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¿Cuál es el papel y las funciones de un rector en una Institución Educativa?

Carlos Abraham Villalba, rector de la Institución Educativa Alfonso Jaramillo Gutiérrez de Pereira, asegura que esta es una discusión que no está en el marco de la pandemia.

Junio 16, 2020

Con bombos y platillos el Ministerio de Educación Nacional, MEN, lanzó una ‘Escuela de Liderazgo Docente’ y con ello, supuestamente, se parte en dos la historia de la formación de los docentes directivos del país. Un aplauso y reconocimiento por este trabajo. Pero, siempre hay un “pero”. Yo tengo muchísimos “peros”, los cuales mencionaré uno a uno:

  1. Según las investigaciones hechas a nivel mundial, los docentes directivos somos el segundo factor que más incide en la calidad educativa después de los maestros. ¿Qué significa esto para el Ministerio, las Secretarías de Educación y la Sociedad en general? La respuesta es: muy poco.

    En el caso del MEN, la mencionada “Escuela de Liderazgo” en esencia no reconoce la singularidad del trabajo de rectores, fue pensada detrás de un escritorio, como un indicador más, lo propuesto no tiene un efecto directo sobre el papel relevante del líder pedagógico que es el rector.

    Para los equipos de las entidades territoriales no es distinto, somos solo “mandaderos” a quienes se les solicitan informes (necesarios o no) y cuando se nos reúne es para amenazar, señalar, cuestionar y nunca para escuchar. En estas reuniones sólo se “discute” lo coyuntural o las “ocurrencias” del funcionario de turno. No se aborda y trabaja en lo importante.

    Y para la sociedad colombiana, pues, así como con los maestros, el sistema neoliberal ha hecho muy bien la tarea de desacreditarnos: para los docentes somos enemigos y tiranos y para los padres y acudientes, nuestra imagen está totalmente desdibujada.

    Estando desacreditados socialmente, con las presiones propias de la burocracia y con el olvido y nulo apoyo del Estado, ¿en qué queda el papel del rector?
     

  2. Hoy, con mucha fuerza, se vino a mi cabeza un recuerdo: una colega me decía recién me posesioné en mi cargo: “¿para qué te volviste rector? Los rectores sólo son “mandaderos” de la Secretaría de Educación y de los jefes de núcleo”. Esa mirada me pareció molesta y ofensiva. Pero solo hoy, 5 años después, me doy cuenta que esa postura frente a los rectores sigue estando vigente. No tenemos ni voz ni voto en la construcción y avance de las políticas locales, regionales o nacionales, solo somos técnicos aplicadores de lo que otros dicen.
     
  3. Los rectores podemos ser trabajadores incansables, incluso muchos sacrificamos nuestra tranquilidad personal y nuestro proyecto de vida, pero contradictoriamente cuando esto es así y la dedicación, compromiso y liderazgo se demuestran, emergen aquellos que hacen zancadilla, realizan todo lo posible porque tu proyecto educativo fracase, apostando porque en la gestión te vaya mal.

    Tal parece que, en lo público, ser eficiente, cumplido, creativo, innovador, entregado, líder o cualquier otro adjetivo que describa que usted hace bien su trabajo le genera enemigos, críticas, cuestionamientos, señalamientos y exclusión. Hacer bien la labor es un pecado casi un delito, debemos sufrir todo tipo de atropellos por cumplir con aquello por lo que nos pagan y que se hace pensando en el bienestar de la comunidad educativa y la formación integral de los estudiantes.
     

  4. Dentro de la comunidad educativa desde el desconocimiento se tienen concepciones sobre “cómo debe actuar el rector” y creen, ingenuamente, que es un “gerente”, un “patrón” de los administrativos, un vigilante de inventarios o un funcionario que solo le deben interesar vigilar a los profesores y “gastarse” los recursos.
     
  5. Este sistema parece estar diseñado para no dejarnos trabajar en nuestro deber ser. Hoy siento un nudo en mi garganta: la cantidad de informes solicitados por todas las entidades y la burocracia me sobrepasan, una Secretaría de educación donde prima lo técnico sobre lo educativo, desilusiona; la falta de reconocimiento y participación, frustra; el saboteo por “debajo de cuerda” con ataques personales e institucionales, desgasta; la ausencia de recursos económicos, desesperanza.
     
  6. Somos profesionales de la educación, por lo que reclamo y exijo el trato de un profesional. No nos sigan diciendo que somos apóstoles y que por encima de todo está el compromiso y la entrega, para seguir romantizando la pobreza y no cumplir con el deber del Estado y de la sociedad.

Me hice rector con la convicción de que somos líderes pedagógicos, halonadores de procesos que movilizan el empoderamiento de las comunidades, alguien que a través de la educación promueve la transformación social. Esta convicción es hoy un sueño que cada vez está más lejos de materializarse, puesto que lo requerido es más un “técnico” que pueda hacerles frente a las 194 funciones planteadas por la ley, sumando a estas los “mandados” por parte del MEN y la Secretaría de Educación.

En un país donde la educación no es prioridad y no se asume en su papel como solución de muchos problemas sociales y el maestro no es reconocido ni valorado, los docentes-directivos estamos aún más lejos de serlo, entonces, ¿cuál es papel de un rector en una Institución Educativa?

 


*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Rector de la Institución Educativa Alfonso Jaramillo Gutiérrez, ubicada en Pereira, Colombia
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