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Buenas prácticas y mejores colegios: A propósito del Día E

“…Considero que un buen colegio tiene que ver con otras cosas, que no solo lo vinculan con los resultados; el buen colegio no existe, pues como institución es solo una abstracción…”

Marzo 25, 2015

Los mejores colegios han sido reconocidos como tales por la sociedad en general y parecen perduran en el imaginario cultural de las personas. Sin embargo, en la actualidad un reconocimiento de esa índole ya no parece bastar pues la categoría mejor colegio se relaciona con los datos de la medición y el lugar en el ranking. Un ejemplo de lo anterior es la reciente lista del Ministerio de Educación Nacional que categoriza los mejores colegios de Colombia de acuerdo con el Índice Sintético de Calidad Educativa que promueve medir otros aspectos más allá de los resultados de las Pruebas Saber. Nos guste o no, estas categorizaciones redundan en el imaginario social que identifica a un buen colegio y se traduce en el orgullo de toda la comunidad educativa de la institución.

No obstante, aun cuando estos indicadores son importantes y algo tiene que decir, especialmente para compararnos con otras naciones y soñar sobre como poder llegar a ser una tenue réplica de lo que sucede en Finlandia, Singapur o Minas Gerais, esto no es suficiente, pues fácilmente se cae en un triunfalismo anclado a los resultados y se olvida lo fundamental: las instituciones educativas solo valen por las actuaciones de las personas que las integran y los seres humanos que allí se forman.

“…Considero que un buen colegio tiene que ver con otras cosas, que no solo lo vinculan con los resultados; el buen colegio no existe, pues como institución es solo una abstracción…”

Considero que un buen colegio tiene que ver con otras cosas, que no solo lo vinculan con los resultados; el buen colegio no existe, pues como institución es solo una abstracción. Aquello que sí existe, son las buenas prácticas que desarrollan personas concretas de carne y hueso, quienes legitiman un proceder en el que se garantizan los procesos de enseñanza y aprendizaje. En estos términos, aquello importante son las prácticas (que son de diversa índole e incluyen diversos actores) pero en especial las de los profesores en su relación con sus estudiantes cuando unos y otros enseñan y aprenden.

Cabe mencionar, que algo práctico no es solamente aquello que ocurre en el laboratorio o en la actividad didáctica programada para divertir. Lo práctico, no son solo los asuntos técnicos que resuelve el maestro en el aula, eso es solo una parte. Practicar tiene que ver con un conjunto de decisiones en las que se eligen ciertas estrategias y acciones que garantizan los aprendizajes y, en consecuencia, están más emparentadas con el orden ético y moral que con el conocimiento pedagógico, el cual es muy importante, pero por sí solo no garantiza las buenas prácticas del maestro.

En estos términos, cuando se habla de los buenos colegios tendremos que preguntarnos también por las prácticas de sus maestros y no solamente quedarnos con los resultados, en los que con la gloria de ocupar un puesto en una lista se callan acciones que desdibujan el sentido de la educación o se silencian excelentes prácticas de maestras y maestros comprometidos, con tal de mostrar aquello que la medición necesita evidenciar.

Así, con el novedoso espacio del Día de la Excelencia (Día E), en el que se define la Ruta a la Excelencia para cada colegio del país, creo que se debe insistir en mirar de manera privilegiada, no exclusiva, las prácticas de los profesores y no dejarse atrapar por intentar ver por qué se está o no en la privilegiada lista de los mejores y establecer estrategias para que en la próxima medición se pueda estar allí.

Insisto, estas mediciones dicen algo — ¿quién soy yo para juzgar la eficacia de la inversión estatal?— pero tal vez lo más importante al analizar los resultados es entender que las buenas prácticas son propiedad de aquellos que las realizan y no de las instituciones, aun cuando el reconocimiento sea de estas. Es en este sentido que al preguntarle sobre el tema Lisette Vargas, profesora secundaria de Cúcuta (Norte de Santander), afirma que una ruta importante para alcanzar la excelencia “es replicar, en nuestro contexto, las buenas prácticas de otros maestros para que no se queden en unos pequeños sectores privilegiados y se generen otras experiencias en otros lugares”.

Y con todo, el riesgo sigue estando allí y es buscar a toda costa estar en la lista de los mejores —a todos nos gusta eso—, pero puede sacarnos de lo fundamental del ser maestro: pensar sobre las prácticas de enseñanza y aprendizaje. Así, la invitación es a volver a mirar las propias prácticas (educativas, pedagógicas, de aula, docentes como se deseen llamar) para transformar la educación. Por mi experiencia como maestro sé que si esa es la preocupación fundamental, los resultados llegan solos, como también la excelencia y el acuerdo por la excelencia —sea lo que esto signifique—.  Los mejores colegios, deberían aparecer cuando como maestros ponemos la mirada en nuestras actuaciones y las transformamos reflexivamente en buenas prácticas y no solamente cuando se publica una lista que ubica jerárquicamente a las instituciones educativas.

Para saber más:

            • Índice Sintético de Calidad Educativa (ISCE)
            • Práctica Pedagógica: pensar más allá de las técnicas

 

 


*Diego Fernando Barragán Giraldo: Gran Maestro 2004. Profesor investigador de la Universidad de La Salle. Doctor en educación y sociedad por la Universidad de Barcelona, España.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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