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Educación en transición mayor

Lo que viene impulsará a muchos, a oponerse al nuevo orden emergente. La educación no puede darse ese lujo de quedarse rezagada.

Octubre 31, 2016

Quizás afirmar que la educación vive en una permanente transición suene a perogrullada. Sin embargo, parece cierto que la población, en general, no se ha percatado de las dimensiones de los cambios que acarrea la transformación y eso puede significar que el sacudón los sorprenda sin que estén preparados adecuadamente.

En esos últimos treinta años se ha consolidado la llamada “sociedad global del conocimiento”, que está motorizada por la que se conoce como la cuarta revolución industrial.

Valga aclarar que no nos estamos refiriendo a los pasos entre sucesivas etapas de la vida - de la infancia a la adolescencia o hacia los subsecuentes lapsos de existencia. Comprendemos la educación como un proceso que se da a lo largo del ciclo vital y que en cada fase tiene sus características intrínsecas. De manera que la asumimos como un continuo regido por especificidades propias de los diversos lapsos y lugares donde acontece.

Así pues consideramos que existen paradigmas educativos que las sociedades tienden a tomar como ideales, configurados con una combinación de elementos que resultan de amplia aceptación en el momento y que consecuentemente se hacen dominantes. Los conductores de la educación se dedican a procurarlo, con sus variantes. Lo curioso es que nunca lo alcanzan. La razón está en que el blanco se modifica continuamente. Y en los tiempos actuales más, aunque hoy esos cambios terminen siendo lentos comparados con los que veremos mañana.

Usemos como ejemplo a una infante que nazca hoy, a quien llamaremos Lucía, para abreviar. Ella entrará a la vida productiva, a protagonizar su proceso de educación hasta controlarlo a plenitud, cerca de los veinte años. Agregamos diez años más y ya podemos suponer que habrá entrado de lleno al mercado laboral, independientemente de que haya hecho cursos de educación superior.

Su educación estará mediada por personas formadas, en alta medida, durante las tres décadas previas a su nacimiento. Esto incluye a sus padres, sus grupos familiar y social, sus maestros, profesores y los conductores de sus primeros años de tránsito por el sistema formal de educación.

Aquellos que conforman el ambiente de aprendizaje de Lucía, salvo excepciones, se habrán formado bajo paradigmas de organización social muy distintos a los que marcan los nuevos tiempos. Su mejor buena voluntad muy probablemente se quede corta ante la tarea de actualizarse para ponerse a tono con las demandas de la sociedad y así poder ayudar a Lucía a incorporarse al mundo como ciudadana plena. De aquí que estamos identificando una seria brecha entre el ambiente educativo de las personas que llegan hoy al mundo, estructurado rígida y jerárquicamente, y la realidad en la que les tocará vivir. Démosle una mirada a esa sociedad que ya está aquí.

Vienen más cambios, a mayor escala y a velocidad exponencialmente superior. La humanidad no ha experimentado un vértigo similar antes.

En esos últimos treinta años se ha consolidado la llamada “sociedad global del conocimiento”, que está motorizada por la que se conoce como la cuarta revolución industrial[1]. Una revolución marcada por la convergencia digital alrededor de las neurociencias, la nanotecnología, la biotecnología, la genética, las tecnologías de la información y comunicación, la inteligencia artificial y las ciencias cognitivas. A grandes pinceladas se trata de un orden social estructurado en redes donde, entre otras cosas, las fronteras de países tienden a hacerse permeables junto a un entorno que es a su vez volátil, incierto, complejo y ambiguo.

Los cambios disruptivos que se presentan son sustanciales y se manifiestan en la forma de expresar nuestra identidad, en la de relacionarnos con el prójimo y en la de realizar nuestro desempeño laboral y social. Es decir, sobre los ejes en los que se definen las capacidades de ser, hacer, pertenecer y transformar de los seres humanos.

La manera de salvar la brecha que crece vertiginosamente entre lo que sabemos y lo que está surgiendo que hace obsoletos nuestros saberes, es tener una aproximación ágil y dinámica hacia la educación, que desarrolle la capacidad de cuestionar, de proponer soluciones a los nuevos retos y de adaptarse a las realidades emergentes. Una educación disruptiva. Ubicua e incluyente.

Vienen más cambios, a mayor escala y a velocidad exponencialmente superior. La humanidad no ha experimentado un vértigo similar antes. Quienes estén preparados tendrán mejores oportunidades de sacar ventajas del instrumental que estará disponible para desempeñarse en la vida.

Se requiere que ese paradigma, que se revisa a si mismo permanentemente, sea el que guíe el cambio en los roles de los padres, maestros, empleadores, gestores de políticas públicas y ciudadanos en general.

De lo contrario en las miles de millones de Lucías crecerá un desencanto con las orientaciones de sus mentores, un distanciamiento entre lo que propone su “escuela” y el mundo que ellas enfrentan. La consecuencia principal y mas grave es que se estaría estimulando a que grandes contingentes de la población queden marginados del desarrollo social dada su exclusión de los mecanismos de producción de bienestar. Quedarían condenados a ser víctimas de los desequilibrios actuales pero potenciados por esa cuarta revolución.

Hay quienes sienten temor ante la movida del piso que significa la revisión necesaria de la manera como se han venido conceptualizando el futuro y la educación requerida. Implica salir de sus zonas de confort, perder posiciones y privilegios asentados en prácticas que resultan caducas. Ya no basta con pretender ignorar o subestimar el tsunami. Lo que viene impulsará a muchos a oponerse al nuevo orden emergente. La educación no puede darse ese lujo de quedarse rezagada.

Lucía tampoco.

[1] Término acuñado por Klaus Schwab, autor del libro "The Fourth Industrial Revolution" (2016) y Fundador y Director Ejecutivo del  Foro Económico Mundial. https://www.weforum.org/pages/the-fourth-industrial-revolution-by-klaus-schwab/

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela
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Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector Premio Compartir 2016
Concibo al maestro como la encarnación del modelo de ser humano de una sociedad mejor. Él encarna todos los valores que quisiera ver reflejados en una mejor sociedad.