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Construir memoria en el aula para alcanzar la paz

Abordar el conflicto armado en el aula es uno de los desafíos más grandes que tiene la escuela en Colombia.

Agosto 18, 2019

Este es un campo de reflexión para las Ciencias Sociales y la enseñanza de la historia reciente del país, al tiempo que permite preguntar por el lugar de la escuela en la construcción de paz y el papel que tienen los estudiantes en los principales debates políticos de Colombia.

Hay múltiples factores que dificultan la enseñanza del conflicto en el aula. Basta con analizar el nivel de polarización y de pasiones que despierta el tema. Además, ¿cómo hablar de un asunto que recorre nuestra historia y que sigue ocurriendo en la actualidad?

A diferencia de otros contenidos que se enseñan en las Ciencias Sociales, en este tema no es posible hablar de consenso académico. Por tanto, todo contenido que se construya o trabaje con los estudiantes será siempre parcial. Hay fuentes más confiables y rigurosas que pueden usar los profesores. Sin embargo, estas no están pensadas ni diseñadas para la escuela.

Los pocos textos escolares para la enseñanza de las Ciencias Sociales son muy generales, no existe un desarrollo apropiado de los contenidos y en muchos de ellos el tema se aborda en unas cuantas líneas. Esto último está muy ligado al problema de los Estándares Básicos para las Competencias en Ciencias Sociales, en los que la enseñanza del conflicto armado ha privilegiado la narrativa del victimario.

Tan grave como los textos escolares y el currículo, son los preconceptos que tienen los estudiantes de la guerra. Este es un tema cultural complejo que está arraigado en la sociedad en general. Nos habituamos tanto a la guerra, que lanzamos juicios de manera indiscriminada sin mediar el contenido de los mismos. Así, el contenido de un debate en clase puede terminar imitando, en su forma, la misma violencia sobre la que se discute. De ahí que cuando hablamos de un contenido curricular para el posconflicto, este debe tener como propósito la desnaturalización de la guerra, debe volver, como lo propuso hace décadas Habermas, a reconfigurar la democracia desde el lenguaje y nuevas formas de comunicación.

De un grupo de profesores y del diálogo con estudiantes surgió la idea de pensar una nueva forma de hablar de la guerra. El resultado final, que no es particularmente innovador, era la construcción de un museo. La apuesta pedagógica estaba en el proceso académico y en dos objetivos: lograr que los estudiantes pudieran comprender que el conflicto armado sí tiene que ver con ellos, y que construyeran memoria histórica de sus entornos cercanos.

El punto de partida es un elemento que parece obvio, pero que no siempre ocurre en el aula: los procesos de aprendizaje más exitosos son los que logran convertirse en experiencias que le hablan de manera directa al estudiante. No se trata de intentar hablar de la totalidad de la guerra a los estudiantes, de describir los horrores hasta generar repudio por el tema o de atizar odios que no contribuyen a la reconciliación. De lo que se trata es de seleccionar un conjunto de testimonios significativos y plurales que dignifiquen a las víctimas y a las comunidades. Estos testimonios cumplen tres propósitos: 1) construyen el concepto de memoria histórica; 2) muestran el valor del testimonio y de las narrativas de las víctimas; 3) amplían la noción que los estudiantes tienen de actores y modalidades en los que la violencia se presentó.

Ahora bien, estos testimonios deben hablar de la Colombia profunda, pero también del impacto que ha tenido la guerra en la ciudad o municipio desde el que se habla. Durante la lectura de estos relatos los estudiantes deben preguntarse por su propia historia de vida, por sus miedos, por los referentes que tienen sobre la guerra y así comenzar a indagar en cómo esa guerra narrada ha afectado su familia o su comunidad.

A través de esta inquietud los estudiantes se preguntan si la historia que los atraviesa tiene que ver con esa Historia (con H mayúscula) que habla de la guerra. Así, los estudiantes comienzan a trabajar con familiares y vecinos en la construcción de memoria histórica local, tomando como referentes los núcleos narrativos de los testimonios trabajados previamente. Esto permite que los estudiantes pasen de consumir contenidos relacionados con el conflicto armado a contribuir en la construcción de los mismos.

Este debe ser el lugar de la memoria histórica en el aula, no como un contenido más que se pueda implementar en los currículos de los colegios, sino que debe pensarse como una metodología para la comprensión del conflicto armado y la historia reciente del país.

Este artículo fue publicado originalmente en El Espectador. Compartir Palabra Maestra lo reproduce con el permiso directo del autor.

 


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*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Maestro nominado al Premio Compartir al Maestro versión 2015-2016.
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Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer