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El aprendiz emprendedor y su búsqueda de educación de calidad – Parte II

En búsqueda de un aprendizaje de calidad a lo largo de toda la vida: la relevancia y la pertinencia.

Septiembre 15, 2016

Venimos hablando de estar ante un aprendiz con las inquietudes y vocaciones que lo impulsan a educarse y que se traza la misión de tener control de su aprendizaje. Para poder gestionar la calidad de la educación que recibirá a lo largo de su vida deberá usar las opciones que encuentre a su alcance y es sabido que algunas de esas no son controlables por los individuos, dependen de circunstancias exógenas. No obstante, ante algunas de esas condiciones externas se pueden desarrollar estrategias alternativas para procurar los niveles de excelencia deseados. Como partimos de que se trata de un aprendiz emprendedor, la tendencia de esta persona es ser proactiva, participar en su entorno de aprendizaje y personalizarlo. En otras palabras: receptores pasivos abstenerse, no es con ustedes.

Las dimensiones para abordar el análisis de la calidad están establecidas en “Tecnologías digitales al servicio de la calidad educativa. Una propuesta de cambio centrada en el aprendizaje para todos”[1]. De allí también tomamos el marco referencial con el que definimos a la educación en la primera parte de este artículo[2].

La relevancia, está asociada a las intenciones, al para qué.

Según el citado libro, la calidad en la educación se mueve dentro de cinco dimensiones. Estas son: relevancia, pertinencia, equidad, eficacia y eficiencia.

La primera, relevancia, está asociada a las intenciones, al para qué. El desarrollo armónico y pleno de la personalidad y de la dignidad humana implica adquirir competencias para desempeñar diversos roles en la sociedad en medio de relaciones respetuosas y de colaboración con otras personas. Esta dimensión contempla aquello que permite el acceso al desempeño laboral deseado. Luego, una primera medida del aprendiz autónomo será la de privilegiar aquello que fortalece estas competencias y desechar aquello que pueda desviarlo del objetivo trascendente que ha seleccionado.

Una persona durante los primeros años de vida tiene pocas opciones de incidir sobre su entorno familiar y social de manera de afectar esta dimensión. Son los años de ir adquiriendo referentes para despertar las vocaciones. Cuando comienzan a forjarse el interés vocacional en niños, adolescentes y adultos aparecen un par de vertientes con sus variantes intermedias, o bien se les orienta con flexibilidad, para que decidan sobre su destino, o se les encasilla en fórmulas establecidas y aceptadas socialmente. El aprendiz emprendedor está sensibilizado y aprende que hay futuro más allá de las carreras y certificaciones más populares.

Dentro del sistema formal los contenidos están prescritos y es escasa la posibilidad de modificarlos. Lo que sí se ha incrementado con el correr del tiempo son los espacios de participación donde los aprendices pueden ser escuchados y eventualmente se da respuesta a sus planteamientos. Algunas instituciones han evolucionado y creado instancias de cogobierno que tienen esta función.

El aprendiz emprendedor está sensibilizado y sabe que hay futuro más allá de las carreras y certificaciones más populares.

El ámbito laboral requerirá que los responsables de los desarrollos de carrera dentro de las organizaciones estén más informados y sean innovadores, de mentes abiertas a las sendas de crecimiento que incluyen las numerosas y válidas opciones basadas en el autoaprendizaje.

La pertinencia es la segunda de las dimensiones a considerar. Se refiere a aquellos componentes del proceso de aprendizaje que son significativos para cada persona, bien sea porque les son propios culturalmente, dado que responden a características de su identidad social, o porque se corresponden con sus intereses personales y el desarrollo de sus múltiples inteligencias. El cuidado que se le preste a la pertinencia es indicador clave del peso que se le está dando al aprendiz en el proceso educativo, es una manera directa de moldear su ruta ajustada a su vocación y a sus capacidades, condiciones e intereses.

Un peso significativo en la conformación de la identidad social y cultural de las personas lo tiene el ámbito de crianza, familia y grupos sociales con los cuales interactúa y se identifica el individuo. Son determinantes en el desarrollo de la vocación y el establecimiento de valores. Sin embargo, el aprendiz autónomo puede rebelarse a esas orientaciones en la medida que su capacidad de reflexión le indica que sus preferencias son otras. Es frecuente descubrir tardíamente que se ha optado por alternativas educativas que reflejan a un grupo social, cultural o religioso, tan solo para ser aceptado por la comunidad con la que se ha convivido, sin mayor arraigo en el fondo. Permanecer en una supuesta zona de confort basados en una falsa pertinencia tiene su costo.

La pertinencia se refiere a aquellos componentes del proceso de aprendizaje que son significativos para cada persona.

La incorporación de entornos de aprendizaje personalizados es una tarea que deben asumir las instituciones del sistema formal de educación. Se percibe aun alguna resistencia a avanzar en esta dirección entre los responsables de las políticas públicas del sector. La escuela jerárquica, regida por el docente magistral y su biósfera, es reticente a perder el control del proceso.

Además, en la academia y en el campo laboral existen dificultades para ser inclusivos ante la diversidad que conlleva la existencia de múltiples inteligencias, culturas y valores. Es una barrera de peso con la que ha de lidiar el aprendiz emprendedor. Las opciones de estudios supervisados, a distancia, en línea (incluyendo MOOCs) están a la mano. La sobrevaloración de las certificaciones formales, sean presenciales o en línea, es otro obstáculo a vencer.

Un interesante ejemplo de lo que es perseguir la vocación por encima de limitaciones aparentes es el del atleta keniano Yulius Yego[3]. En su país decidió que quería ser lanzador de jabalina considerando su habilidad y la satisfacción que sentía al lanzar piedras y palos. A falta de entrenadores buscó en YouTube y encontró videos que lo llevaron a perfeccionar su técnica al punto de atraer la atención de entrenadores de alta competencia que lo asimilaron a sus equipos. Recientemente ganó medalla de oro en el Mundial de Atletismo (Beijing 2015) y medalla de plata en los JJ.OO. de Río 2016. Un profesional que surgió aprovechando contenidos pertinentes escogidos por él mismo.

Las siguientes tres dimensiones de la calidad son la equidad, la eficacia y la eficiencia. Quedan para una próxima columna pues ésta también agotó el límite de su extensión.

[1] Publicado en 2016 por la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe. (OREALC/UNESCO Santiago)

http://www.unesco.org/new/es/santiago/resources/single-publication/news/tecnologias_digitales_al_servicio_de_la_calidad_educativa/

[2] http://compartirpalabramaestra.org/columnas/el-aprendiz-emprendedor-y-su-busqueda-de-educacion-de-calidad-parte-i

[3] http://www.semana.com/juegos-olimpicos/noticias/julius-yego-aprendio-a-lanzar-jabalina-en-youtube-y-es-subcampeon-en-rio-2016-489860

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela
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Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector 2016
La escuela no puede seguir siendo un espacio cerrado: hay que abrir las puertas de las aulas y de la institución para que lleguen otros saberes. Esto sólo lo permite el tejer puentes