teorías y tecnologías que posibilitan nuevos interrogantes sobre las concepciones y abordajes sobre el mismo.

Pensar el cuerpo desde lo simbólico es comprender que no involucra solamente un conjunto de órganos y aparatos sino que está asociado a lo cultural, social y político; es entenderlo como una representación construida histórica y culturalmente; es entender su permanente resignificación en la interacción subjetiva. Un proyecto pedagógico que tenga una perspectiva interdisciplinar de Educación Artística debe potencializar integralmente los requerimientos de cada una de las esferas del desarrollo del niño y enriquecer las dimensiones perceptivas e interpretativas que posee el sujeto.

En el mundo contemporáneo, y desde una perspectiva antropológica, se indaga el cuerpo desde sus prácticas y comportamientos, sus discursos, sus imaginarios, representaciones y usos. El cuerpo no es sólo un hecho físico, también es un hecho sociocultural, donde se revelan los hábitos sociales y los estereotipos culturales.

En el ambiente pedagógico se debe asumir el “cuerpo como construcción simbólica”. De acuerdo con Le Breton, “las representaciones del cuerpo y los saberes acerca del mismo son tributarios de un estado social, de una visión del mundo y, dentro de esta última, de una definición de la persona. El cuerpo es una construcción simbólica, no una realidad en sí mismo” (1995, p. 13).

Para estas consideraciones, es relevante comenzar por una aproximación a la construcción particular del cuerpo en la modernidad. En este contexto, hay una característica importante: la “autorreferencialidad”.

En oposición a la negación del cuerpo en la escuela se debe proponer la ubicación del cuerpo como centro de los procesos pedagógicos e investigativos, en tanto está en relación con las diversas disciplinas y formas del conocimiento. De hecho, somos cuerpo biológico, cuerpo físico; como metáfora, pertenecemos a un cuerpo social; pero también nuestro cuerpo representa una historia individual y colectiva y es también una geografía. Por tanto, el reconocimiento del cuerpo es una forma de reconocimiento del mundo; uno y otro se imbrican, se yuxtaponen.

El sujeto necesita interactuar con los demás. Para ello se requiere un proceso de alfabetización de los sentidos y de la percepción, que facilite la estructuración del conocimiento, las imágenes y las vivencias. El hombre construye diferentes lenguajes a través de sus percepciones y expresa sentimientos ya sea por medios orales, verbales, corporales, musicales o plásticos y esta simbología se va transformando a través del tiempo de acuerdo con su evolución intelectual-creativa, sensitiva, social y cultural.

La educabilidad del ser humano

Otra perspectiva fundamental para los procesos de educación artística está relacionada con el ser humano y su educabilidad. Retomaremos los planteamientos desarrollados por García Amilburu (2009) en donde plantea que es por medio de la educación como se transmite y se asimila la cultura. La autora sustenta esta discusión desde la educabilidad, entendiéndola como la “capacidad específica del ser humano para ser educado” (García, 2009, p. 91). El ser humano es un ser biológicamente inacabado, requiere de su libertad e inteligencia para poder transformar el mundo, la condición humana remite a la cultura y a su vez la crea y ésta es la que permite la perfección de la humanidad, es así como el sentido de la naturaleza debe ser teleológico y dinámico. Esta característica permite que el hombre sea un sujeto creativo, flexible, crítico, reflexivo y transformador. Y, finalmente, se plantea las posibilidades que tiene el ser humano de educar sus facultades y llegar a la perfectibilidad humana.

El ser humano está constituido por una biología esencialmente plástica, es decir, no solamente satisface sus necesidades, ni se adapta a un único ámbito físico; el ser humano posee unas características que le permiten interactuar en contextos llenos de sentidos y significados; tiene libertad, dada su condición de obrar por sí mismo, e inteligencia: capacidad de inventar, resolver problemas y aprender de otras experiencias. García retoma a Gehlen quien afirma que “el hombre tiene mundo… porque está abierto a toda realidad (García Amilburu, 2009, p. 91).

El ser humano no está programado biológicamente, ni sus comportamientos están predeterminados genéticamente, la condición humana se constituye por la cultura y se resignifica por la creación de la misma emerge a partir de los procesos educativos.

La segunda perspectiva que desarrolla la autora está centrada en la relación entre la biología humana y la cultura. Esta discusión remite a la capacidad transformadora del mundo que posee el ser humano, característica que le permite superar su naturaleza biológica inacabada. Según Ghelen (1980, citado en García Amilburu, 2009), se llama cultura a esa naturaleza transformada por el ser humano que le permite su acomodación y su existencia. La cultura es la “segunda naturaleza”, elaborada y vivida por el hombre. Según García, la naturaleza humana es perfeccionada por la cultura, la condición humana adquiere plenitud a través de su acción transformadora del mundo y de sí mismo. Para finalizar la argumentación de esta perspectiva, la autora argumenta que siempre se concibe la cultura en la naturaleza humana, en tanto que el hombre como sujeto es capaz de objetivar su realidad, de captarse como objeto tanto en la teoría como en la práctica, es decir, es capaz de interpretar su propia condición y existencia humana, tomar posturas y transformarse.

Es así como la autora menciona unas características fundamentales de la educabilidad: es una cualidad específicamente humana; consiste en la capacidad de adquirir nuevos conocimientos y habilidades; incluye las dimensiones biológica y cultural del hombre; supone la influencia del medio exterior, personal y social; constituye la condición de posibilidad de un proceso abierto, que no acaba nunca; permite al sujeto dirigir este proceso hacia la finalidad que él mismo se propone; sitúa a los hombres en condiciones de ser plenamente humanos (García Amilburu, 2009, p. 97).

La última perspectiva que desarrolla la autora tiene que ver con las dimensiones educables del ser humano. Se plantea inicialmente qué facultades del ser humano son susceptibles de ser educables. Desde esta perspectiva, todas las facultades humanas tienen la posibilidad de adquirir conocimientos y habilidades; quizá las funciones de tipo vegetativo, que salen del control y conocimiento humano, no serían susceptibles de ser educables, pero la sensibilidad, la afectividad, la inteligencia y la autodeterminación a obrar libremente, son facultades que deben ser educables y en este sentido juega un papel fundamental la educación artística.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 49, gracias a la alianza con la Editorial Magisterio. 

 


*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Docente de la Facultad de Ciencias y Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Licenciatura en Pedagogía Infantil. Investigadora en el campo de la educación artística. Asesora pedagógica y conceptual en programas de televisión educat
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