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Del saludar y de lo humano en la escuela

Nada reemplaza la voz y el contacto con nuestros semejantes para sentirnos parte de esa polifonía de afectos que le da sentido a nuestras vidas.

Abril 17, 2019

“Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas (…)

Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido,

o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página”

Tomado de: BORGES Y YO

 

Hace pocos días un amigo se estrenó como rector en una institución educativa a la que fue trasladado. Por ser una comunidad rural, él esperaba encontrarse el trato cercano y cordial entre todos los miembros de su comunidad educativa. En su imaginario rondaba el carácter tranquilo y afable de las personas del campo que no están sometidas al ritmo vertiginoso de las grandes ciudades, pensaba que conservarían el ánimo coloquial de los pequeños pueblos. En su memoria retumbaba, seguramente, la canción que hiciese famosa Mercedes Sosa, “Los pueblos de gesto antiguo”, en la que sus compositores, Hamlet Lima Quintana y Tacúm Lazarte, resaltan esa cualidad cálida de los habitantes de pueblos chicos: “Son gente que da la mano y saluda al sol…gente que planta un árbol y enciende amor”.

Su primera semana de trabajo fue llena de revelaciones. Los estudiantes no saludaban, los padres de familia menos. Todos llegaban a un espacio de comunidad, ¡qué paradoja! Ninguno tenía ánimo de socializar, estaba ausente la más básica de las formas de comunicación humana: el saludo. La sorpresa fue mayúscula, tampoco los maestros saludaban a los padres de familia, no hacían ningún gesto de cercanía hacia los niños y jóvenes, no se detenían a observar a sus estudiantes. Cada docente se dirigía donde le correspondía a “cumplir con su labor”.

Como se predica con el ejemplo, mi amigo decidió que todas las mañanas estaría en la entrada de su escuela saludando a todos los que llegasen: estudiantes, padres de familia, docentes, personal administrativo y de servicios generales. Este gesto rompió la monotonía y la frialdad que caracterizaba el inicio de la jornada escolar. Causó extrañeza que el rector, en persona, bajará de su pedestal jerárquico y expresará con su saludo cuán importantes eran todos para él. Estrechar unas manos, mirar a los ojos, llamarlos por su nombre significaba sentar las bases para un acto de sanación social y de iniciación de trasformación cultural.

Era un simple acto de empatía o, mejor aún, un deseo vehemente de transferir humanidad, de restaurar el vínculo primordial que forja comunidad: un “Buenos días” que visibiliza, que devuelve el espejo –como insistirían Borges y Octavio Paz- de esos otros que nos hacen ser.

En lugar de caer en la presión desde el poder, este rector animó a la comunidad, con un simple gesto de humildad, a recuperar el sentido de lo humano. Opinó que todos aquellos que han escogido la educación como proyecto de vida están llamados a restaurar las palabras de acogida. Ellas son acciones que demuestran regocijo por la posibilidad del encuentro y por el gozo sencillo de poder conversar. En una poética de este gesto comunicativo, diríamos que en el saludo actualizamos nuestro estar en el mundo, lo festejamos mirando a los otros a los ojos, saludando un nuevo amanecer, un nuevo sol, agradeciendo la posibilidad de estrechar las manos para emprender proyectos juntos.

Un artículo reciente del New York Times, escrito por David Brooks, enfatiza la misión ética de la escuela con este título “Los estudiantes aprenden de la gente que aman”. Si no saludamos, si no establecemos una comunicación visual, si el maestro no propicia momentos de encuentro para hablar de “lo que te pasa, de lo que nos pasa, de lo que ocurre a nuestro alrededor”, no podemos esperar que se cree un clima de diálogo y de confianza en las aulas de clase.

En los postulados de Levinas se trata de “ponerse en el lugar del otro”, Octavio Paz complementa esa complicidad imprescindible de “los otros” con el concepto de compatía expresado como “la participación en el sufrimiento del otro”. Joan-Carles Mélich expresa que el nexo emocional es transversal a la acción educativa “sin sentimientos no hay modo de ser en relación con los otros, con el mundo y con nosotros mismos”. Brooks nos dice que en la escuela lo profesores enseñamos lo que somos, “su contagiosa pasión por sus asignaturas (…) el amor en estos contextos significa desear el bien al otro y ofrecer un cuidado activo por la persona íntegra.” Esa actitud de cuidado, esa preocupación por el otro se exterioriza en el simple acto de hacer conexión visual y saludar.

El rector invita a reflexionar sobre la manera absurda, en la que nos mantenemos unidos, cual masa autómata, hiperconectada a través de audífonos  o pantallas electrónicas “conversando” a través de Internet, mediante emoticones, en todas las formas y gestos imaginables, pero coincidiendo siempre en evadir la cara para dar un simple saludo. Por eso, el amigo rector, convida a  multiplicar el mundo mágico de la comunicación en la escuela a través del encuentro humano.

Como decía María Zambrano: es “la fuerza del ejemplo”, que trasciende y orienta lo cotidiano, es el soporte de la acción educativa. Los estudiantes aprenden lo que ven y lo aprenden, con mayor arraigo, de las personas que aman. El maestro deja huella desde su ser, desde su visión de mundo, desde la manera como se relaciona con sus estudiantes y desde la forma como desea compartir todo aquello que lo apasiona: su relación con el conocimiento.

Transferir el legado cultural es una misión de la escuela, pero esto solo puede hacerse si, en primer lugar, se restituyen los rituales cotidianos de la comunicación, aquellos rituales que nos recuerdan la pertenencia a un mundo tejido por las palabras.

Nada reemplaza la voz y el contacto con nuestros semejantes para sentirnos parte de esa polifonía de afectos que le da sentido a nuestras vidas. Basta pensar por un minuto: ¿qué maestros dejaron huella en mí? ¿Cuáles quedaron en mi memoria? ¿Serán aquellos que ponían una barrera para encumbrarse como poseedores del conocimiento? ¿Serán los que ganaban su autoridad desde el miedo o la nota? Por supuesto que no. Recordamos siempre a los que tendían puentes al mirar, al escuchar, a los que se regocijaban compartiendo, desde el lenguaje, lo que sabían –o mejor lo que eran-, los que entregaban lo mejor de sí en el aula de clase, a los que en lugar de respuestas o verdades inapelables, daban preguntas y más preguntas para interpelar nuestro presente y nuestro devenir. Nunca a los huraños, fríos e indiferentes.

Enfatiza, mi amigo el rector, que un acto tan sencillo como saludar deja al desnudo la calidad de ser humano que somos, porque el saludo implica que nos reconocemos como iguales. Quien no saluda invisibiliza al otro, le otorga una condición inferior a la suya. Saludar es un acto de apertura a esos otros valores –fraternidad, solidaridad y trabajo en equipo- que elevan el sentido de comunidad.

Nuestro amigo rector reitera siempre que la nuestra es una misión delicada, que no acepta actitudes pasivas o claudicantes, que la nuestra es una apuesta por la vida y que nuestra agenda educativa, para que tenga sentido, debe tener siempre un anclaje en la realidad, porque solo así podremos apostarle a la construcción de la paz, como sueño colectivo; por ello, los maestros debemos hilar, todos los días, en los actos más sencillos, el sentido profundo de ser humanos; en palabras de Carlos Bousoño: “Llevemos sin parsimonia nuestra comisión delicada. Pongamos más allá de nosotros, a salvo de la corrupción de la vida,
nuestro lenguaje, nuestros usos…

Bibliografía

Barcena, Larrosa y Mélich, Pensar la educación desde la experiencia. Revista portuguesa de pedagogía, año 40, 2006. Recuperado de: impactum-journals.uc.pt
Brooks, David. Los estudiantes aprenden de la gente que aman. The New York Times, enero 17 de 2019. Traducción: Alejandro Pardo. Departamento de Idiomas de la Universidad Icesi
Gil Jiménez, Paula. Teoría ética de Levinas. Recuperado de: www.filosofia.net/materiales
Larrosa, Jorge. Una lengua para la conversación. Recuperado de: aprendeenlinea.udea.edu.co
Sánchez-Gey Venegas, Juana. La educación en María Zambrano: su reflexión sobre la persona. Universidad Autónoma de Madrid. Recuperado de: www.raco.cat/index.php

 


Photo by Jonny McLaren on Unsplash

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Luis Fernando Burgos
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