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Cartagena, paz y escuela

Es necesario que el Gobierno Nacional y los gobiernos locales redistribuyan los recursos de sus presupuestos y utilicen gran proporción de ellos para invertirlos en la educación.

Septiembre 21, 2016

El próximo 26 de septiembre se firmará la Paz entre las FARC y el Gobierno Nacional en nuestra ciudad de Cartagena. Será una fecha memorable para la historia del país y para la historia de Cartagena, no tanto como el 11 de Noviembre de 1811, que originó la 1ª Independencia, y en la que Cartagena, Pedro Romero y los lanceros de Getsemaní, se constituyeron en verdaderos insignes de esa gesta independentista, que significó el rompimiento con el yugo colonialista español.

La firma de la Paz y el desarrollo de los acuerdos allí consignados deben constituirse en una verdadera carta de pacificación del país y del mejoramiento de las condiciones sociales y materiales de la población, que históricamente han sufrido los rigores de la explotación, la exclusión y la falta de oportunidades de amplios sectores.

El Acuerdo por sí solo no significa nada. Es menester desarrollar políticas que generen y garanticen más y mejores servicios, disminuir la sobreexplotación, desarrollar y profundizar la equidad, desde todas sus dimensiones y sobre todo, mejorar la educación, asegurándole más recursos que hagan posible, que 1a Educación sea de Calidad, y se convierta en un motor importante y decisivo para la apropiación del conocimiento, que contribuya ostensiblemente en disminuir la brecha entre ricos y pobres.

En ese orden y en esa perspectiva, es necesario que el Gobierno Nacional y los gobiernos locales redistribuyan los recursos de sus presupuestos y utilicen gran proporción de ellos para invertirlos en la educación, mejorando infraestructura, fortaleciendo la dotación y aportando partidas pertinentes para la cualificación de maestros y atención de Educación inicial o de primera infancia.

Sólo así y desde allí, es posible consolidar un Acuerdo fértil en términos de pacificación y de convivencia, en los cuales predomine el dialogo y la controversia civilizada para dirimir los conflictos y las desavenencias, con niños de miradas esperanzadoras que puedan soñar con un mundo mejor, sin hogares de padres o madres ausentes y escuelas de calidad que garanticen la dinámica de los procesos del conocimiento, desde una cosmovisión humanística y humanizante.

En ese contexto, nuestra Ciudad no puede estar alejada y divorciada de la naturaleza del Acuerdo, con problemas elementales y estructurales por resolver, que por sí solos, constituyen una bomba de tiempo. Es necesario y urgente, que sus autoridades  al lado de los gremios económicos y sociales, conciban con carácter urgente una hoja de ruta, consecuente con el Acuerdo de la Habana, que permita una inserción de la ciudad en la nueva dinámica del Postconflicto, donde la escuela y la educación, sea uno de los renglones más beneficiados. Es una forma de devolverle algo, ojalá mucho, de lo que no sólo, la guerra y la violencia le han quitado, sino, lo que la política y los distintos gobiernos, históricamente le han negado.

La Escuela del Postconflicto debe y tiene que ser una escuela presupuestada, de calidad, incluyente, científica, que no sea sólo programas y paredes, sino, que sea un lugar para encontrarse desde la cultura, el arte, el afecto, y donde los niños y niñas,  puedan soñar con un mundo mejor, científico, incluyente y solidario, como lo concibió Paulo Freire, ese educador, para quién la educación constituyó la redención de la sociedad, en términos de dignidad para el Ser desde el Ser y Hacer, sin favelas, sin tugurios, sin Bronx, ni niños de pies descalzos y caras sucias.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Rector de la Institución Educativa Soledad Acosta de Samper.
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Melva Inés Aristizabal Botero
Gran Maestra Premio Compartir 2003
Abro una ventana a los niños con discapacidad para que puedan iluminar su curiosidad y ver con sus propios ojos la luz de la educación que hasta ahora solo veían por reflejos.