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Comunidades de Práctica [CP] y cibermaestros

En las Comunidades de Práctica la teoría pasa a un segundo plano haciendo que  la experiencia de los participantes sea vital para resolver de manera asertiva desafíos de la interacción educativa.

Abril 10, 2015

Existe un concepto, que proveniente del mundo empresarial, puede ayudar a esbozar nuevas rutas para pensar las relaciones de la enseñanza y el aprendizaje en el campo de las prácticas de los maestros y maestras; se trata de las Comunidades de Práctica [CP]. Las CP hacen referencia a una agremiación espontánea de personas quienes, como pares, se enfrentan a la solución de problemas concretos mediante acciones efectivas. Lo importante en una CP es que los miembros de la misma abordan situaciones concretas en un proceso de enseñanza y aprendizaje, donde los individuos socializan la forma como han resuelto sus problemas y, a la vez, entre todos buscan rutas para enfrentar con mayor vehemencia problemáticas comunes, partiendo de la experiencia práctica más que de la teoría. Como se puede advertir, en las CP los asuntos teóricos no son tan relevantes, sino que se acude a la experiencia vital de los participantes y, solo luego, a la teoría.

Pasando la anterior comprensión de CP al campo de las prácticas de los profesores, aparecen algunas tensiones importantes:

  • Ya que el centro de las CP es el aprendizaje y la enseñanza, a partir de la experiencia entre pares, resulta vital que equipos de profesores puedan compartir sus conocimientos concretos para solucionar los desafíos cotidianos de sus interacciones educativas.
  • En consecuencia, se trata de aprendizajes y enseñanzas colaborativas, donde el liderazgo no puede ser asumido por una sola persona, sino que este se rota y pasa de uno a otro, según las características de los problemas a enfrentar.
  • En estos términos, la referencia a las teorías pedagógicas –que es un asunto importante– no debe ser lo central, sino la manera técnica y práctica como se asumen los retos educativos. No es que se deba renunciar a la teoría, se trata de entender que las teorías provienen de las prácticas y no al revés.
  • Así, en las CP se produce conocimiento.
  • Las acciones derivadas de las CP se consolidan y materializan en los equipos de profesores que diseñan situaciones de aprendizaje y no simplemente, en que se piensan ciertos contenidos.

Ahora bien, esta forma de comprender el conocimiento y la enseñanza a partir de la configuración de las CP, toma especial fuerza en el ciberespacio donde la agremiación voluntaria, la velocidad y la solución de problemas concretos es más evidente, pues la colaboración entre pares es vital. Es en este sentido, que los tutoriales, videos indicativos, chats y blogs donde se consultan y solucionan problemas emergen con especial relevancia.

No se trata de hacer del ciberespacio el lugar de recolección de información o la pizarra quejumbrosa del docente

Esta oportunidad de configurar CP en el ciberespacio es también una opción para los maestros y maestras, quienes están llamados a repensar las propias prácticas –de manera crítica– de cara a los retos de la cultura digital. Así, el ciberespacio y los diferentes recursos que allí pululan no deben seguir siendo un simple banco de datos que se utilizan para suplir los libros o los recuerdos de las enseñanzas universitarias. No se trata de hacer del ciberespacio el lugar de recolección de información o la pizarra quejumbrosa del docente, se trata de configurar –como se hace en el espacio físico– equipos de profesores que puedan proponer alternativas de transformación de las prácticas; esto se puede hacer de manera significativa por medio de las CP.

Desde esta perspectiva, el blog, el sitio de chat, el portal interactivo, por solo mencionar algunos territorios ciberculturales, pueden convertirse en lugares de configuración de las CP de los educadores. Así, con las posibilidades de producir conocimiento por medio de las CP en el ciberespacio, el saber de los maestros y maestras queda abierto a la mirada de todos, al punto que se pueden compartir y replicar con los ajustes propios de cada situación en particular.

No sobra recordar que cuando se navega por el ciberespacio, es usual encontrar diversos sitios que congregan a docentes donde se exponen las deficiencias del sistema, las injusticias y las limitaciones de la profesión docente, entre otros tantos asuntos y, a la vez, aparecen reflexiones importantes e interesantes sobre lo que debería ser el quehacer docente o la educación (este escrito tiene algo de eso). No obstante, estoy convencido que ha llegado la hora de conquistar el ciberespacio más allá de las reflexiones, críticas y quejas (que son necesarias como catarsis o para evidenciar las injusticias del sistema) e ir a propuestas en donde como colectivo se propongan soluciones a problemáticas concretas de las prácticas de los maestros y maestras.

Una ruta para ello es la configuración de las CP, que en el ciberespacio –donde habita la cultura digital– compartan conocimientos útiles y concretos para encarar los retos pedagógicos que la sociedad hoy nos plantea.

Es en estos términos, es que aparecen los cibermaestros quienes sin miedo se adentra a pensar críticamente el ciberespacio en sus múltiples dimensiones, pero, especialmente, en relación con la configuración de nuevas prácticas más allá de lo tecnológico, que lo vinculan con auténticas Comunidades de Práctica (CP), para así producir conocimiento.

 

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*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Carlos Enrique Sánchez Santamaria
Gran Maestro Premio Compartir 2011
Con el apoyo de las tecnologías logré que los estudiantes convirtieran el pasado de exclusión que vivió éste municipio lazareto en un pretexto para investigar, conocer la historia y conectarnos con el mundo.