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Colombia: una nación que aprende

Para avanzar por el camino de construcción de nación debemos conseguir los recursos necesarios para garantizar el derecho a aprender que cada uno de nosotros tiene.

Octubre 24, 2019

El fin de la educación es el aprendizaje que conduce a la sabiduría. Lo primero es adquirir conocimientos, partiendo de las experiencias de los que nos antecedieron; analizar vidas, ejemplos y modelos para luego aprender a vivir, experimentar y convivir. Comprender qué significa ser humano, identificar intereses, talentos y motivaciones que nos permitan utilizar todas nuestras potencialidades.

Colombia, en su proceso de construirse como nación, pasó de ser un conjunto de comunidades indígenas con cultura y tradición propias, a una colonia española que se independizó hace 200 años en medio de un mínimo desarrollo económico, desarticulación nacional y un inicial liderazgo político, económico y social.

De la mezcla de culturas originales, indígenas, colonizadores, esclavos e inmigrantes, surgió lo que somos hoy: un país de regiones, con culturas propias descendientes de diferentes civilizaciones, con liderazgos locales y nacionales que reflejan sus creencias, valores, costumbres y tradiciones. Impactados por conflictos internos originados en concepciones políticas y sociales en etapas de poco conocimiento y desarrollo humano integral, que condujo a caudillismos y radicalizaciones por falta de oportunidades adecuadas para todos.

Sí, hemos avanzado en educación básica, primera infancia, educación técnica y tecnológica y se han multiplicado las universidades, ofreciendo gran variedad de alternativas de educación profesional con opciones para estudiantes destacados.

Sin embargo, en cuanto al liderazgo, siguen primando los egos caudillistas en vez de liderazgos colectivos donde se aprovechen los talentos, fortalezas, experiencia y efectividad de equipos, integrados por personas con distintas especialidades que se complementan para lograr en conjunto resultados sobresalientes.

En la formación y desarrollo de líderes espirituales, políticos, empresariales, cívicos y sociales, se han hecho múltiples esfuerzos en instituciones educativas orientadas a las distintas etapas de crecimiento y madurez del ser humano. Centros de aprendizaje que ofrecen opciones para formar personas íntegras, competentes, responsables y solidarias, las cuales han tenido logros y dificultades que se reflejan en el desarrollo de las distintas regiones y en las carencias éticas y morales que nos afectan.

Pero en Colombia, al igual que en casi toda Latinoamérica, no se ha visto al emprendedor y al empresario como el principal generador de riqueza, empleo, desarrollo y bienestar. Indudablemente hay ejemplos de empresas y empresarios que generan valor para la sociedad y otros que en una forma u otra lo destruyen.

El momento actual que vive el país requiere del compromiso, esfuerzo y dedicación de TODOS los líderes para multiplicar las empresas sostenibles que generan valor para todos sus grupos de interés (consumidores, clientes, colaboradores, accionistas, proveedores y comunidad), transmitiendo confianza y seguridad e impulsando la inversión, el empleo y el desarrollo.

Para avanzar por el camino de construcción de nación debemos seguir un propósito superior: “Colombia, país de oportunidades para todos”. Esto significa comprender el entorno en cada región e identificar fortalezas, talentos y carencias.  Y, con la participación de todos los líderes, conseguir los recursos necesarios para garantizar el derecho a aprender que cada uno de nosotros tiene, desde la primera infancia y a lo largo de nuestras vidas.

Somos una nación que sigue aprendiendo y podemos ser mejores. No esperemos a que los demás cambien, empecemos por cambiar nosotros. Si yo cambio, todo cambia. Si en mi familia, mi organización, mi cuadra, mi barrio, mi comunidad nos convertimos en ejemplo para los demás, conviviendo en armonía, aprendiendo, creciendo, desarrollándonos y mejorando cada día, estaremos aportando para lograr la nación que soñamos para nuestros hijos.

Y ese país que idealizamos, por obvio que parezca, es un país en paz. No libre de conflictos, pues en sí mismo el conflicto representa a la democracia. Más bien, una nación que soluciona sus diferencias de forma no violenta. 

Por supuesto, la paz tiene que comenzar en cada uno, en tener la capacidad de comprender qué significa ser humano, responsabilizarse de su vida, aprovechar sus talentos, convivir en armonía y aportar a los que lo rodean todo lo que esté a su alcance.

Sigamos aprendiendo, conviviendo y aportando, pero esta vez como constructores de paz.

 

Autor: Alberto Espinosa.
Cofundador De La Fundación Empresarios Por La Educación.

 


Imagen de Alicja en Pixabay

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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