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Educación de calidad: cambios necesarios

Necesitamos pasar de la enseñanza al aprendizaje, donde el estudiante esté en el centro como sujeto activo del proceso.

Mayo 19, 2016

La educación de calidad ha sido un propósito nacional, explícito desde la Constitución de 1991 y la ley 115 de 1994. También está en todo el plan nacional de desarrollo, así como en los planes de las entidades territoriales, casi sin excepción.

Sin embargo, los logros para Colombia no son alentadores. En las pruebas PISA los resultados del país están en los últimos lugares; el promedio colombiano en las pruebas Saber, particularmente en áreas rurales y ciudades no capitales, es bajo y muy bajo; y en habilidades para la vida –socioemocionales y ciudadanas–, basta ver el entorno de violencia y el bajo nivel de solidaridad y convivencia para constatar el logro limitado del objetivo educativo.

Los ajustes han sido, esencialmente, instrumentales. Formación docente, mejoramiento de la infraestructura, ajustes al currículo. Pero estos cambios no son suficientes ni efectivos sin una transformación más profunda, un cambio de paradigma. Lo que exige, ante todo, dar el paso a la gran transformación en la concepción de educación imperante hoy: pasar de la enseñanza al aprendizaje, donde el estudiante esté en el centro como sujeto activo del proceso.

En efecto, como muestra la pirámide de aprendizaje, la forma clásica de educación (la clase dictada) tiene el menor nivel de retención, mientras que el hacer, enseñar y aplicar, obtienen las mayores tasas.

Así mismo, el mundo actual exige una formación comprensiva e integral, que permita la multidisciplinariedad y el trabajo en equipo, que fomente la colaboración y no la competencia.

Para este paradigma, desde la Fundación Corona proponemos seis acciones estratégicas, innovadoras para el país, que ya están en desarrollo en algunos entes territoriales, las cuales serán claves para lograr un salto cualitativo.

Como primera medida, es importante aprender en la práctica a través de proyectos que integren diversas materias y conocimientos de trabajo de campo sobre problemas reales; de trabajo en grupo que construya relaciones y confronte conocimientos.

En segundo lugar, es importante tener un cambio en el rol docente. En efecto, con la cantidad de información y las facilidades de internet, no es el maestro el poseedor del conocimiento, éste debe transformarse en un facilitador de información para que los estudiantes accedan al que es pertinente y útil; promoviendo la multidisciplinariedad, lo que implica desarrollar una cultura de cooperación con otros docentes y orientar trabajo en grupo.

Una educación contextualizada, articulada a su entorno es la tercera acción. En las últimas décadas hemos caído en una tendencia globalizante, que también ha marcado la educación, tratando de estandarizar contenidos, medios y contenedores educativos. Su calidad depende también de comprender el entorno cultural, social, geográfico y ambiental en que se desarrolla y la capacidad de integrarse al medio para ser pertinente a sus condiciones.

Permitir el desarrollo de las expectativas personales, como condición para tener una generación con cualidades personales y productivas. Es en efecto esencial para propiciar que las nuevas generaciones dediquen la vida a lo que las mueve y conmueve. Así, esta cuarta estrategia hace que el sistema educativo deba incluir elementos que permitan identificar y desarrollar intereses y talentos; un pequeño laboratorio de ciencias, un salón de arte, uno de música, una cancha de futbol, un bosque, un rio, serán espacios más relevantes que la misma aula.

La quinta es entender que la educación es a lo largo de la vida y sucede en diversos espacios, no solo en el salón de clase. Lo que implica un esfuerzo por integrar la vida con la escuela. Instituciones educativas, desde preescolar hasta la universidad y la formación profesional, como escenarios de aprendizaje flexibles que motiven e incentiven la creatividad y permitan las innovaciones. Sin muros, de puertas abiertas a sus comunidades, con una infraestructura educativa acorde con estos nuevos retos, donde el estudiante es el centro del aprendizaje.

Finalmente dando continuidad y sostenibilidad a las buenas experiencias, es importante reconocer los procesos auspiciosos en curso para su mejoramiento contínuo y para que se constituyan en referente para otros territorios. Más que en otras esferas, la educación requiere un trabajo sostenido, al menos de 15 años, para lograr las transformaciones de calidad, lo que implica repensar el modelo de gobernanza que hoy la soporta y la gestiona para que deje de responder a intereses de los gobiernos de turno y se constituya en una verdadera política de Estado, capaz de comprometer en su desarrollo a la sociedad en su conjunto.

Todo ello redundará en calidad de la educación medible, no solo por las diferentes pruebas diseñadas, sino por el logro de personas integrales e integradas que son una sola ante la vida, ante la sociedad y ante el trabajo.

* Fundación Corona autoriza la publicación del artículo, publicado originalmente en La Silla Vacía.

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Laura María Pineda
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