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Docencia, educación y democracia: una aproximación desde la multitud

Un artículo que explica cómo la noción de ciudadanía se construye desde la misma educación y su apuesta por el bien común.

Marzo 6, 2018

Las discusiones sobre educación y democracia se han caracterizado por tener una pregunta en común: ¿cómo vivir juntos?, cuya respuesta se constituye en un debate sobre la moral y la ética, donde se reclaman valores que, como la libertad, la justicia y los Derechos Humanos, tratan de instituir un imaginario simbólico capaz de construir una realidad social.

La reflexión que se propone en este artículo considera la ciudadanía como un producto histórico desarrollado en el ejercicio mismo de la educación, que puede poner “de manifiesto la limitada capacidad civilizatoria del capitalismo, el cual se torna cada vez más violento, excluyente y destructivo” (Gaudencio y Gentile, 2001).

En este orden de ideas, la apuesta por el bien común, entendido como potencia constituyente de la vida material, propicia un tránsito de transformación científico-educativa que va más allá de la discusión entre lo público y lo privado. Implica repensar desde el poder constituyente las posibilidades políticas y democráticas de la escuela, en el entendido de la búsqueda de una sociedad que se autovalorice y se autoinstituya (Negri, 1994; Castoriadis, 2007).

Es tan simple como complejo: que en la escuela se debata y gestione con los iguales los asuntos de la comunidad es garantizar la escucha del deseo de la democracia en la práctica escolar. En la vida pedagógica lo común, en cuanto poder constituyente, implica el reconocimiento de la identidad docente a propósito de la función  de intelectual, democrático, transformativo u orgánico, trascendiendo el ámbito de la técnica y de la instrumentalización, para pasar al plano de la formación de ciudadanos democráticos que organicen una sociedad (Gramsci, 1997).

La docencia instituye el ejercicio de un intelectual crítico, lo cual conlleva una acción autónoma y emancipadora que deja atrás las prácticas de coerción y dominación (Romero, 2004). Exige un profesional reflexivo con la capacidad para oponerse a las formas ideológicas propias de una sociedad donde la dominación es la forma de ejercer la pedagogía y el gobierno de los sujetos.

Esta línea de pensamiento se encuentra en las expresiones de la investigación acción, ligada al ejercicio reflexivo sobre la manera en que desde el quehacer docente se transforma la sociedad. Bourdieau la plantea al pensar en el docente como agente que reproduce y resiste al sistema creando condiciones de posibilidad para constituir sujetos autónomos en la medida en que obtenga la hegemonía de prácticas sociales democráticas. 

Lea el contenido completo en el Magazín Aula Urbana No 87 del IDEP.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector Premio Compartir 2016
Concibo al maestro como la encarnación del modelo de ser humano de una sociedad mejor. Él encarna todos los valores que quisiera ver reflejados en una mejor sociedad.